TERRY
–¡Tú la mataste! ¡Tú la mataste! –Paty se esfuma como vapor frente a mí…
Despierto exaltado, los malditos malos recuerdos conjugados con las pesadillas no me han dejado descansar como debería. Bajo a tomar un poco de aire, Frankco me intercepta camino al jardín.
Frankco: No podía dormir, vengo de tomar algo en la cocina.
Frankco: Aún no está permitido, Sr.
El Dr. Tarson ha hecho mucho énfasis en que no beba, supongo que eso significa que prefiere que me refugie entre las piernas de alguna mujer antes que en el alcohol.
Terry: Nunca ha estado permitido. ¿Traes mis pastillas?
Frankco: No, Sr., pero si las necesita… (El dolor es tolerable, después de todo por lo que he pasado, es tolerable, y tengo una cantidad de medicamento que controlar).
Terry: Déjalo así… ¿No has hablado con ella?
Frankco: No, Sr., pero le aseguro que se encuentra bien. (Claro que está bien, ha salido de este infierno, se ha liberado de atender a un enfermo).
Terry: Necesito empezar a distraerme con algo.
Frankco: A Lía le encantará que regrese a la oficina.
Terry: Pobre Lía, se ha ganado unas merecidas vacaciones, igual que tú, y las tendrán, solo necesito ponerme al día y ver qué tan capaz es la asistente que contrató. Así que ve pensando a qué lugar te quieres ir de vacaciones, anda, ve a descansar.
Frankco: Gracias, Sr.
Terry: ¡Ah!, y no estaba hablando de la oficina cuando dije distraerme.
Frankco: Lo sé, Sr.
Se retira a su habitación y salgo un momento al jardín, el aire es fresco, froto mi pecho y hombro, observo el pequeño quiosco, quiero acercarme a admirar la hermosa vista del lugar, pero quiero hacerlo de su mano.
Con el paso de los días el dolor disminuye y con ello la cantidad de medicamento a tomar, sin embargo…
mis pesadillas aumentan. Lo estoy consiguiendo después de tantos años y por alguna extraña razón no estoy feliz por ello.
Me siento renacer de entre las cenizas, mas no logro sacudirlas y retomar el vuelo.
Aunque el dolor es mucho menor, no me siento confiado, constantemente tengo el impulso de pedir más medicamento, aunque soporto el dolor, una opresión se mantiene en mi pecho, como si el aire me faltara.
Siento culpa y resentimiento por todo lo que he pasado, quiero salir corriendo y olvidar, no sin antes vengarme…
En el consultorio del Dr. Tarson…
Dr.: Felicidades, la rehabilitación ha terminado, ya no necesitas más medicamento, el dolor que tienes en algunos días más irá desapareciendo.
¿Has estado corriendo?, pues ahora puedes regresar a entrenar kung-fu y al gimnasio, tus músculos necesitan recuperar la fuerza que han perdido, pero poco a poco, no te quieras comer al mundo de un bocado.
(Tengo la mirada fija en un punto sobre su escritorio y lo escucho a lo lejos, ¿felicidades?
, como si hubiese recibido un premio). No puedes beber, ni fumar, ni consumir ninguna sustancia tóxica.
Terry: ¿Ahora teme que me vuelva alcohólico o drogadicto?
Dr.: Tu organismo…
Terry: Mi organismo ha estaba bajo narcóticos la mayor parte de mi vida y ahora estoy padeciendo los síntomas de una desintoxicación, insomnio, pesadillas, temblores, unos enormes deseos por adquirir más y… ansiedad.
Dr.: No me habías dicho que los tenías.
Terry: Usted es el médico, debería saberlo.
Dr.: No has querido venir con regularidad como deberías.
(Finalmente encaro su mirada, mi ira hacia él no ha disminuido ni un poco desde que desperté tras el ataque).
Esperaba que no tuvieras los síntomas de abstinencia, al menos no tan pronto, pero la práctica del deporte te ayudará con eso, no vuelvas a medicarte, ya no lo necesitas y no busques otros alicientes porque solo lo reemplazarán, regresa a la oficina, ten la mente ocupada y el cuerpo trabajado, eres fuerte, el síndrome irá desapareciendo, si no es así, puedes venir a otra consulta.
(He leído lo suficiente sobre todo esto; ataques de ansiedad, ¿hay algo más ridículo?
, me levanto y dejo un cheque sobre su escritorio ya que no me ha hecho llegar ningún cobro como se lo pedí).
Terry: Espero que esto cubra sus honorarios, si no es así, hágaselo saber a mi asistente. (Pretendo retirarme, se acerca, sin embargo, al ver mi gesto de desprecio se detiene).
Dr.: Lamento mucho haberte obligado a pasar por todo esto, lamento mucho no haber respetado tu decisión, lamento que…
Terry: Me mintió en la primera operación, no solo eso, programó una rehabilitación que claramente estaba fuera del alcance, mío y de cualquiera, porque dudo mucho que alguien la haya llevado a término.
Dr.: Nunca había tenido un caso tan severo como el tuyo, hijo, y tú no me dejaste acercarme para una revisión constante como debería.
Terry: ¿Ahora es mi culpa su incompetencia? No terminé la primera rehabilitación porque era imposible hacerlo, usted me condenó a vivir con dolor crónico por seis años más debido a su ineptitud. Y no conforme, me operó una segunda vez sin mi consentimiento.
