25 #4
Me sonríe y en medio del enorme agotamiento emocional, se ve mucho más relajado, tan atractivo, sin embargo, es necesario que me vaya, tengo mucho por empacar.
Paty: Ahora tengo que irme.
Terry: Tienes que estar bromeando, te acabo de recuperar, no pienso separarme de ti. (Me toma de la mejilla y me abraza por la cintura, si permanezco más tiempo así, cederé ante su petición).
Paty: Debo hacerlo, tengo que hacer maleta.
Terry: Déjalo todo, no es necesario que traigas nada.
Paty: Tengo que despedirme y agradecerle a Ángel por todo.
Terry: ¿Estuviste con él? (Me levanto de su regazo, francamente molesta por su pregunta).
Paty: Si es así como piensa comenzar esto, no va por buen camino.
Terry: No permitiré que pases una noche más a su lado.
Paty: ¿Celoso, Sr. Grandchester?
Terry: Terriblemente celoso, me revienta que él te haya disfrutado todo este tiempo, mientras yo soñaba con tu sonrisa, con poder acariciar tu piel. (Adoro y detesto que sea tan dulce, tengo que emprender la retirada).
Paty: Mañana nos vemos.
Terry: Si no puedo convencerte de quedarte, al menos te llevaré.
Me refresco un poco en el baño, tomo agua y al salir de la habitación nos encontramos con Frankco, siento mucha nostalgia y alegría al verlo, no aguanto las ganas y le doy un fuerte abrazo, él me lo devuelve con el mismo cariño que la última vez.
Al llegar a casa, le aseguro que no es necesario que me acompañe a la puerta, a lo que hace caso omiso, en cuanto abro Ángel aparece en escena con un mandil chistoso que yo le regalé, que al frente dice “Yo soy el amo de casa”.
TERRY
Es una casa demasiado pequeña, el imbécil de Ángel no tarda en aparecer con un ridículo mandil, ¿quién mierda se pone eso?
Ángel: Ya me tenías preocupado… (La estúpida sonrisa se le desaparece al verme, más aún cuando ve que mi mano rodea su cintura).
Paty: No hay nada de qué preocuparse, ya estoy de regreso.
Terry: Sí, pero no por mucho tiempo. (Nos retamos con la mirada, jamás se imaginó verme en la puerta de su casa, ni yo venir a dejar a Paty aquí). Te espero a que recojas tus cosas para irnos de una vez.
Paty: Ya hablamos de eso. (No la haré cambiar de opinión y no quiero comenzar una discusión a solo minutos de recuperarla).
Terry: Bien, me mandas un mensaje con la hora en que quieras que venga a recogerte para llevarte a la oficina.
Ángel: Yo la he llevado todas las mañanas.
Terry: ¿En eso? (Hago un gesto despectivo hacia el auto de clase baja que está estacionado al lado de nosotros).
Paty: ¡Terry! (Exclama ofendida).
Ángel: Sí, eso tiene llevándola desde hace meses.
Terry: Bueno, hoy fue el último día.
Paty: Terry, por favor, no sigas. (Quiero restregarle en la cara que es mía, que la llevaré de regreso a donde pertenece, a mi lado).
Ángel: ¿De qué está hablando?
Paty: Ahora hablamos, Ángel. (Estoy rogando porque me dé un solo motivo para romperle la cara).
Ángel: ¡¡No pretendes irte con este imbécil!!, ¿verdad? (Y el motivo aparece… La suelto y doy unos pasos dentro de la casa).
Terry: No vuelvas a levantarle la voz.
Ángel: Supongo que el gritarle es un “derecho” que consideras exclusivo.
Paty: ¡Ángel, por favor!
Terry: Por qué no te quitas tu estúpido mandil, aparentas ser un poco más hombre y arreglamos esto de una buena vez.
PATY
Nunca vi así de furioso a mi mejor amigo, se arranca el mandil dando unos pasos hacia adelante, enfrentándolo, como puedo me pongo entre los dos, estirando los brazos para separarlos.
Paty: ¡Basta! No hagan esto, por favor.
Terry: Ve por tus cosas, nosotros arreglamos esto.
Ángel: Obedece a tu Sr.
Terry: De verdad creías que tarde o temprano te iba a corresponder, ¿cierto? ¿Que ibas a salir de la friendzone?, eres más estúpido de lo que pareces.
Si no los detengo esto terminará muy mal.
Paty: Dejen de comportarse como neandertales. Me quedaré aquí a recoger mis cosas y tú y yo tenemos que hablar, Ángel.
Ángel: No puedo creerlo, Paty, con un simple chasquido de dedos regresarás con él, ¿después de todo lo que te hizo pasar?
Paty: No es así de sencillo. Terry, sal de aquí, por favor, y ven mañana a las siete. (Me toma del brazo para sacarme de la casa).
Terry: Deja todo, no necesitas nada de lo que está aquí.
Paty: Es mi mejor amigo, no quiero perderlo.
Terry: Y yo no quiero volver a perderte a ti.
Paty: Eso no pasará, confía en mí, por favor, solo será esta noche.
Echa un vistazo dentro de la casa, Ángel nos observa, me toma con ambas manos por las mejillas y me besa profundamente hasta dejarme sin aliento, cuando nos separa me da tres pequeños besos.
