El inquilino universitario 2. El reencuentro 8 #2
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Ya en los jardines del hotel nos juntamos todos los amigos de la universidad.

Habían preparado un lunch antes del convite y lo primero que hicimos fue buscar una de las pocas sombras que había disponibles.

Casi a las dos de la tarde, el puto calor era infernal y yo ya me había quitado la americana y la corbata.

Ahora sí, a lo lejos vi que Sofía charlaba animadamente con Elvira y Fiorella y mi novia me llamó con la mano para que me acercara con ellas.

―Les estaba diciendo que ya hemos sacado los billetes de avión ―me dijo Sofía.

―¡Qué bien que vengáis con nosotras una semanita a Ibiza!, es una pasada el sitio, la casa, las vistas, la playa privada que tenemos…

―Me enseñó Adri las fotos, la verdad es que sí, tiene muy buena pinta…

―Y para comer tenemos contratado un catering para todo el mes y, además, a una chica que se encarga de las tareas de la casa…

―Pero eso saldrá por un pico ―le comenté―, ya me dirás cuánto os tenemos que dar por los gastos…

―Por favor, sois mis invitados, no me tienes que dar nada, y me da igual el precio, es mi mes de vacaciones…, ya lo hemos hecho así el año pasado y es una gozada. Estaremos encantadas de teneros con nosotras ―dijo Elvira pasando el brazo por la espalda de Fiorella y dándole un beso en el hombro.

Enseguida llegaron los novios y, después de saludar a todos los invitados, Laura y Sergio vinieron con nosotros.

La novia se dio un efusivo abrazo con Elvira, se llevaban muy bien en la universidad y yo me quedé mirando la evidente diferencia de altura.

Si Elvira estaba sobre el 1,78, Laura apenas llegaba al 1,55.

―Me alegra mucho que hayas venido, tía.

―Por favor, no podía perderme esta boda por nada del mundo…

―Estás guapísima, no sé cómo lo haces, pero cada vez que te vemos estás más espectacular ―le dijo Laura.

―Tú sí que estás preciosa con ese vestido.

―Tengo que irme, pero luego nos vemos y tomamos algo, ¿eh?

―Por supuesto…

Después de la comida comenzó la fiesta. Fiorella se soltó un poco más, pero se notaba que era bastante tímida y que no estaba en su ambiente, aunque Elvira trataba de animarla todo el rato y no se separaban ni un centímetro.

Yo no podía dejar de mirar a Elvira, me volvía loco ver cómo le botaban las tetas mientras bailaba. Hacía muy buena pareja con la italiana y por unos segundos me las imaginé juntas en la cama.

¡Aquello tenía que ser un espectáculo!

Con un par de copas encima y el vino de la comida, ya empezaba a ir bastante animado y cuando llegaron los pasodobles, evité bailar con Laura para que no se sintiera incómoda, pero en un cambio de pareja me tocó con Elvira mientras Pablo probaba las mieles de dirigir los pasos de Fiorella.

Nos agarramos con fuerza y yo puse una mano en su espalda.

―No se separa de ti ni un segundo… ―le susurré a mi amiga.

―Normal, no habla nada de español y está un poco cortada.

―Es muy seria, ¿no?

―Bueno…, en casa es más informal…, pero sí, es muy reservada…

―Hacéis muy buena pareja.

―Lo sé.

―Por cierto, que no te lo he dicho, ¡estás increíble con ese vestido!, en un par de años te has puesto como un puto cañón…

―¿Me estás tirando los trastos?

―Puede…

―¡Qué cabrón eres!, ¿todavía te dura el calentón o qué…?, antes me he dado cuenta, joder, has salido como un burro de la iglesia, no me digas que no…

―¿Y tú por qué me miras el paquete?

―Ha sido inevitable, era demasiado descarado… ¿Me quieres decir que estabas pensando para ponerte así dentro de la iglesia?

―Nada, nada, ha sido involuntario…

―Sí, ya…, ¿no tendrá algo que ver con lo que pasó con Laura?

―Buuuueno, un poquito…

―Reconozco que yo también me he acordado de lo que me contaste en la playa ―me cuchicheó al oído.

―¿Ah, sí?

―Sí…

―Lo que pasa es que a ti no se te nota, pero seguro que te has puesto caliente…

―Puede ser. ―Y levantó las cejas.

―Seguro que sí… Y ya que estamos de confesiones, antes os he estado observando y te he imaginado con tu novia en la cama…

―Ja, ja, ja, ¿en serio?, ¿es que te gustaría verme follando con Fiorella?

―¡Uf, me encantaría!

―En Ibiza nos verás en topless en la playita, creo que te va a gustar…

―Joder, Elvira, sigues siendo igual de…

―¿De qué…?

―Iba a decir de guarra, mmmm, sigues siendo una buena zorra… Y por cierto ―murmuré acercando mis labios a su cuello―, ¡me encantó el pajazo que me hiciste en Gijón!

―Hacía mucho que no tocaba una polla, pensé que estaría más desentrenada…

―Pues no se notó nada, lo hiciste muy bien, y yo encantado, eh, vamos, que podías haber hecho lo que…

¡Cambio de pareja!

Y me tocó bailar con una tía de Sofía. La breve conversación con Elvira y el estar agarrado a ella, moviéndonos rítmicamente, había hecho que se me volviera a poner dura.

Después fue un poco incómodo bailar erecto con la cincuentona tía de mi chica y me separé de ella todo lo que pude para que no notara nada extraño.

A nuestro lado pasaron Elvira y Pablo y me eché una mirada furtiva con mi amiga.

