TERRY
PATY
La semana comienza y tengo que sacar fuerza de flaqueza. Me dedico a hacer mi currículum para enviarlo a las diferentes vacantes de empleo publicadas en internet, ninguna es tan bien remunerada como la del Paraíso, está claro que ese sueldo no lo obtendré en ningún lugar.
Cuando le aviso al doctor Tarson de mis planes insiste en recomendarme con algún médico conocido, pero me niego, nadie volverá a restregarme en la cara que no he conseguido el empleo por mis propios méritos, aún tengo un poco de dinero para sobrevivir, así que mando un sinnúmero de currículums en el transcurso de la semana. ¡Alguno tiene que picar!
Pero mientras eso ocurre me convierto en ama de casa, de alguna forma tengo que agradecerle a Ángel su hospitalidad, es increíble lo desordenado que puede ser un chico, el pobre acostumbraba a comprar comida diariamente y, aunque tiene mucho tiempo que no cocino, me gusta hacerlo, así que vamos al súper para surtir la despensa.
Finalmente llamo a Alicia, salimos a tomarnos un frapuccino y la pongo al día de la situación, no le extraña la conducta de Terry después de la última vez que lo vio a punto de agarrarse a golpes con Ángel.
Intenta darme ánimos y se lo agradezco, aparento ser fuerte frente a mis amigos, lo cual resulta agotador pues me hace recordar constantemente a Terry, lo difícil que debe ser para él mantener una careta todo el tiempo frente a los demás.
Procuro ocupar mi tiempo cocinando o haciendo bocetos, ya que no puedo pintar, no tengo el material y en este momento gastar en lienzos y pinturas sería un lujo que no me puedo dar, limpio la casa y me encargo de la ropa de Ángel, aunque insista en que no es necesario, en realidad hacerme cargo de la casa me sirve más a mí que a él.
Salir a correr por las mañanas es la mejor parte del día, se opacan mis sentimientos mientras el aire acaricia mi rostro.
Por supuesto, también llamo a mis padres para informarles de mi regreso a Monterrey, no estaban al tanto de mi relación con mi jefe, así que solo lamentan la pérdida de tan buen empleo.
TERRY
Frankco: Ya tengo la información que me solicitó, Sr. (Me notifica tres días después de mi petición. Mantiene celosamente entre las manos un fólder donde presumo se encuentran sus datos).
Terry: ¿Y bien? ¡¡Dámelos!!
Frankco: Esto solo lo distraerá de sus objetivos, Sr. (¿Para qué demonios quiero saber dónde está, si no podré ir por ella? «¿Dónde estás nena? ¿Por qué no estás aquí? ¿Por qué no puedo perdonarte?», cierro los párpados para intentar tranquilizarme).
Terry: Cerró la cuenta bancaria que tenía, ¿cierto?
Frankco: Sí, la misma semana que se fue.
Terry: ¿Tiene alguna otra?, para saber con cuánto dinero cuenta.
Frankco: Retiró en efectivo una cantidad suficiente para estar estable por un tiempo.
Terry: ¿Un tiempo? ¿Cuánto tiempo, Frankco?
Frankco: Lo suficiente, recuerde que para lo que usted no es nada, para otros puede ser una fortuna. (Soy consciente de que las cantidades que yo manejo son estratosféricas para la mayoría de las personas).
Terry: Aun así, no quiero que pase carencias, con el dinero que me dio se pudo comprar un auto usado, pagar por adelantado algunos meses de renta, estar cómoda ¡¡carajo!!
Frankco: Está rentando una pequeña casa y buscando empleo, en su currículum menciona que trabajó como su asistente y puso el teléfono de Lía como referencia, seguramente no tardará en encontrar un buen empleo.
Terry: Tenemos muchos contactos, podríamos arreglar que la contrataran sin que ella se entere.
Frankco: ¿Quiere engañarla?
Terry: ¿Qué? ¡¡No!!
Frankco: ¿Entonces?, ¿no confía en sus capacidades?
Terry: ¡Puse a su cargo el Paraíso entero!, por supuesto que confío en sus capacidades.
Frankco: Yo también confío en la señorita Paty y estoy seguro de que en poco tiempo encontrará un buen empleo por sus propios medios, en caso de que no sea así yo lo mantendré informado, ¿le parece?
Frankco es como mi maldita conciencia lúcida, así que acepto no intervenir, yo la he apartado y lo menos que puedo hacer es respetar cada paso que da.
Esta semana me lleno de suplementos alimenticios, necesito recargar energías de alguna forma, la peor parte de la rehabilitación está por venir.
A estas alturas ya he pasado en varias ocasiones por las cinco fases para enfrentar una enfermedad crónica: negación, ira, negociación, depresión y aceptación; subiendo y bajando en una montaña rusa de estados de ánimo dependiendo de la cantidad de dolor a la que me enfrento.
La siguiente semana Frankco me da la buena noticia de que contrataron a Paty en un buen hotel, no me da el nombre ni el lugar y no insisto para que lo haga. Está bien, lo consiguió, tendrá estabilidad económica y seguirá avanzando… sin mí.
El cansancio y el dolor no me dan tregua. El conde, Adele, el Doc, y Paty… todos los que un día quise me condenaron a esta miserable situación; en cama, gimiendo de dolor y pidiendo a gritos los narcóticos para perder la conciencia.
