El Infierno en el Paraíso 22
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TERRY

Una profunda y fría desolación invade a mi Paraíso, como una espesa neblina opacando por completo cualquier rayo de luz.

Paso una de las peores semanas de mi vida, sin querer levantarme de la cama y teniendo que hacerlo, casi disfrutando del dolor físico que por momentos es tan abrasador que me impide cualquier otra sensación.

Frankco permanece tras de mí, empujándome a seguir adelante, aun en contra de mi voluntad.

No dejo de pensar en ella «¿dónde estará?, ¿con quién?, ¿estará pasándola tan mal como yo?, ¿o finalmente estará descansando de mí?».

Toda la semana me he abstenido de preguntar por ella, sin embargo, el domingo que finalmente puedo descansar un poco, su ausencia se profundiza y no puedo contenerme más.

Terry: ¿Dónde está?

Frankco: ¿A quién se refiere, Sr.?

Terry: No te hagas el imbécil que no te va. Paty, ¿dónde está?

Frankco: No lo sé, Sr.

Terry: ¿Cómo demonios no vas a saberlo? ¿A dónde la llevaste?

Frankco: Al aeropuerto. No utilizó el jet, salió en un vuelo comercial y no me dejó acompañarla a comprar el boleto, así que no sé a dónde fue.

Terry: ¿Cómo carajos la dejaste sola? ¿Cómo demonios no sabes su paradero? ¿Si le pasó algo?, ¿no has hablado con ella?

Frankco: Si no quiso que la acompañara a comprar el vuelo, es porque no quería que usted supiera a dónde iba.

Su respuesta me enfría la sangre, tiene razón, la he lastimado tanto que quería desaparecer sin dejar rastro.

Cuando la habitación se vuelve demasiado estrecha y comienzo a asfixiarme salgo de ella, su puerta me llama, sería masoquista entrar, mas no puedo contenerme.

Está en perfecto orden, hay varias pinturas incluso una sobre el bastidor que no había visto, lleno de colores vibrantes, un corazón en el centro siendo atacado desde todos los ángulos…

ella es el corazón, y yo… todo lo que la ataca.

Su laptop y el celular están en el tocador, al abrir el clóset descubro dolorosamente que ha dejado la mayoría de su ropa, los vestidos con los que me encantaba verla están aquí, por eso llevaba tan poco equipaje cuando se fue, seguramente prefirió no llevarse nada que le recordara a mí.

Su esencia está en esta habitación, casi puedo verla en bóxer pintando por horas, creando… o refugiándose de mí.

Apenas ha pasado una semana y no me he detenido a pensar en Lía que a estas alturas debe estar a punto del colapso con tanto trabajo, me froto la frente, no tengo la mente clara para encontrar una candidata para el puesto, podría llamar y ofrecerle trabajo a una de mis exasistentes, pero ¿a quién? , además, salieron odiándome.

Bajo al jardín donde Toretto está esperándome como siempre, Frankco constantemente está cerca, por si algo se me ofrece, así que lo llamo.

Terry: Deberías ir a ver a tu chica y darle un masaje, debe estar muy estresada con el trabajo de la oficina.

Frankco: Prefiero permanecer aquí.

Terry: Ya redoblaste la seguridad, tómate el resto del día libre y dile a Lía que contraten una asistente, o si le parece buena idea contratar a una de mis exasistentes, lo haga.

Frankco: ¿Para el puesto de su asistente personal? (Siquiera pensar en reemplazarla, me provoca náuseas).

Terry: No, para asistirla a ella, sabemos de sobra que yo no regresaré a la oficina en un buen rato, así que finalmente tendrá su propia asistente, se la ha ganado, también menciónale que no podré darle vacaciones por el momento, eso sí, le subiré el sueldo un 20%, que mañana me mande su aumento junto con los demás documentos a firmar.

Frankco: Se lo agradezco, pero dudo que una de sus exasistentes quiera ser asistente de Lía.

Terry: Yo también, que abra una convocatoria entonces.

Frankco: ¿Puedo preguntarle algo, Sr.? (Asiento). ¿Por qué no ha despedido a Jesse?

Terry: Porque de no ser por su buena puntería, el idiota que me disparó, habría tenido tiempo de dispararle a Paty… y porque si lo despido, no tendré a quién fastidiar, además, ¿quién va a bañar a Toretto?

Frankco sonríe agradecido y se despide asegurando que regresará para mi vendaje antes de dormir. Observo el quiosco al final del jardín, no me apetece acercarme, es la primera vez desde que lo mandé a construir que no quiero aproximarme, ya no provoca en mí lo que solía ser.

Me siento en el jardín con Toretto a un lado, pensándola, añorándola…

PATY

La mañana siguiente salimos muy temprano de la ciudad, no puedo creer que Ángel esté haciendo todo esto por mí, aunque no debe sorprenderme tanto, él siempre ha hecho honor a su nombre, es mi ángel protector, además, no me ha hecho ninguna pregunta, sin embargo, yo necesito sacar todo esto que me está quemando por dentro.