Dr.: Tienes razón, me equivoqué, Terry, fue mi culpa, pero esta vez…
Terry: Esta vez su estupidez no terminará jodiéndome. ¡Se equivocó! ¡Se equivocó como médico!, ¡y se equivocó como tutor!
Doy media vuelta y me retiro mientras él repite mi nombre para detenerme.
Entro al elevador junto con Frankco, con los músculos y tendones en tensión, es una sensación escalofriante, como si cada uno de ellos fuese una delgada liga a punto de romperse, espero una punzada repentina o el aumento de dolor, mas no aparece, en cambio llega la opresión al pecho y la terrible sensación de asfixia, el oxígeno no llega a mis pulmones, las paredes del elevador parecen cerrarse.
Froto mi pecho, Frankco se pone alerta y le hago una seña con la mano temblorosa para indicarle que me encuentro bien, pero no es así.
En cuanto las puertas del elevador se separan, salgo corriendo entre la gente hasta encontrar la salida. Termino recargado sobre un auto; «¡estoy bien, estoy bien!», me repito a mí mismo. No sé cuánto tiempo pasa hasta que recupero el control de mi cuerpo.
Terry: ¿Habías visto algo más ridículo? (Pregunto a mi jefe de seguridad una vez que soy capaz de pronunciar palabra).
Frankco: No lo es, Sr., pero como dijo el médico, el ejercicio y el trabajo ayudarán a su ansiedad.
Asiento, debo regresar a mi rutina… o más bien, debo crear una nueva.
PATY
Mi vida transcurre, estoy dedicada prácticamente a trabajar, los fines de semana han perdido su sabor, llenar de colores un lienzo en blanco es lo único que me hace perderme por horas, pero el último par de semanas me he sentado frente al caballete y no pasa nada, me falta espíritu, ganas, me falta él.
Un domingo en que Ángel se queda estudiando, me voy al teatro, no me había dado cuenta de lo mucho que lo extrañaba, hasta que el telón se abre y los sentimientos en la voz de cada actor me transmiten su energía.
Al salir, camino a la orilla del paseo Santa Lucía, un río artificial en el centro de la ciudad, familias enteras pasean, ríen y disfrutan.
Alguna que otra pareja demuestra su amor frente a los demás, mientras yo contemplo el agua tratando sin éxito de no pensar en el Paraíso, en las docenas de obras de teatro en las que salí de su brazo, en los viernes de bailar hasta que los pies me dolían, en las noches apasionadas, en su humor negro, en salir al jardín y respirar aire puro, la maravillosa vista, su mirada traviesa, es imposible no pensar en él y en lo agradecida que estoy por haberlo conocido y más aún de que haya superado todos los obstáculos que se le presentaron.
TERRY
Después de una rutina sencilla en el gimnasio y mi habitual recorrido por el Paraíso, me dirijo a la oficina. Lía casi se lanza a abrazarme, pero se detiene, habíamos hablado, mas no nos habíamos visto desde que caí en coma.
Terry: Ven acá. (Le digo mientras la abrazo, me regresa el abrazo con un cariño sincero. Detrás de ella, una atractiva chica me observa, trae puesta una minifalda, Lía ha sabido entrenarla).
Lía: Me da gusto verlo de regreso y tan recuperado, Sr.
Terry: Esperemos que después de unos días sigas pensando lo mismo.
Lía: Siempre me da gusto tenerlo en la oficina.
Terry: ¿Siempre?
Lía: Siempre, esto nunca marcha de mejor forma mas que cuando usted está, solo espero haber tomado las decisiones correctas en su ausencia.
Terry: Estoy seguro de que sí, y si no, pues ya lo arreglaremos.
(Le guiño un ojo y siento más cerca de lo normal a Frankco, lo veo de reojo, mira de una forma recelosa a Lía).
Tranquilo, la chica es tuya, además, necesito al menos un par de meses de entrenamiento para tu siguiente arranque de celos.
La tensión se rompe y me presentan a la asistente de Lía, su nombre es Erika, han pasado días, pero parecen meses, desde la última vez que mi olfato se deleita con un perfume femenino inundado de feromonas, el médico dijo que no me metiera ninguna sustancia tóxica, así que solo me queda meterme entre las piernas de una hermosa chica.
Después de las presentaciones, Lía y yo entramos en materia, tengo mucho en lo que ponerme al día.
Lía: Bueno, le dejo todos los documentos para que los revise, ¿podría pedirle un favor? (Suelta una vez que termina de explicarme todo lo que hizo en mi ausencia).
Terry: Las vacaciones te las daré en cuanto me ponga al día y veamos si tu asistente sobrevive en su puesto después de que yo esté a cargo algunas semanas.
Lía: No se lleve a la cama a Erika. (Suelta de golpe).
Terry: ¿Le gusta sobre el escritorio? (Bromeo, definitivamente regresar a la oficina me sienta bien).
Lía: Es buena en su trabajo y no quiero quedarme sin asistente, porque si no, esas esperadas vacaciones nunca llegarán.
Terry: Estás pidiendo mucho… hagamos un trato, si ella no me abre las piernas, yo no sé las abriré.
Lía: Sr. …
Terry: Vamos, es estúpido eso de no mezclar el trabajo con el placer, a mí siempre me ha funcionado muy bien.
Lía: ¿Y Paty? (Ese ha sido un golpe bajo).
Terry: Eso fue diferente y no habrá otra igual.
PATY