La cabrona de Elvira estaba igual que yo, la conocía muy bien, y me buscaba constantemente con la mirada, en un tonteo que pasó desapercibido para el resto de los invitados.

Por desgracia no pude volver a acercarme a ella, porque cuando terminaron los pasodobles, regresó con Fiorella y ya no se separaron el resto de la noche.

El último baile fue con mi chica, que ya parecía más distendida después del día tan ajetreado que había tenido.

―Cuando te veo con Elvira, es como si no hubiera pasado el tiempo ―me soltó de repente.

―Anda, ¿y eso?

―Me acuerdo mucho de la universidad, siempre estabais juntos, hasta fuisteis novios una temporada…

―¿Y…?, ¿ahora vas a estar celosa…?, si te elegí a ti…

―Pero con ella tienes una complicidad especial que conmigo nunca has tenido.

―Ja, ja, ja, menuda tontería. Sí, siempre nos hemos llevado muy bien, pero te recuerdo que salimos juntos y la dejé porque nunca estuve enamorado de ella, y sin embargo, en cuanto te vi, me gustaste de una manera especial…

―Encima se ha puesto buenorra la cabrona.

―Eso sí que no te lo voy a negar.

―Antes era un palo con dos tetas y ahora…, joder, ¡lo que hace el dinero!

―El dinero y currárselo en el gimnasio, sus buenas horas de entrenamiento se ha pegado, aunque tenga una entrenadora personal, lleva unos cuantos años dándole muy duro.

―Pues ya me gustaría a mí cambiar así mi cuerpo.

―¿Quééééé…?, ni se te ocurra, a mí me encantas como estás, ¡tienes un polvazo!, que por cierto te voy a echar en cuanto lleguemos a casa…

―¿Ah, sí?

―Ni lo dudes, no sé por qué las bodas me ponen tan cachondo, pero cuenta con que te voy a follar muy duro…

―Mmmmmm…, y por cierto, ¿qué te parece su novia?, parece que le han metido un palo por el culo, no puede ser más tiesa…

―Me ha dicho Elvira que es un poco tímida…

―Y estirada.

―Eso también, ja, ja, ja, ya veo que te cae muy bien Fiorella.

―Sí, de maravilla.

―Pues la vas a tener que aguantar toda la semana de vacaciones en Ibiza.

―Algo malo tenía que tener que nos dejen alojarnos gratis en su casa de lujo…

―Bueno, ¿ya más tranquila?

―Sí, ha sido un día muy estresante…

―Porque tú has querido, no tenías por qué haberte ocupado de tantas cosas… Y para el año que viene toca nuestra boda.

―Lo estoy deseando, esa sí que me apetece organizarla ―dijo de forma cariñosa dándome un pico en los labios.

―Te quiero.

―Y yo más…

Un rato más tarde terminó la fiesta del hotel, pero todavía era muy pronto y decidimos ir a picotear algo de cena para luego continuar con la juerga en una discoteca que había reservado Sergio.

Pero al salir de la sala, Elvira me dijo que ella y Fiorella ya se quedaban en el hotel, al parecer, a la modelo no le apetecía mucho seguir con nosotros.

―Venga, Elvira, ¡no me fastidies!, ¿te vas a ir tan pronto de la boda de Sergio y Laura?, no me esperaba esto de ti ―la regañé para ver si lograba convencerla.

―No, si a mí me gustaría ir con vosotros, pero… ―dijo en un tono apesadumbrado mirando hacia su chica, que la esperaba separada a unos metros de distancia con los brazos cruzados.

―¿Está bien?, ¿se ha enfadado?

―No, qué va, pero está cansada y se quiere quedar en el hotel…

―¿Y no podrías venir tú? ―insistí―. Cena con ella y luego te unes con nosotros, venga, Elvira, por favor…

―Está bien, lo intentaré, pero no prometo nada…

Se despidió de todos, aunque yo vi en su cara que estaba deseando quedarse. Quizás más tarde volviéramos a ver a Elvira, pero su novia ni tan siquiera se acercó a nosotros, y nos despidió a distancia con la mano, con un saludo tan frío como ella.

Después de cenar algo rápido llegamos al bar que habían concertado Sergio y Laura para tomarnos unas cuantas copas. Todavía hacía mucho calor para ser las once de la noche y ya apenas quedábamos los jóvenes y cuatro o cinco matrimonios de entre cuarenta y cincuenta años.

Terminamos en la barra Sergio, Pablo y yo y le pedimos a nuestras chicas que nos hicieran una foto a los tres juntos.

Levantamos las copas y brindamos en alto por Iván, y Sergio hizo un emotivo brindis para que se unieran todos.

Me dio mucha tristeza ver cómo se le escapaba una lágrima a mi mejor amigo en recuerdo de nuestro compañero de universidad, pero así de perra es la vida.

Luego le pedí a Sofía que me hiciera unas fotos con Laura y Sergio y después se puso ella con su hermano.

―Y ahora, tú una con la novia ―me pidió Sergio.

Agarré a Laura por la cintura e intenté aparentar normalidad, lo mismo que Laura, pero no debimos ser muy convincentes, pues su reciente marido nos lo recriminó:

―Joder, ¿pero qué os pasa…?, parece que estáis enfadados, vamos, juntaos más y sonreíd, eso es, y ahora, Adrián, dale un abrazo y un besazo a la novia…

Nos quedamos unos segundos dudando y tímidamente me situé detrás de Laura para hacer lo que nos había pedido Sergio.

―Estás muy guapa y me alegro mucho por vosotros ―le susurré a la novia envolviéndola con los brazos.