Serán diez horas de camino en carretera, así que hay suficiente tiempo para hablar, al principio me asegura que no necesito contarle si no quiero, pero la verdad es que sí, lo necesito.

Le cuento todo desde el principio, lo bien que nos la estábamos pasando hasta el terrible ataque y los dos meses que pasó en coma, hasta la operación a la que él se negaba y su despertar.

Los dolores terribles y constantes que padece, su carácter explosivo culpándome constantemente hasta su cruel despido.

Ángel me escucha en silencio, sujetándome la mano.

Paty: ¿No dirás nada?

Ángel: Lo lamento. Lamento que pasaras por un ataque así, que vieras al hombre que amas caer de un balazo; la angustia del tiempo que estuvo en coma y que el médico te pusiera en una encrucijada y me enfurece que cargues ese sentimiento de culpa por él, que soportaras tantos malos tratos, sin embargo, ahora estás aquí, libre de ese infierno, necesitas recuperarte, recuperar tu fuerza, ver hacia adelante.

Debes amarlo mucho para soportar todo lo que te hizo, pero debes amarte más a ti.

Paty: No dejo de pensar en si estará siguiendo con su rehabilitación.

Ángel: Tú hiciste todo lo que estuvo en tus manos, sabes que él y yo no simpatizamos, pero no le deseo a nadie por lo que está pasando, además, dudo mucho que sea de los tipos que se den por vencidos…

por muy difícil que esto sea, él ya tomó una decisión, ahora es tiempo de que tú tomes la tuya y la única que voy a permitirte tomar, es seguir hacia adelante ¿de acuerdo?

Por primera vez desde hace mucho, me siento cuidada y con un poquito de paz, a pesar de todo.

TERRY

El tiempo transcurre demasiado lento, los minutos frente al dolor y el vacío de su ausencia se hacen eternos.

Cuando el dolor se vuelve agónico nubla mi mente, me impide sentir más allá de mis nervios retorciéndose y mis músculos estirándose, abriendo las cicatrices añejas, empolvadas por los resentimientos y endurecidas por el creciente odio.

Terry: ¿¿Por qué demonios estoy sometiéndome a todo esto?? (Pregunto en medio de mi delirio mientras sudo frío y mi piel arde).

Frankco: Para recuperar su vida.

Terry: ¿Cuál vida, Frankco? ¿Cuál vida?

La mañana siguiente sus ojos ausentes me despiertan, tengo clavada en la mente su mirada de reproche, de decepción, de dolor…

Mi cuerpo agotado es casi un desconocido, no puedo seguir con esto, me siento incapaz de ponerme en pie, padezco mareos constantes debido a la debilidad, en su gran mayoría provocada por mi falta de apetito y cuando el dolor me supera me provoca náuseas haciéndome devolver el estómago.

Miserable… me siento miserable, vulnerable, dependiente, exhausto.

Frankco: Es hora de su rehabilitación, Sr.

Terry: Hoy no, Frankco.

Frankco: ¿Qué pasa, Sr.?

Terry: ¿Necesito explicártelo?

Frankco: Solo hoy y mañana, el domingo podrá descansar.

Terry: Hoy no, Frankco. (Repito cansado).

Frankco: Ni siquiera ha desayunado.

Terry: No puedo, Frankco… hoy no.

Frankco: Claro que puede, aún no es hora de darse por vencido.

Terry: Necesito un descanso, necesito al menos lograr levantarme sin marearme para continuar.

Frankco: Para eso necesita alimentarse.

Terry: Lo sé, pero me es imposible pasar bocado, las náuseas no me dejan.

Frankco: Necesita hacer un esfuerzo.

Terry: ¿En serio? ¿Crees que no me he esforzado lo suficiente?

Frankco: No quise decir eso, yo sé mejor que nadie el esfuerzo que realiza cada día. Le pediré un licuado de proteína con sabor a chocolate. Siga descansando, pero la rehabilitación de la tarde, no se la saltará.

Deja la habitación sin darme oportunidad a responder. En cualquier otro momento me habría enfadado, mas no tengo fuerza ni ánimo para hacerlo, estoy a un paso de mandar todo a la mierda.

Frankco no me ha dejado descansar, si no fuera por él, esta semana habría mandado todo al carajo, solo he avanzado un 50% de movimiento en el hombro, no puedo detenerme, al menos no hasta lograr el 80% que tenía antes de que toda esta pesadilla comenzara.

Me encuentro en un camastro al lado de la alberca con Toretto, es el día en que descanso, si es que a esto se le puede llamar descanso.

El maldito celular no deja de vibrar con un montón de mensajes y correos electrónicos, entro para borrarlos sin siquiera abrirlos, son los chicos, Sofi, algunos del Doc, leo un par de algunos empresarios importantes, mas no hay nada que puedan ofrecer en este momento que me interese, así que sin más borro todo hasta que llego a las notificaciones de los bancos, abro uno por uno hasta encontrar una transferencia de la cuenta de Paty, justo el mismo día que se fue, es por una buena cantidad de dinero, tengo que leerla un par de ocasiones para asegurarme de que es de ella.