Terry: Tengo unas inmensas ganas de meterte a la camioneta, partirle la cara a ese imbécil, hacerte el amor y volar a casa, así que haré gala de todo mi autocontrol y respetaré tu decisión, mañana a las siete de la mañana estaré aquí.
Se va no sin antes regalarle una mirada retadora a Ángel, quien afortunadamente no sale de la casa.
Mi mejor amigo toma una cerveza del refrigerador, me obsequia otra y nos sentamos en el pequeño comedor a hablar, no le cuento la historia de los padres de Terry, pero sí que hablamos.
Reconozco que ambos nos hemos hecho daño, sin embargo, nos amamos y estamos dispuestos a darnos otra oportunidad; mi amigo insiste en que él no merece tanto amor de mi parte, le explico que a pesar del tiempo que ha transcurrido no ha pasado un solo día en que no añore estar a su lado, así que finalmente creo que lo entiende.
Ángel: No estoy de acuerdo, pero nadie que no esté en tus zapatos puede saber lo que tú sientes, así que nadie tiene derecho a juzgar tus decisiones, solo te deseo lo mejor, como siempre.
Una vez que la tensión entre nosotros ha pasado, me ayuda a hacer mis maletas, estoy ansiosa por regresar a sus brazos.
TERRY
El hecho de que exista la mínima posibilidad de que la convenza de no regresar a mi lado, no me deja dormir; las manecillas del reloj cambian demasiado lento…
Me abre la puerta y al ver las maletas finalmente puedo soltar el aire que no sabía contenía desde la noche anterior, le hago un gesto a Frankco para que venga por su equipaje.
El idiota no desaprovecha la oportunidad de abrazarla a manera de despedida.
Ángel: Si provocas una sola más de sus lágrimas, no habrá poder humano que evite que te rompa la cara, así que cuídala.
Terry: Si le provoco una sola lágrima más, yo mismo vendré a que me la rompas… y no meteré las manos, porque si no, te sería imposible.
Ángel: Tu ego es más grande que mi casa.
Terry: Mi cochera es más grande que tu casa.
Ángel: ¡¡Sal de aquí!!
Mantenemos los dedos entrelazados en el vuelo de camino al Paraíso.
Paty: ¿Podría pedirle algo?
Terry: Soy el genio de la lámpara, tú solo pide.
Paty: ¿Podría darle otra oportunidad al doctor Tarson? (Mi sonrisa desaparece).
Terry: El genio de la lámpara tiene sus limitaciones.
Paty: ¡Por favor!
Terry: Ahora no, hermosa, déjame disfrutarte.
Toretto y Adele la reciben con cariño, una vez que se terminan los recibimientos, la tomo en brazos para llevarla a nuestra habitación y depositarla con cuidado en nuestro lecho.
Terry: Pienso hacerte el amor toda la noche.
Paty: ¿Toda… la noche?
Terry: ¿Lo dudas?
Paty: No… lo deseo.
Entre besos y caricias nuestro deseo aumenta la necesidad de unir nuestros cuerpos, nuestras almas, recorro con los labios de punta a punta su dulce piel y con cada gemido de placer se elevan mis sentidos, separo sus piernas y me cierno sobre ella…
Necesito que su humedad apague las llamas que me han estado consumiendo por meses.
Después de saciar nuestra necesidad del uno por el otro, la tengo acurrucada en mi pecho…
Paty: No estuve con nadie.
Terry: Lo sé… y yo no le hice el amor a nadie más.
Sé que lo acepta y, sin embargo, no le basta…
Paty: ¿No iremos hoy a la oficina? (Pregunta al despertar).
Terry: Es sábado, nena, alguien perdió la noción del tiempo.
Paty: Usted me hace perder la noción del tiempo. (La abrazo con fuerza contra mi pecho, aspiro profundamente su dulce aroma a chocolate acompañado del deseo desbordado). Me encanta cuando sonríe así.
Terry: No tengo dolor.
Paty: Tiene semanas sin dolor ¿cierto?
Terry: Sí, pero es la primera vez que logro disfrutarlo, que no lo extraño.
Paty: ¿Extrañaba el dolor?
Terry: Sé que suena enfermizo, el dolor nublaba mis sentimientos y desde que concluí la rehabilitación, no tenía nada agradable que sentir, al contrario, hasta hoy…
Disfruto cada segundo del fin de semana con el amor de mi vida.
Le doy la opción de no trabajar, de que acuda a clases para que perfeccione su francés o inicie una maestría, pero se niega, aunque no descarta la opción de hacerlo más adelante.
Insisto, no porque no quiera tenerla en la oficina, en realidad quiero evitarnos discusiones por motivos laborales, sin embargo, me asegura que los mejores maestros siempre son los más estrictos, que no existía uno peor que yo y que todas mis lecciones le fueron de gran utilidad en su empleo en Monterrey, lo cual me llena de orgullo.
Regresará a ser mi asistente personal solo en la oficina, por lo tanto, si pierdo la paciencia en el horario laboral no estaré cruzando los límites aceptables.
Supongo que en el camino llegaremos a más acuerdos.
Insiste un par de ocasiones en que hablemos con el Doc, sin embargo, evito el tema, le pido que no insista con eso, no lo he perdonado y no sé si algún día pueda hacerlo.