7 #2
―Pero sobre todo te lo pido por Iker, es solo un chico de diez años. Sabes que con nosotros estará genial y que nunca le va a faltar de nada. Fernando lo adora y lo cuida como si fuera su propio hijo; para mí, él es su padre, ha estado ahí desde que nació. Tú eres su padre biológico, pero nada más…
Aquello era muy duro, que te suelten así de sopetón que tienes un hijo de diez años os aseguro que no es nada fácil de asimilar; pero Mónica tenía razón, me había impactado más la noticia que el hecho en sí.
Yo no sentía nada por ese chico, ni tan siquiera le conocía, solo lo había visto una vez y lo que menos me apetecía era meterme en problemas legales por su custodia.
No podía hacerles eso a Mónica y a Fernando, y menos al chico.
Y si pensaba egoístamente, también me convenía que todo este asunto no saliera a la luz; tampoco es que le hubiera hecho nada a Sofía, pues, cuando yo me acostaba con Mónica, todavía no éramos novios, pero lo mejor para todas las partes era lo que me estaba pidiendo Mónica.
Que me olvidara del chico.
―No sé cómo asimilar esto ―dije cabizbajo poniéndome en pie.
―¿Dónde vas, Adrián?
―Estoy muy confuso, lo tengo que pensar…
―¿El qué tienes que pensar…?
―Pues me gustaría reflexionar sobre qué hacer…, déjame unos días, tampoco te pido tanto, ¿no?
―Está bien, sí, perdona, me parece lógico… Y, entonces, ¿qué le digo a Fernando?
―Lo pienso y en unos días te llamo y lo hablamos…
―De acuerdo.
Y me incliné sobre ella para darle dos besos a modo de despedida. Salí de la cafetería dejándola allí plantada y caminé casi una hora sin rumbo fijo. Me senté en un parque que había cerca, intentaba aclararme, pero estaba demasiado saturado, y después regresé a casa.
Tenía varias llamadas perdidas de Sofía, ni tan siquiera me había dado cuenta de que el móvil me había estado vibrando toda la tarde, y apenas charlé con ella un par de minutos.
No recuerdo ni de lo que hablamos. Esa noche no cené y me metí en la cama con los cascos puestos, escuchando un poco de música para intentar relajarme, pero me costó mucho dormir; mi cabeza no dejaba de dar vueltas como una centrifugadora, y al final, ya por agotamiento, caí rendido.
Abrí los ojos sobresaltado, no sabía dónde estaba ni qué hora era, miré el móvil y ya marcaba más de las diez.
¡Me había dormido!, pegué un bote y llamé al trabajo para decir que llegaba en media hora.
Ducha rápida, me puse lo primero que pillé y salí despedido hacia la notaría.
El día ya fue un desastre desde el principio, descolocado, fuera de hora, con la cabeza en otro lugar, aunque, por suerte, al ser viernes no me tocaba trabajar por la tarde.
Ni me acordaba de que después había quedado con Sofía para ver muebles, era lo que menos me apetecía en ese momento, y por la noche fuimos a casa y se quedó a dormir conmigo.
Ella notó que estaba raro, Sofía me conocía bien, y por un instante estuve muy tentado de contarle lo que me sucedía.
Era muy grave ocultarle ese secreto a mi futura mujer, sería algo con lo que tendría que convivir para siempre; y, además, si por lo que fuera ella se enterara, eso sí que no me lo iba a perdonar.
Cuantas más vueltas le daba, más y más dudas tenía.
Al final, por supuesto que no le dije nada a Sofía. Simplemente no estaba preparado para contárselo. No me atreví, pero a medida que fueron pasando los días, también mi cabeza se fue aclarando y creo que llegué a una decisión más o menos coherente.
El jueves le mandé un mensaje a Mónica y le pedí volver a reunirme con ella en la misma cafetería de siempre.
Acudió a la cita expectanten, otra vez vestida de manera informal, con ropa deportiva.
Ya empezaba a hacer bastante calor y me encantó cuando la vi entrar con un conjuntito deportivo de la marca Nike.
Esta vez sí que iba sexy, con un top blanco de tirantes que terminaba justo donde comenzaban sus mallas, como queriendo enseñar el ombligo, pero sin hacerlo, y unos leggins negros bien ajustados, demasiado diría yo, que resaltaban sus generosas caderas y su increíble culazo.
¡Seguía estando tremenda!, diría que incluso más que cuando la conocí, o al menos a mí me daba más morbo.
Se pidió un té y esta vez sí me dio dos besos al saludarme. Enseguida tomó asiento a mi lado, se la notaba ansiosa, expectante, y dejó que hablara yo.
―Creo que ya he decidido lo que voy a hacer…
―Sí, dime.
―Tenías razón, esto tiene que quedar entre nosotros. Se me llegó a pasar por la cabeza contárselo a mi chica, pero, sinceramente, no me he atrevido, y tienes mi palabra de que nunca lo haré. Lo he pensado bien y lo mejor es seguir como hasta ahora, aunque…, bueno…
―Sabía que había un pero…
―Comprenderás que ahora que sé que tengo un hijo tampoco quiero desentenderme del todo de él; al fin y al cabo es mi hijo.
―¿Y…?
