El Infierno en el Paraíso 25 #3
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25 #3

Terry: Sí, yo también… El conde permaneció internado, después del funeral el Doc regresó a Estados Unidos donde estaba haciendo otra especialidad y yo me quedé solo con Adele, esperando a que el conde regresara a casa.

Pero al salir del hospital no regresó al castillo.

Pasé días esperando ver a mi padre, a que me diera un abrazo por el fallecimiento de mi madre, a que me explicara por qué murió.

Cuando finalmente apareció su auto, corrí a la puerta principal a recibirlo, al entrar un aroma a alcohol lo acompañaba, llegó tambaleándose, me clavó una gélida mirada llena de desprecio…

de odio. “Tú eres el culpable de que tu madre esté muerta”, “tú la mataste”; fueron las primeras palabras que recibí de mi padre después de perder a mi madre, me abofeteó, caí al suelo y él estaba tan borracho que también cayó.

(Por eso sus pesadillas… por eso decía que él no la mató, ¿cómo pudo hacerle eso a su propio hijo?).

Esa fue la primera de muchas, después de eso pasaba un día en el castillo y varios fuera.

Cada vez que regresaba lo hacía de día, alcoholizado, drogado y con una sola idea en la cabeza, vengar a golpes la pérdida de su esposa, de la cual yo era culpable.

Me sacó del colegio, tenía prohibido salir del castillo, dejó solo a la servidumbre estrictamente necesaria y pasé así poco más de un año, lleno de miedo, pánico, completamente vulnerable, recibiendo golpizas, humillaciones, desprecios, insultos y una constante tortura psicológica aún más difícil de borrar que el montón de cicatrices en mi espalda.

Paty: Dios mío, pero ¿por qué nadie hizo nada?

Terry: Nadie me visitaba, le supliqué una enorme cantidad de veces a Adele que me sacara de ahí, que me llevara lejos, o le pedía a mi madre que me llevara con ella.

Las veces que intentó detenerlo para que dejara de golpearme, ella también salió lastimada.

La pobre Adele le tenía tanto miedo como yo y, además, lo amaba.

Y me repetía que él me quería, que todo padre ama a sus hijos.

Pero estaba ciego de dolor por perder al amor de su vida.

Y yo estaba convencido de ser el culpable.

Era un hombre muy poderoso, nadie le creería a una criada, sería su palabra contra la del conde Grandchester, solo la apartarían de mí y no quería dejarme solo.

Recarga los codos sobre sus rodillas y se cubre el rostro, conteniendo las ganas de romper en llanto, imaginar a ese pequeño niño suplicando por salir de ese infierno me rompe el alma.

Ver a mi Sr. a punto de quebrarse, me parte el corazón, mi visión se vuelve borrosa por una cortina de lágrimas. ¿Cómo pudo?

Terry: Una noche llegó más embravecido que nunca, me golpeó, me pateó en el piso, me aventó contra la pared y se aferró a destrozarme el brazo porque eso fue lo único que me pasó, unos cuantos moretones en el brazo, cuando él perdió a su mujer.

Supliqué porque se detuviera, no lo hizo, siguió golpeando hasta que caí inconsciente por el dolor.

Me destrozó el hombro. Adele trató de curar mis heridas como cada vez que él desaparecía, pero esta vez fue inútil, mis lesiones iban más allá de unos cuantos golpes, casi me arrancó el maldito brazo, sin embargo, le tenía miedo, no podía llamar a ningún médico por orden suya.

A los dos días apareció muerto por un accidente, con las venas llenas de alcohol y drogas, precisamente en la misma carretera en que falleció a mi madre…

Sentí envidia, yo era el que debía morir, yo era el que debía ir a los brazos de mi madre.

Fue hasta entonces que Adele pudo llamar al Doc que tenía unos días de haber regresado a la ciudad.

Me internó de inmediato, no acudí a su funeral, pocas personas lo hicieron, solo Adele estuvo con él…

para despedir al maldito conde. Él tenía un testamento bastante sencillo, todo pasaba a mi madre y a mí, mi madre en cambio dispuso que, en caso de faltar ella o mi padre, me dejaba a cargo del doctor Tarson.

Así fue como el Doc terminó haciéndose cargo de mí, supongo que mi madre sabía que ningún familiar se querría hacer cargo de mí y terminarían robándose o despilfarrando la enorme herencia.

El Doc al enterarse de todo lo que sucedió, me trató médica y psicológicamente, sin embargo, el daño era muy profundo.

Yo tuve la culpa de la muerte de mi madre, merecía el desprecio de mi padre por matar al amor de su vida, yo merecía padecer dolor por todo aquello…

Paty: Eras un niño, no tenías la culpa de nada de eso.

Terry: Lo sé… pero era demasiado complicado sacarlo de mi mente, de mi sangre envenenada.

Me volví un verdadero problema, salía y entraba de colegios por agarrarme a golpes.

No quería golpearlos, en realidad, todo lo contrario, quería que me lastimaran y al mismo tiempo, ser capaz de detenerlos.

Así que entré a clases de kung-fu, mi lesión mejoraba un poco y volvía a empeorar, le saqué muchas canas verdes al Doc, estaba perdido y por más que Adele se esforzaba en darme todo el cariño que me hacía falta, no era suficiente, se empeñaba en decirme que él me quería.

