El Infierno en el Paraíso 25
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PATY

TERRY

Está claramente sorprendida e impecablemente hermosa con ese traje sastre de falda, en gris oxford.

Terry: Hola. (Saludo con la mayor seguridad posible).

Paty: Hola… pero… ¿qué hace aquí?

Terry: Necesitaba verte.

Paty: ¿Tú?... yo venía a…

Terry: Adelante.

Le hago un gesto con la mano y me aparto para darle acceso, da unos pasos dentro de la suite y cierro la puerta. Se gira para observarme ya recompuesta de la sorpresa.

Paty: Tú…

Terry: Sí, arreglé las cosas para que vinieras, necesitamos hablar en privado y aquí nadie nos interrumpirá.

Paty: ¿Y no se te ocurrió solo pedirlo en lugar de traerme con engaños? ¿Cómo supiste dónde encontrarme?

Terry: Tengo mis recursos… y si no te lo pedí, fue porque creí que tal vez te rehusarías y de verdad necesitamos hablar a solas.

Paty: Hablar o no contigo, es mi decisión, Terry Grandchester. (Su tono de voz es duro y su mirada fría, llena de reclamos).

Terry: Por supuesto, es tu decisión. (La tensión se apodera del lugar y temo que decida irse, mas no lo hace, se planta alzando la barbilla, hermosa y retadora).

¿Te ofrezco algo de beber? (Pregunto esperando que el ambiente se relaje, se niega, así que le ofrezco asiento en la pequeña sala donde me siento frente a ella, conteniendo el impulso de tomarla entre mis brazos y estrecharla con fuerza contra mi pecho).

Paty: No entiendo qué haces aquí.

Terry: Como te lo dije, vine a hablar contigo. (Pensé todo el día qué decirle y en este momento las palabras no abandonan mis labios, mi pecho se ha ahogado en ellas).

Paty: Veo que te encuentras mejor.

Terry: Sí, finalmente terminé la rehabilitación.

Paty: Me alegro, en verdad.

Terry: Se tuvieron que hacer algunos cambios en los ejercicios agendados, se alargó el tiempo, pero finalmente… terminó.

Paty: Bueno, valió la pena el esfuerzo. (Asiento… aunque aún no estoy completamente convencido de ello).

Terry: ¿Y tú? ¿Cómo has estado? ¿Te gusta tu nuevo empleo?

Paty: Sí, me gusta lo que hago y me tratan bien. (Ese fue un golpe bajo).

Terry: Es un buen hotel.

Paty: No entra en el rango de los que acostumbras.

Terry: No, pero aun así es cinco estrellas y está en un muy buen nivel.

Paty: Sí, ¿ya regresaste a la oficina?

Terry: Sí, ya, Lía me está pidiendo a gritos sus vacaciones.

Paty: Se las merece. (Asiento y nos hundimos en un tenso silencio, observándonos, queriéndonos gritar tantas cosas). Me da gusto que te encuentres mejor, si no hay nada más… (Se pone de pie con la firme intención de retirarse, pero me levanto frente a ella para detener su huida).

Terry: Sí lo hay… te extraño. Sé que me comporté como un imbécil, pero… entiéndeme…

Paty: ¿Entenderte? ¿Cuándo no lo hice? ¿Cuándo perdí la paciencia? O ¿cuándo no te apoyé? ¿Cuándo no estuve?

Terry: Lo sé, sé que estuviste en todo momento, pero…

Paty: Pero, aun así, tu coraje y tus resentimientos fueron mayores al cariño que decías tenerme. ¿Me extrañas? ¿Por qué? ¿No has encontrado otra imbécil que te soporte?

Terry: No, nena, eso no es así.

Paty: ¿Entonces? ¿Tienes antojo de volver a usarme? (Sus reclamos se sienten como dagas en mi pecho, recuerda con exactitud lo que le dije).

Terry: Yo jamás te usé.

Paty: Tus palabras fueron muy claras.

Terry: Lo sé, pero no lo hice, tú estabas ahí, me entregué, te veneré, si lo dije fue porque no me dejaste opción.

Paty: Siempre tenemos opción y tú decidiste ofenderme.

Terry: Te negaste a abandonar el Paraíso, te di todas las razones lógicas por las cuales no era sano que permanecieras a mi lado.

Paty: Sí, y yo solo tenía una razón ilógica por la cual quedarme a tu lado: ¡Te amaba! Pero eso no te bastó. (¿Me amaba? ¿Ya no? Un escalofrío me recorre el cuerpo).

Terry: Tú sabes lo que yo siento por ti, pero… eran demasiadas cosas, me fallaste y yo no concebía la idea…

Paty: ¿Te fallé?

Terry: ¿Cómo le llamas a lo que hiciste? Estaba en coma, en tus manos, y decidiste hacerme una operación a la que me negué hasta el cansancio.

Paty: ¡Era lo mejor para ti!

Terry: ¡¡No era tu decisión!! (El tono de ambos empieza a subir de decibeles, estamos exaltados, ¿en qué momento pasamos a los reclamos?

, este no es el giro que quería para la conversación.

La tensión en el hombro y el pecho reaparece, tengo que relajarme o esto no terminará bien, me froto la frente y respiro profundamente tratando de recomponerme).

¿Podemos sentarnos y hablar? (Hago la petición en un tono más sereno).

Paty: No creo que…

Terry: Por favor. (Suelta una risa burlona, justo como las mías y aplaude tres veces).

Paty: Vaya, jamás creí vivir lo suficiente para ver al conde Grandchester pedir algo por favor. (Se burla cruelmente).