Terry: ¡¡Ya no puedo con esto, Frankco!!, ya no puedo…
Frankco: Tranquilo, Sr., descanse, descanse…
PATY
¡¡Me contrataron!!, después de seis entrevistas ¡me contrataron!
Le llamaron a Lía para pedir referencias y dio las mejores, estaré en el departamento de compras con un sueldo respetable para la experiencia que tengo, lo cual me anima un poco, aún no tengo mi primer sueldo y ya sé exactamente qué haré con él.
Ángel me invita al cine y a cenar para festejar mi nuevo empleo.
Ángel: Este es un nuevo comienzo y me alegra ser parte de él.
Paty: No habría podido sin tu apoyo.
Ángel: Tú eres capaz de hacer todo lo que te propongas, no me necesitas ni a mí, ni a nadie.
Me toma la mano de una forma cálida y la lleva a sus labios besándola, desde que lo conozco siempre ha sido un chico dulce y nunca tendré con qué pagarle lo que está haciendo por mí.
TERRY
He logrado un 70% de rotación en el hombro, si dejo todo, al cabo de una semana el dolor regresará a la intensidad conocida, sé que suena cobarde, pero mi cuerpo me está pidiendo a gritos que me detenga.
Me encuentro en uno de los camastros a un lado de la alberca, rascando la cabeza de Toretto que está sobre mis piernas, recordándola.
Frankco: Su licuado y su medicamento, Sr.
Terry: No quiero renunciar, Frankco, pero no creo poder continuar, el cuerpo ya no me da para más.
Frankco: Hablé con el doctor Tarson, le gustaría revisarlo.
Terry: A mí me gustaría mandarlo al carajo. Si es necesario el chequeo lo haré con otro médico.
Frankco: Usted sabe que no es conveniente y desde la segunda semana necesita una revisión que se ha estado posponiendo, podríamos ir mañana, también es necesario hacerle algunos análisis.
No puedo más, ya he pasado por esto una vez y puedo intentar seguir con los ejercicios la siguiente semana, pero por más que me lo proponga no podré terminarlos. Hay cientos de médicos que puedo consultar, sin embargo, ninguno está tan empapado de mi caso y le llevaría un tiempo ponerse al día.
Debo guardarme mi orgullo si quiero seguir adelante, este maldito infierno tiene que valer la pena de alguna forma.
El Doc me recibe con la mirada baja y la voz amable. En su oficina me toman un par de muestras de sangre, me retiro la camisa y el vendaje para que pueda revisarme, aunque quiere ocultarlo se sorprende ante mi desgaste físico y la inflamación.
Dr.: Has bajado mucho de peso.
Terry: El espejo no necesita un título profesional para decirme eso.
Dr.: Deja tu sarcasmo de lado ¿quieres?
Terry: No tengo apetito y he perdido el sentido del gusto. Devuelvo el estómago tres o cuatro veces por semana. Sin mencionar que el dolor es permanente y cada día se vuelve más insoportable.
Dr.: Lo sé, Terry, lo sé, tendremos que bajar la intensidad de los ejercicios.
Terry: Eso solo alargará el tiempo de rehabilitación.
Dr.: Si sigues a este ritmo no lograrás terminarlo, fue justo lo que ocurrió la ocasión anterior.
Terry: He seguido al pie de la letra cada indicación suya. Lo que necesito es algo más fuerte para poder continuar al mismo ritmo sin tanto maldito dolor.
Dr.: Un medicamento más fuerte te mantendrá somnoliento, incluiremos electroestimulación muscular, eso te ayudará.
Terry: ¡Genial! Ahora pretende electrocutarme.
Dr.: Al menos no has perdido tu sentido del humor.
Le dedico una mirada de pocos amigos y nos dirigimos a hacerme el estudio del TAC (Tomografía Computarizada Axial), una vez que salgo, Frankco y yo vamos a desayunar para perder un par de horas y después regresamos al consultorio.
Dr.: Pasen, los estaba esperando, hijo. (Que me llame hijo es peor que una mentada de madre, aún más ese tono considerablemente amable, mas no voy a gastar las pocas energías que tengo en discutir con él, al menos no por el momento).
Terry: ¿Y bien?
Dr.: Los valores de tus análisis sanguíneos se encuentran un poco más bajos de lo normal, si te has mantenido es gracias a los suplementos alimenticios, por eso la debilidad y los mareos.
Terry: Eso ya lo sabía, dígame algo nuevo.
Dr.: El avance que has tenido en el hombro es considerable, te felicito.
Terry: Métase sus estúpidas felicitaciones por donde no le dé el sol. (La sangre me hierve, me pongo de pie con la firme intención de salir).
Dr.: ¡¡Espera!
Terry: No vine a perder mi tiempo.
Dr.: ¡¡Espera!! (Estoy a un paso de la puerta). ¡¡Espera, carajo!! (Nos fulminamos con la mirada, hay tantos reproches en medio de ese silencio incómodo, hasta que se da por vencido y baja la mirada). Haremos algunas modificaciones en la rehabilitación. (Añade con un tono más sereno).
Terry: ¿Terminaré en el mismo tiempo?
Dr.: No, es imposible.
Terry: Entonces no disfrace el escenario, no hará modificaciones, solo la alargará.
Dr.: Necesitas un descanso.
Terry: ¡¡Lo que necesito es que esto acabe!!
Dr.: No podemos hacer otra cosa.
Terry: ¿Podemos? Yo no lo veo partiéndose de dolor día y noche.