El Infierno en el Paraíso TERRY #2
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TERRY #2

Dr.: Me gustaría tenerte otra solución, Terry, pero no la hay.

(En el fondo guardaba la estúpida esperanza de que este tormento bajara, encontrar algún aliciente, estoy exhausto, desesperado y me siento derrotado…

como nunca antes). Toma asiento, escúchame, realizarás los ejercicios cada tercer día, para que tengas oportunidad de descansar, al disminuir la intensidad del dolor, disminuirán tus náuseas, pero tienes que comer todo lo que Adele te dé para recuperarte.

Terry: Eso extendería la rehabilitación por dos meses.

Dr.: El dolor será menos intenso, así podrás terminarla. También tomarás nuevos suplementos. (En lugar de encontrar una solución, mi maldito infierno se extiende).

Terry: ¡No! Programe los ejercicios para los lunes, martes, jueves, viernes y sábado, descansaré los miércoles y domingos.

Dr.: ¿Estás seguro?

Terry: Usted planificó la rehabilitación constante.

Dr.: Sí, pero… me doy cuenta de que es demasiado dura.

Terry: Tengo que terminar con esto lo antes posible. Ahora estoy agotado, descansaré un par de días y lo retomaré.

Dr.: Bien, te explicaré la electroestimulación. (Me levanto para retirarme).

Terry: Explíquele a Frankco por teléfono o si lo necesita aquí, mañana vendrá y envíele sus honorarios a mi asistente.

Dr.: Terry, por favor, qué tontería.

Terry: Lo digo en serio y para que esté enterado, legalmente ya quedó fuera de cualquier vínculo con el Paraíso, demás negocios y conmigo.

Dr.: No me interesan los vínculos legales, muchacho, lo sabes.

Terry: Debí hacerlo hace mucho tiempo, lo estaría refundiendo en la cárcel en este momento por operarme sin mi consentimiento.

Dr.: Verte terminar la rehabilitación, habrá valido la pena… hijo.

Estoy demasiado furioso como para permanecer un segundo más en su presencia. Un mareo me detiene antes de llegar al elevador e inmediatamente Frankco intenta sostenerme por el brazo.

Terry: Estoy bien, solo necesito descansar… de todo.

PATY

Mi nuevo empleo es muy diferente, mi jefe es amable, despistado, su asistente seguramente está muy al pendiente de sus obligaciones y compromisos.

Aquí, a diferencia del Paraíso, se utiliza traje sastre, maquillaje e intento peinarme ya que mis compañeras lucen ese aspecto sumamente formal que yo rara vez consigo.

En casa, Ángel y yo nos adaptamos muy bien juntos, los sábados por la mañana juega fútbol americano, Alicia y yo vamos a verlo, pareciera que el tiempo no ha pasado y al terminar nunca faltan unas cuantas cervezas para refrescarnos.

Alicia: ¿Le darás una oportunidad a Ángel?

Paty: ¿Qué? ¡¡Nooo!! Ángel sabe que yo estoy enamorada de Terry.

Alicia: Y él de ti y viven juntos. ¿Sí te percatas de la forma en que te mira?

Paty: Yo nunca le he hecho creer que podría pasar algo entre nosotros.

Alicia: El conde Grandchester sin duda es guapísimo, millonario y tiene un maldito Paraíso, pero él te sacó de su vida, tal vez Ángel pueda ayudarte a olvidarlo.

Paty: ¿Me estás pidiendo que utilice a Ángel para olvidar a Terry?

Alicia: No, te estoy pidiendo que te des la oportunidad de volver a amar, en este caso con un hombre que te adora y que primero se corta la lengua antes de decirte la mitad de las idioteces que te dijo el otro.

Paty: Amar a alguien más… ni siquiera puedo pensar en algo así. No, aunque quisiera, no podría.

Un domingo en que estamos desayunando una rica barbacoa, Ángel hace un gesto de dolor al levantarse de la silla.

Paty: ¿Estás bien?, te dieron fuerte ayer.

Ángel: Sí, ese tipo me tiró a matar, ¿por qué no me das un masaje de esos que acostumbrabas?

Nos dirigimos a su habitación, mi mejor amigo acostumbra a mantenerse en forma, no es adicto al gimnasio, pero al menos lo hace una hora saliendo del trabajo, tres o cuatro veces por semana, así que cuando se quita la camisa, no puedo evitar observar su fuerte espalda.