Terry: Adelante… búrlate, aprendiste del mejor, te hice mucho daño y tal vez lo merezco, pero no me llames así, yo no soy el conde Grandchester…

al menos… no he querido serlo. (Un enorme cansancio cae sobre mis hombros, tomo asiento, recargo los codos sobre las rodillas y cubro mi rostro, me siento derrotado, ¿cómo carajos le hago ver todo lo que significa para mí?

, el amor que le tengo). No supe cómo manejar la situación, no tengo que decírtelo, estabas ahí, el dolor me volvía loco, no me permitía pensar con claridad, no es excusa…

y, sin embargo, es la verdad. Me sentí traicionado por la única mujer que me hizo sentir algo más que el simple deseo carnal.

La única capaz de iluminar mi Paraíso con una simple sonrisa, me condenaste a recorrer los siete infiernos.

Paty: Yo… (Me levanto nuevamente para encararla).

Terry: Escúchame, por favor… (Suplico). El impacto de la noticia de despertar de un coma aunado al choque de haber sido operado, no fue nada grato; el dolor insoportable y el sentimiento de traición que me carcomía el alma me sobrepasó.

Pero aun así no tenía derecho de ofenderte, ni humillarte, fui un cobarde, un hijo de puta que no merecía todo el esfuerzo, el tiempo y el cariño que me estabas dedicando…

me estaba volviendo loco. La necesidad de tenerte a mi lado y el rencor por lo que hiciste no me permitían ver el enorme daño que te estaba haciendo, hasta el día en que tropezaste por mi culpa, te estaba arrastrando al infierno conmigo y no lo merecías…

Me aterraba transformar ese amor puro en odio.

No lograba controlarme, porque juro que hubo momentos en que lo intenté, pero no pude, nena, te juro que no pude, necesitaba protegerte de mí.

La única opción era alejarte y quería al menos volver a acariciar tus labios, tu piel, sentirte mía una vez más, te necesitaba.

Por eso te hice el amor. (Espero alguna reacción de su parte, no obstante, sus hermosos ojos verdes me atraviesan sin poder descifrar sus sentimientos).

Paty: Así que me hiciste el amor como despedida, sin pensar en las esperanzas que estabas alimentando, sin pensar en que cada caricia sanaba una parte de mi alma resquebrajada, para que al final de la noche la volvieras a hacerla pedazos.

¡¡Eres demasiado egoísta, Terry Grandchester!

! (Sus palabras llenas de reproche justificado destrozan la esperanza de recuperarla).

Terry: Lo siento. (Susurro avergonzado).

Paty: ¿Qué?

Terry: De verdad lo siento, quise dejar de hacerte daño y terminé empeorándolo, una vez más.

Paty: Tampoco creí vivir para escuchar una disculpa de ti. (Esta vez no se burla, pero sus palabras están por debajo de los cero grados). Estás acostumbrado a manejar a las personas a tu antojo, sin importarte lo que ellas piensen o sientan.

Terry: No quería hacerte daño.

Paty: ¡Sí! ¡Sí querías!; “ardamos entonces” ¿lo recuerdas? (Tiene grabadas cada una de mis palabras. Bajo la mirada, avergonzado por mi cobardía).

Terry: Es verdad, sí quería, quería arrastrarte conmigo y por eso te dejé ir.

Paty: No, no me dejaste ir, no quieras adornar la bajeza que me hiciste, ¡me corriste como a una cualquiera!

Terry: No quería seguir lastimándote, ¿tienes idea lo difícil que fue sacar de mi vida a la mujer que AMO? (Sus ojos enrojecidos por el rencor se inundan, no obstante, se ha vuelto dura y no permite que una sola abandone su mirada).

Paty: Tú no me amas, no sabes lo que es eso, el amor es…

Terry: Peligroso, te lleva a atravesarte frente a las balas para proteger al amor de tu vida…

y lo volvería a hacer sin pensarlo. (Finalmente el gesto severo se relaja y baja la mirada retadora.

Respiro profundamente, la tensión en el hombro y pecho no desaparecen, camino hacia el bar, tomo un vaso y sirvo los hielos, dispuesto a tomarme una copa).

Paty: Creí que no tenías permitido beber. (¿Cómo lo sabe?, ha estado preguntando por mí, tal vez no todo está perdido).

Terry: No, no lo tengo permitido, ¿quién te lo dijo? ¿El Doc? (Dejo el vaso para regresar a su lado, esquiva mi mirada al verse descubierta).

Paty: Sí, algo comentó.

Terry: ¿Entonces ya sabías que ya había terminado la rehabilitación?

(Asiente). Me haces mucha falta, nena. Tienes razón en muchas cosas, soy un tipo egoísta y me he portado de la peor manera contigo.

Pero te equivocas en una cosa, mi rencor nunca fue más grande que mi amor.

Solo te pido una oportunidad para reivindicarme, para compensarte por todo el daño que te hice, para amarte como lo mereces.

(Sus ojos se iluminan y me regalan una luz de esperanza).

Paty: ¿Quién me asegura que no vino por mí para regresarme a ese infierno?

Terry: ¿Me creerías capaz? ¿Tanto daño te hice, nena?

, dejarte ir ha sido de las cosas más difíciles que me he visto obligado a hacer; fue desgarrador verte partir, el vacío se apoderó de mí, mi alma se fue contigo.

Y el Paraíso ha permanecido en una completa oscuridad.

Solo te pido una oportunidad, nena, ¡por favor!