¡¿Por qué demonios hizo esto?!

Tengo un correo electrónico que envió antes de la transferencia que por ignorar el celular no había visto, donde menciona que el dinero es por el pago que hice por la casa de su padre, que aún falta, pero que en cuanto tenga el resto me lo hará llegar.

Cubrí esa deuda sin ningún interés, solo por el placer de verla tranquila, para que volviera a sonreír, fue un obsequio y este gesto es como si me aventara los billetes a la cara…

¡Un momento!, si no tiene dinero ¿a dónde demonios fue?

Intento hacer una transferencia por la misma cantidad a su cuenta, mas no me permite hacerlo, seguramente la ha cancelado. Llamo a Frankco y aparece de inmediato.

Terry: Tú debes saber en dónde está, ¿dónde demonios está Paty? (Medita la respuesta). ¡No me digas que te comió la lengua el ratón! ¿Dónde está?

Frankco: No lo sé, Sr.

Terry: ¿No has hablado con ella?

Frankco: No, Sr., no dejó ningún número, nada.

Terry: ¿Y Adele? ¿No ha hablado con ella?

Frankco: Cuando se fue, me pidió que la despidiera de ella, que lamentaba no hacerlo personalmente.

Terry: Investiga entonces en dónde está, qué está haciendo, si se encuentra bien, ¡¡todo!!

Frankco: No creo que sea conveniente, Sr.

Terry: ¡¡Me importa un carajo lo que tú creas!!

Frankco: Usted decidió sacarla de aquí por una razón, deje que ella siga su camino y enfóquese usted en el suyo. (Sí, fui yo quien la corrió del Paraíso, de mi vida, es una daga que yo mismo me clavé, pero… necesito saber al menos que está bien).

Terry: ¡Te estoy dando una orden!

Frankco: Y la acataré como todas las que me ha dado. Pero irrumpir en su vida en este momento solo va a joderla más de lo que ya lo hizo.

Un enorme sentimiento de culpa y angustia aumenta en mi pecho por todo lo que le dije durante semanas, por la forma en que la corrí ¡¡soy un maldito animal!!, y Frankco como siempre tiene razón, debo dejar que recupere la tranquilidad y estabilidad que yo le arrebaté.

Terry: Me regresó todo el dinero que le pagué desde que entró a trabajar para mí. Solo necesito saber que está bien, que no está pasando carencias, o ha tomado algún empleo que no vaya de acuerdo a sus capacidades. ¡Necesito saber que está bien!

Frankco: ¿Por qué haría algo así?

Terry: Por el pago de la casa de su padre, ese era un obsequio, en cierta forma estaba tranquilo porque imaginé que debía tener ahorrada una buena cantidad de dinero, pero así… averigua dónde está.

Le envío un correo electrónico, pero me lo regresa, la dirección ya no existe.

Tal vez el Doc tenga idea de dónde se encuentra, pero no tengo intención de pedirle absolutamente nada, llamarle a sus padres sería preocuparlos y no quiero meterla en algún problema, no me queda más que esperar a que Frankco me consiga la información.

Una vez más tengo un remolino de sentimientos, le obsequié el saldar la deuda con todo mi cariño y sin ningún interés, ¿qué demonios pensaba de mí? ¿Que un día se lo cobraría? ¿Tan poco me conoce? ¿Tan desgraciado me considera?

Solo quiero que esté bien, sin importar el daño que me ha causado, prefirió librarse de un enfermo, ignorando el sufrimiento que me causaría.

Nunca creí que precisamente ella pudiera lastimarme tanto…

Necesito un aliciente, algo que me haga olvidar, aunque sea por un momento, el dolor y todo lo que no deja de girar en mi cabeza o terminaré volviéndome loco.

Lo único que puede provocarme un poco de alivio es el sexo, así que le solicito mi cita a Frankco, esta ocasión no es al azar, no tengo ánimos y mucho menos fuerzas para complacer a nadie y Liz es la indicada, hace mucho pertenece a mi agenda.

La conocí en Las Vegas, en un prestigioso y muy exclusivo table dance, ahora trabaja para mí, dando shows privados para los más importantes clientes del Delux.

Tengo meses sin compartir con ella y me arrepiento de ello en cuanto la veo, es una stripper profesional, alta, de cuerpo atlético, piel tostada por el sol, con una larga melena dorada.

Se presenta usando una gabardina blanca, un sombrero y unas zapatillas rojas a juego con el labial. Metida en su papel, me pide que me ponga cómodo y disfrute del show.

Se hace cargo del mando del sistema de sonido y un suave blues se apodera del ambiente; al descubrirse, la lencería de encaje y las medias caladas sostenidas por el liguero lucen realmente provocadoras, es de las pocas que le han dado un buen uso al tubo de la habitación.