Paty: ¡Mira nada más cómo te dejaron! (Exclamo al ver el gran moretón en su costado).

Ángel: Te aseguro que el otro quedó peor… Lo mismo debe estarle diciendo él a su novia.

Ambos reímos, me siento sobre su respingón trasero y comienzo a masajear su espalda con la ayuda de una crema, al terminar me tumbo a su lado.

Ángel: No quiero salir de casa, pretendo quedarme acostado todo el día. (El tráfico de la ciudad y la rutina diaria pueden llegar a fastidiar, así que pasar de vez en cuando un domingo acostada, no suena nada mal). ¿Me aceptas una cita en pijama, pizza, cheves y películas domingueras?

Paty: Esa suena como una perfecta cita. (Pasamos un delicioso domingo hibernando). Si me pongo gorda será tu culpa.

Ángel: Lo que quiero es que te pongas feliz y que sea mi culpa.

Su tono es dulce y un aura extraña invade nuestro entorno, estamos acostados en su cama, pasando un rato agradable y de pronto su rostro está más cerca de lo normal.

Me siento incómoda y me aparto de inmediato.

Ángel es un ser humano increíble, me ha rescatado de los peores momentos y disfruto compartir el tiempo a su lado, pero lo que siento por él es una entrañable amistad.

Pretendo levantarme, sin embargo, me detiene.

Ángel: Por eso, la siguiente película yo la escogeré y será una comedia. (Es obvio que lo dice para relajar el momento, tengo que aclarar esto de una vez).

Paty: Ángel… tú y yo.

Ángel: Tú y yo somos amigos, sé que estoy anclado en la friendzone y que no saldré de ahí, así que no te preocupes.

Paty: No quiero crearte falsas esperanzas.

Ángel: No lo haces, la pasamos bien juntos como lo que somos, así que no dramatices.

Es un sol y tiene las cosas claras, tal vez debo pensar en mudarme, sin embargo, me pesa alejarme, ¿será que estoy siendo demasiado egoísta?

Al llegar mi muy esperado primer sueldo, saliendo de la oficina voy directo a comprar todo lo esencial para pintar, un caballete sencillo, un bastidor y algunas… bueno, varias pinturitas. Han pasado semanas desde la última vez que llené de color un lienzo y en verdad lo extraño.

Comprar un mundo de colores es, para mí, tan satisfactorio como para el resto de las chicas comprar ropa o zapatos.

Regreso feliz a casa, mas esa felicidad se ve empañada al recordar la caja de madera finamente tallada, llena de pinturas que Terry me obsequió; “Ilusiones” es lo que dice la caja y eso es lo que ha sido, una ilusión.

Extraigo el eclipse que mantengo oculto bajo la blusa congelando mi cuello, lo oprimo en un puño, aún recuerdo sus palabras en aquella noche iluminada por fuegos artificiales cuando me la dio.

No prometió amor eterno, ni fidelidad, lo único que tenía, lo único que ofreció fue su cariño y ese cariño ha sido superado por el rencor…

Tal vez soy la culpable por tanto sufrimiento…

Tal vez no tenía derecho a tomar la decisión que tomé…

pero todo lo que hice, si me equivoqué o no, fue por amor.

En cambio, él me lastimó por rencor… tengo clavada cada mirada de desprecio, cada palabra arrojada con el único afán de herirme y lo consiguió, me dueles, Terry, me dueles mucho, Terry Grandchester, sin embargo, a diferencia de ti, yo sí sé que lo superaré, yo sí estoy segura de que saldré adelante.

TERRY

Han pasado semanas, estoy en la recta final, una agonía que se ha hecho eterna, los fines de semana, cada fibra muscular, cada ligamento y terminación nerviosa me exigen detenerme…

y quiero hacerlo, quiero abandonar todo, lo único que me mantiene luchando es la rabia, la soberbia, el miedo a que tanto sufrimiento no haya valido la pena, pero, sobre todo, a fracasar por segunda vez…

El vacío de su ausencia se profundiza cada día más, el sexo como aliciente ha dejado de surtir efecto, lo único que me alivia son los fuertes narcóticos en las venas…

Camino en medio de la oscuridad, de pronto el conde Grandchester aparece con la mirada ardiente por el odio que me profesa.

Conde: ¡¡Tú la mataste!!