(Suelta un suspiro cansado). No lo entendía…

el hombre que se suponía que me amaba, mi padre, lo único que me quedaba, lo único que tenía para amar, me odiaba, me falló…

Se cubre ambos ojos con una mano temblorosa y veo dos pesadas lágrimas recorriendo sus mejillas.

Nunca creí llegar a verlo así, susurro su nombre y me levanto para sentarme en su regazo, recarga el rostro en mi pecho y lo abrazo con fuerza mientras me rodea con sus brazos, lo siento temblar y ahogar las amargas lágrimas.

Paty: Todo estará bien, mi Sr. (Acaricio su cabello consolándolo. Permanecemos así por un largo rato y cuando finalmente nos separamos, antes de levantar la vista, seca con una mano las lágrimas que se le escaparon).

Terry: Lo siento… no creí que aún pesara tanto.

Paty: ¿Cómo no va a pesar? Si aún no lo ha dejado salir. (Señalo colocando una mano sobre su pecho, me regala una media y esforzada sonrisa, toma mi mano y se la lleva a los labios. Se recarga en el sofá y me pega a su pecho, abrazándome con fuerza y respirando profundamente).

Terry: Gracias por escucharme… por dejarme sacar todo esto que me consume y que aún no logro comprender del todo…

¿Por qué alguien que te ama, te falla cuando más lo necesitas?

Cuando entendí que la muerte de mi madre no fue mi culpa y que el conde era un hijo de puta que me estuvo torturando con la excusa del amor que perdió, no volví a confiar ni a creer en el cariño de nadie.

Si mi padre me hizo eso, ¿qué no podrían hacerme los demás?

, juré no volver a ser aquel niño lleno de miedo, de terror y, sobre todo, que nadie más decidiría lo que pasaría con mi vida, que nadie decidiría por mí.

(Y yo hice todo aquello tomando esa decisión, me separo de su pecho para verlo a los ojos, de haberlo sabido antes, jamás lo habría hecho).

Paty: Lo siento, lo siento mucho, tiene razón, no era mi decisión, pero le juro que jamás quise fallarle, le juro que creí que era lo mejor, lo siento…

Terry: ¡Shhhhh! (Coloca un dedo sobre mis labios).

No, no tengo nada que perdonarte, estas semanas después de la rehabilitación, me han hecho comprender por qué lo hiciste.

Tenía miedo al dolor, a volver a fracasar, a sentirme vulnerable, a verme en el estado deplorable en el que estuve, no me sentía capaz y aún abro los ojos por las mañanas y me parece irreal que la pesadilla terminara.

Perdóname tú a mí por lastimarte tanto, por no ser capaz de apreciar tu amor, por no amarte como lo merecías, perdóname, nena.

(Pega su frente a la mía y ambos respiramos profundamente, llenándonos con el aliento del otro.

Rozo su hombro con mi mano, y su hermosa mirada azul profunda por fin se ve clara, libre de tormentas).

Paty: ¿Se encuentra bien?

Terry: Tengo en mi regazo al amor de mi vida. No podría estar mejor, hermosa.

TERRY

Sonríe ligeramente y una enorme luz acompaña esa sonrisa, fijo la mirada en su boca y la acaricio con el pulgar, necesito tanto besarla que mis labios arden por la necesidad.

Terry: ¿Puedo? (Solicito su permiso, temiendo que me lo niegue).

Paty: Siempre han sido suyos, no puedo quitárselos.

Sus palabras regresan los latidos a mi pecho enmudecido, me acerco lentamente, acaricio suavemente sus labios con los míos, son suaves, dulces, mi cuerpo entero los reconoce y mi alma recibe una bocanada de aire fresco en medio de aquel infierno que se apaga con su presencia.

Terry: ¡¡Gracias!!

Paty: ¡Shhhh! Dejemos todo de lado.

PATY

Después de permanecer abrazados consolando nuestras almas por el vacío que dejó la ausencia del otro. Mi celular vibra sacándonos de nuestra burbuja.

Es Ángel, avisando que preparará la cena para ambos, ya son las ocho de la noche, increíblemente pasaron cuatro horas, no quiero separarme de sus brazos, pero es necesario.

Terry: Dime que regresamos cuanto antes al Paraíso.

Paty: No puedo irme así, de la noche a la mañana.

Terry: Sí puedes, nena, vámonos esta misma noche.

Paty: No puedo, Terry, me gustaría despedirme de Alicia, tengo que entregar mi puesto de trabajo, no puedo dejarlo botado y, además, tengo que despedirme de Ángel.

Terry: Entiendo lo del trabajo, mañana puedes entregarlo, prométeme entonces que nos vamos mañana en la noche.

Paty: Muchas cosas deben cambiar, no permitiré que me sigas tratando como…

Terry: Las cosas no cambiarán, mejorarán, te lo prometo, solo, por favor, regresemos a casa. (Es imposible negarme a esa mirada, además, a quién engaño, muero por regresar a sus brazos cuanto antes).

Paty: Terry…

Terry: Si tengo que suplicar, lo haré, (la voz le tiembla y el anhelo en su mirada me desarma por completo). Por favor.

Paty: De acuerdo, mañana.