El Infierno en el Paraíso 25 #2
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25 #2

Paty: Tiene meses que lo nuestro terminó, me vine a la ciudad más alejada de ti que conozco, encontré un empleo, finalmente estoy reconstruyendo los pedazos que destrozaste y de la nada se te ocurre aparecer esperando que yo regrese, ¿después de todo? Aún tengo clavada cada una de tus palabras.

Terry: Y yo cada una de tus lágrimas.

Paty: ¡Maldije el día que entré en tu vida!

PATY

Frunce el ceño, haciendo un gesto de dolor, como si en verdad le afectaran mis palabras.

Terry: Lo sé… por eso y por muchas cosas más, es por lo que he venido a disculparme, sé que has seguido adelante, que estás reconstruyendo tu vida e incluso que vives con Ángel.

Paty: ¡Vaya!, no veo por qué me sorprende, ¿te faltó algo por averiguar?

Terry: Sí… ¿Tienes una relación con él?

Paty: ¿Qué? (Cuestiono indignada).

Terry: Lo primero que hiciste al salir del Paraíso fue meterte en su casa, es tu amigo, lo entiendo, pero también estaba Alicia o tu familia, tienes meses viviendo con él, ¿están juntos?

Paty: No cabe duda; el león cree que todos son de su condición.

Terry: No me has contestado.

Paty: No tengo por qué, si estoy con él o con cualquier otro, es asunto mío. No voy a darte explicaciones de a quién meto en mi cama. (Comienza a darse toquecitos en el pecho, ¿por qué? ¿Aún tiene dolor?).

Terry: Sé que no tengo derecho, eres libre de estar con quien tú quieras, pero… no soporto la idea de que estés en brazos de otro.

Paty: No veo por qué, el sexo es solo sexo, ¿recuerdas? ¿A cuántas mujeres no me pasaste por enfrente? Sin importarte lo que yo sentía.

Terry: No compares las cosas, Paty, ¡no es lo mismo!

Paty: ¿Por qué no? ¿Porque tú eres hombre? “El Sr. todopoderoso dueño del Paraíso”.

Terry: ¡No! Porque yo siempre he disfrutado el sexo como lo que es, simple deseo, porque el amor que siento por ti se mantiene intacto a pesar de la lujuria que puedo sentir por alguna otra piel, porque el que haya liberado mi cuerpo con otra carne no significa que no te ame y porque siempre he sido así.

Pero tú no, para ti la piel y el alma están unidos, dudo mucho que pudieras entregarte a un hombre por el que no sientes nada y eso… eso es lo que en verdad me dolería.

Paty: Quién sabe, he aprendido del mejor, además, Ángel se merece que yo lo quiera.

El silencio regresa a apoderarse de la estancia. Masajea su pectoral izquierdo, pero esta vez yo no cederé, me ha hecho mucho daño y me he esforzado mucho en salir adelante a pesar de todo.

Paty: No creo que esto nos lleve a ningún lugar, tal vez yo no tenía el derecho de tomar aquella decisión, quizá la hice mía erróneamente por el gran amor que te tenía, mas no me arrepiento.

Terry: Yo sí, preferiría padecer el dolor crónico el resto de mi vida, contigo a mi lado, a no tenerlo en el oscuro infierno que me ha dejado tu ausencia.

(«¡No me hagas esto, Terry!, por favor, no me hagas esto».

Mi corazón late desbocado por la angustia y el dolor de tenerlo tan cerca y saber que será la última vez que lo tendré frente a mí).

Paty: Te deseo una buena vida, Terry Grandchester. (Camino unos pasos, pero me detiene tomándome por la muñeca, el calor de su mano me quema y mis lágrimas están a punto de desbordarse).

Terry: Por-favor. (Suplica, con la mirada llena de desesperación). Dame unos minutos más, sé que no logras entender lo que significó para mí el que aceptaras esa operación y trataré de explicarlo.

Paty: Sé por todo lo que te hice pasar, y yo también lo lamento.

Terry: No. (Se frota la frente y frunce el ceño, como si contuviera un gran pesar).

No lo sabes… Al menos por un momento envaina la espada.

Nunca creí tener que decirte esto, no quiero hacerlo, a decir verdad, no se lo he dicho a nadie, al menos no conscientemente.

Por favor. (Hace un ademán para que me siente, lo dudo por un segundo, pero está tan afectado que no puedo negarme.

Se sienta a mi lado y aspira profundamente como si necesitara tomar valor para continuar).

Mi madre, como bien sabes, era brasileña, recuerdo que siempre estaba escuchando música y sonreía; el conde, en cambio, era generalmente frío, pero se desvivía en atenciones hacia ella, siempre la trató como a una dama, al menos eso es lo que alcanzo a recordar.