―Me gustaría que quedáramos alguna vez y que me hablaras de Iker, que me cuentes cómo es, lo que hace, qué notas saca, qué carrera va a estudiar…
―Eso lo empeoraría todo, al final podrías encariñarte con él, no creo que sea una buena idea, lo mejor es que no sepas nada. Además, Fernando no va a aceptar eso. Jamás.
―Pues será algo entre tú y yo, nos veremos a escondidas…, en secreto…
―¡Ni hablar!¡Eso sería como una infidelidad!
―Estamos en igualdad de condiciones; mi mujer tampoco lo sabrá. Es lo justo, ¿no? Quedaremos y me hablarás de Iker, me enseñarás fotos suyas… No creo que te esté pidiendo tanto a cambio de mi silencio…
―¿Y si te digo que no?
―No soy mala persona, nunca haría nada que perjudicara al crío, no me voy a jugar un farol diciéndote que iría por lo legal, que te llamarán mis abogados ni chorradas de esas… Si me dices que no, me iré a casa y aceptaré que tengo un hijo del que nunca sabré nada…
―Se te da muy mal ir de víctima, Adrián.
―¿Tan descabellado es lo que te estoy pidiendo?
―Mira, chico, te veo de lejos, no sé si con esto pretendes quedar conmigo a solas…, pero vamos, quiero dejarte bien claro que entre tú y yo no va a volver a pasar nada, tanto si acepto lo que me has pedido como si no lo hago…
―Yo también voy a casarme, te recuerdo que tengo pareja…
, por si lo habías olvidado ―le dije con rabia―.
Bah, lo siento, no quiero discutir contigo, me fastidia que pienses así de mí, aunque en el fondo tengas razón, tampoco te voy a mentir, me gusta la sinceridad; y sí, puede que haga esto por seguir viéndote, me gustas, estoy muy a gusto contigo, te tengo mucho cariño y, además, todavía siento una atracción sexual bastante fuerte por ti…
―¡Lo sabía!
―Ha sido verte hoy, cómo vas vestida y, uffff, ¡no me digas que a ti no te pasa lo mismo!, puedo verlo en tus ojos… ―Puse una mano sobre la suya y Mónica la apartó inmediatamente.
―Pensé que querrías ver a Iker, que estabas interesado en él, pero sigues siendo el mismo mocoso que iba a la facultad…, ¿es que no vas a madurar?
―Ah, y me lo dice una que se folló a un «mocoso» de diecinueve años…
―Si no estuviéramos tratando un tema tan serio, ya me habría ido, no he quedado contigo para discutir ni para aguantar tus tonterías, no voy a rebajarme a ese nivel…
―Ni yo tampoco, perdona, Mónica.
―Estoy dispuesta a aceptar tu oferta, pero nada de discutir y mucho menos quiero insinuaciones como la de antes, si eso se repite, ¡se acabó!, y soy bien clara en este asunto, prefiero que lo hablemos ahora para que luego no haya malentendidos, ¿de acuerdo?
―Sí, está bien, entonces…, ¿de verdad aceptas?
―Sí, ya hablaremos de cómo quedar y dónde…, si realmente estás interesado en Iker, nos veremos alguna vez y te hablaré de él…
―Vale, gracias, Mónica.
―Pero nada de tonterías, ¿eh?… Y ahora tengo que irme, Adrián.
―¿Y cuándo será la primera reunión?, me he perdido diez años…
―Antes del verano, tengo que escaparme una hora, ya veré cómo lo hago…
―Vale.
―Ya pensaremos dónde nos vemos y eso…, quiero que sea un sitio muy discreto.
―Me parece bien.
―Bueno, Adrián, me voy…, ya te avisaré. Y otra cosa, espera a que sea yo quien te escriba, jamás se te ocurra ponerte en contacto conmigo; ni llamarme ni mandarme un mensaje, ¿de acuerdo?, se supone que esta es la última vez que tú y yo íbamos a quedar.
―Claro, lo entiendo, a mí tampoco me interesa que me vean contigo…
―Bien, mejor, pues nada más, en unas semanas te pego un toque… como si fuera una clienta de la notaría, para no incomodarte por si estás con tu pareja.
―¡Buena idea!
―Iré recopilando fotos de Iker de todos estos años para que las veas… y te hablaré de él.
―Me parece perfecto…
―Vale, pues nos vemos. ―Y cogió su bolsa deportiva y se la puso al hombro.
Me quedé mirando su culo mientras Mónica salía de la cafetería. Seguía teniéndolo de diez, y parecía igual de duro que cuando me lo follaba. No pude retirar la vista de sus glúteos hasta que se fue a su clase de yoga. Después me marché a casa extrañamente satisfecho con la reunión.
Mónica estaba dispuesta a quedar conmigo y quizás era una buena solución intermedia para no hacerme cargo del chico, pero tampoco desentenderme de él. Pero lo mejor es que íbamos a vernos en secreto, sin que nuestras parejas lo supieran, y aquello tenía un punto morboso que me ponía muy cachondo.
Sin embargo, Mónica me lo había dejado bien claro: a la más mínima insinuación por mi parte no volvería a verla y se acabaría todo de inmediato. No tenía ninguna posibilidad con ella. Había sido tajante, pero entonces…
¿Por qué temblaba y me encontraba tan extrañamente excitado?