El inquilino universitario 2. El reencuentro 2 #2
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―Sí, follábamos a lo bestia en el chalet ese en el que vivías; por cierto, la casera estaba muy buena, Mónica se llamaba, ¿verdad?

―Sí, ¿sabes que hace poco me la volví a encontrar?

―Ah, ¿sí?, ¿y qué tal?, fue una pena que no siguieras viviendo allí en segundo, seguro que pasó algo que no nos quisiste contar…, porque fue muy extraño, no recuerdo que excusa nos diste, pero no sonó muy creíble.

―Me la follé…, follábamos juntos, eso es lo que pasó…

―¡¿Quééééé?!

―Que me la follé, te lo digo ahora porque ya ha pasado mucho tiempo.

―¡Lo sabía!, se notaba mucho que entre vosotros había tensión sexual…, ¿y por qué no me lo contaste?

―Ella estaba casada, quería ser discreto, y tampoco fue todo el año, solo durante el último trimestre.

―Mmmmm, ¡eso suena muy morboso!, los dos solitos en ese chalet con piscina, joder, te la follarías bien…, me lo podías haber comentado, por aquel entonces no me hubiera importado hacer un trío con vosotros, ja, ja, ja…

―Me lo creo.

―¿Y qué pasó?, ¿te pidió ella que te buscaras otro sitio?

―No, exactamente, uno de los últimos días, ya había terminado el curso, nos pilló el marido en mi habitación.

―¡¡Hostia!!, ¿en serio?

―Sí, no se me olvidará en la vida, la estaba enculando a cuatro patas y de repente… ¡apareció!

―¿Te la estabas follando por el culo?, ¡qué cabrón!

―Ja, ja, ja, sí, yo fui el primero que…, bueno, ya sabes…

―¡Hostia, qué bueno!, desvirgaste su culo, mmmmm..., ¿y luego qué hizo cuando os pilló?

―Nada, no dijo nada, nos dejó solos y Mónica bajó con él; luego ella se encerró en su habitación, no quiso hablar conmigo y yo me tuve que ir al día siguiente, ¡menuda movida!, no pude volver a verla con ella hasta que me la encontré hace poquito, diez años después.

―Bufff, vaya historia.

―¿Sabes que ahora tienen un hijo?

―Ah, ¿sí?, a ver si va a ser tuyo, ja, ja, ja…

―No, idiota, ¿cómo va a ser mío?

―¿Y por qué no?, ¿cuántos años tiene?

―Pues porque no, esas cosas no pasan en la vida real…

―¿Cuántos años tendrá el chico?, lo mismo tienes un hijo por ahí y tú sin enterarte…

―Que no, eso no puede ser… Sofía me corta los huevos…, no sé, tendrá ocho o nueve años…

―¿Follabais con protección?

―No, pero…

―¿Y, entonces, puedes afirmar con seguridad que no es tuyo…?, porque ellos no podían tener hijos o algo así… si no recuerdo mal…, si supieras con exactitud qué años tiene quizás…

―Joder, Elvira, cállate ya, que al final… me estás haciendo dudar.

―¿Y qué harías si te enteraras de que es tuyo?

―Pues no lo sé, posiblemente nada, para el año que viene me voy a casar con Sofía, no creo que le hiciera mucha gracia saber que tengo por ahí un hijo de diez años.

―No, creo que no, conociendo a Sofía…

»Lo mismo tienes más de uno, ja, ja, ja, porque te recuerdo que en esa época te follabas a todo lo que se movía…

―Tampoco era para tanto…

―¿Con cuántas estuviste desde que cortamos hasta que empezaste a salir con Sofía?

―Con muchas, sí, pero… utilizaba condón, tampoco iba por ahí follando a lo loco.

―¿Y tú qué tal con Sofía?, para el año que viene sientas la cabeza con ella.

―La cabeza la senté hace mucho…, solo lo vamos a formalizar, aunque estamos casados ya por el banco, con la hipoteca que firmamos el otro día…

―Me alegro mucho por ti, hacéis muy buena pareja…, y si te digo la verdad, en aquella época me daba un poco de envidia cuando estabas con Sofía, sobre todo me jodía cómo la mirabas, se notaba que estabas encoñado con ella, a mí nunca me miraste así…

―Eso no es cierto, tú me gustabas mucho también, lo intentamos, y no salió bien.

―Porque no estabas enamorado de mí…

―Bueno, y por más cosas, no tuve la culpa solo yo.

―Te gustaba follar conmigo y ya está, lo pasábamos bien en la cama.

―Sí, uf…, eras igual de morbosa que yo. O incluso más, me encantaba esa mente tan sucia que tenías, ja, ja, ja, y bueno…, será mejor que dejemos de hablar de esas cosas, que a lo tonto me voy a pillar un calentón…

―Sí, mejor lo dejamos, que ahora te has convertido en un chico responsable y fiel, ja, ja, ja.

―Sí, como tú, hemos sentado la cabeza…

―Tampoco te creas, Fiorella me gusta mucho, pero…

―¿Pero…?

―Paso mucho tiempo sola y claro, ¿no pretenderá que esté un mes sin follar?, además, sé que ella tiene por ahí sus rollos también, ha estado liada con varias modelos.

―¿Y no te importa?

―No.

―¿Sois una pareja abierta de esas?

―No, nunca lo hemos hablado, no le damos más vueltas, quizás, si viviéramos juntas, no nos pondríamos los cuernos, pero no estaríamos tan bien en pareja como ahora, nunca se sabe…

―Entiendo.

―Y ya que estamos hablando de esto, ¿te puedo hacer una pregunta personal?, si no quieres, no la contestes, ¿eh?…

―Claro.

―Que no te moleste, pero… ¿alguna vez le has sido infiel a Sofía en todos estos años?

―¿Me estás proponiendo algo?, ¿o es que quieres que follemos aquí? ―le dije de bromas.

―No, idiota, ¡ya te gustaría!, aunque creo que lo harías si te lo pidiera.

―Puede ser…

―No me has contestado a la pregunta.

―¿Tú qué crees?

―Yo diría que sí, no muchas veces, pero conociéndote…, alguna canita al aire has echado en todos estos años. Seguro. ¿Tengo razón?

Parecía que Elvira tenía un sexto sentido.

Quizás, al estar tan cerca de mí era como que podía percibir lo que sentía, aquella horrible sensación que me llevaba persiguiendo desde hacía un par de semanas.

Ella seguía agarrada a mi brazo, con la cabeza apoyada en mi hombro, me encantaba esa complicidad especial que teníamos y que se mantenía intacta a pesar de la distancia y el paso de los años.

Y envalentonado por el alcohol, Elvira pegada a mí, la brisa del mar y la conversación tan sincera que estábamos teniendo, me abrí a ella y le solté lo que me llevaba atormentando desde la despedida de soltero conjunta.

Necesitaba contárselo a alguien, sacarlo fuera y Elvira era la única persona con la que podía hacer eso. Entonces comencé a hablar.

―Pues mira, si te soy sincero, nunca le había sido infiel, pero en la despedida que hicimos en mayo pasó algo…