El conde Grandchester a pesar de ser despreciado por el resto de la familia por casarse con una mujer fuera de la élite inglesa, era el de mayor rango y con una inmensa fortuna, así que tenía un gran poder y un sinfín de compromisos sociales a los cuales siempre acudía acompañado de mi madre, en ocasiones yo también estaba obligado a asistir…

Una noche, después… de… (Comienza a frotarse el pecho y la voz le tiembla, afloja el nudo de su corbata y se levanta abruptamente).

Paty: ¿Qué pasa? (Pregunto preocupada. Abre un par de botones de su camisa, intenta respirar profundamente, parece desesperado y se acerca a la puerta del balcón, intentando abrirla).

Terry, por favor, ¿qué pasa?, ¿llamo a un médico?

(Niega con la cabeza y da un par de golpes al ventanal.

La abro por él y sale desbocado al balcón, sujetándose al barandal con ambas manos, rodeo su espalda, por un instante temí que cayera por la velocidad con que salió).

¿Estás bien? (Asiente con los ojos cerrados, nunca vi tal angustia en su rostro.

Vuelve a asentir y voy prácticamente corriendo por el vaso, al regresar trata de tomarlo, pero se le resbala de las manos temblorosas).

Terry: Lo siento. (Se disculpa apenado).

Paty: Está bien. (Me atrae hacia él estrechándome con fuerza entre sus brazos, el corazón se me resquebraja al sentirlo tan vulnerable y respondo el abrazo con todas mis fuerzas, intentando consolar esa angustia…

Lo vi romperse físicamente, pero nunca de esta forma.

Poco a poco deja de temblar, su respiración se normaliza y afloja el abrazo después de depositar un largo beso sobre mi frente).

Paty: ¿Mejor?

Terry: Sí… no te preocupes, no quería que me vieras así, hacía días que no me pasaba.

Paty: ¿Esto fue un ataque de ansiedad?

Terry: Sí, es ridículo ¿cierto?

Paty: Claro que no, has pasado por mucho, no te preocupes, ya irán desapareciendo.

Terry: Eso creí… que ya habían desaparecido. (Está avergonzado y no deja de frotar su pecho y ahora su hombro).

Paty: ¿Aún tienes dolor?

Terry: No, tensión, una sensación extraña, como si una mano fantasmal me apretara, mas no es dolor, pese a todo pronóstico la rehabilitación funcionó.

Paty: Bien… tranquilo, no hay necesidad de seguir.

Terry: Sí la hay, por favor. Continuemos.

(Regresamos a sentarnos al mismo sofá, se aclara la garganta y prosigue).

Como te decía, hubo ocasiones en que la familia entera debía asistir a ciertos eventos.

Una noche en que regresábamos de uno de tantos, el conde bebió de más, era tarde, yo moría de sueño e insistí en ir al frente con mi madre, me cargó en su regazo y caí dormido.

Un grito de mi madre, el rechinar de llantas y un montón de estruendos que parecían sonar en cámara lenta me despertaron.

Todo dio vueltas, no sabía qué pasaba, por más que intenté tener una imagen clara no lo conseguí, estaba demasiado oscuro, sentía el fuerte agarre de mi madre abrazándome, le hablé, pero no respondió…

(Sus ojos se enrojecen cargados con un profundo dolor, tiene la vista fija en un punto inexistente, la voz se le quiebra por momentos y la mandíbula le tiembla por el esfuerzo de seguir hablando).

Le hablé al conde, sin embargo, tampoco respondió, no podía moverme, estaba atrapado y mi madre que me abrazaba no se movía.

Pareció una eternidad, hasta que se escucharon las sirenas.

Estuvieron forcejeando para sacarnos del auto, la peor parte del choque se la llevó el lado del copiloto, donde mi madre y yo nos encontrábamos, no obstante, yo estaba bien, tenía algunos golpes, algunas cortadas por los vidrios que estallaron en el impacto, pero estaba bien, mi madre me protegió con su cuerpo, yo quedé atrapado entre el asiento y el cuerpo de mamá, dio su vida por la mía.

(La voz se le quiebra y una lágrima finalmente escapa a su mirada, la detengo y alza el rostro cubriéndose los ojos, conteniendo el llanto.

¡Dios!, era un niño. Coloco una mano sobre su pierna a manera de apoyo, él la oprime aceptando el gesto).

Murió instantáneamente, el conde salió inconsciente y con algunas lesiones, fuimos trasladados a la clínica, yo tenía algunas fisuras en el hombro, nada grave.

Al funeral de mi madre acudieron pocas personas.

El Doc y Adele trataron de explicarme que tenía que despedirme de mi madre, porque no iba a regresar.

Paty: Lo siento tanto…