20 #4
Paty: Yo sé que, con mis cuidados, con mi amor… (Tenía la esperanza de que entendiera la situación, debe comprender que no quiero continuar lastimándola y que, al apartarla, estoy renunciando a lo único bueno que he tenido en mi vida, es lo mejor para ella, necesito protegerla, protegerla de mí).
Terry: Date cuenta de que te estoy destruyendo y terminaré convirtiendo ese amor que dices tenerme en odio. Me vuelvo irracional, mi cordura se nubla, escupo veneno con el fin de lastimarte… y lo consigo, hace una semana te tiré de un empujón, ¿qué haré la siguiente vez que no pueda controlarme?
Paty: Eso fue un accidente, yo me tropecé con el banco.
Terry: ¡¡No me disculpes!! Es verdad que no era mi intención que cayeras, pero si no te hubiera empujado eso no hubiese ocurrido, no medí mis actos, ¡¡te lastimé!
! ¿Te das cuenta de lo que te hice? ¿Te das cuenta en lo que me he convertido?
, estando en mis cabales jamás me atrevería, te juro por lo más sagrado que no quise…
Paty: Lo sé… yo lo sé.
Terry: Entonces estás consiente de que he perdido el control.
Me estoy volviendo loco despreciándote y queriéndote al mismo tiempo.
Deseando lastimarte y arrepintiéndome. Alejándote y necesitándote.
Sabes que esto es lo mejor para ti… tal vez para mí también…
no quisiera, pero no hay otra solución, me duele infinitamente, sin embargo, no hay otra manera.
(Un par de lágrimas se desprenden de sus cristalinos ojos verdes).
Paty: No puede hacer esto. (Se levanta para colocar una mano en mi pecho).
Esto es mío… no me lo quite. (Sus palabras provocan una herida muy profunda en mi alma, recuerdo que esa frase se la dije para que me permitiera seguir disfrutando de sus labios que tanto necesitaba.
Tomo su mano y la oprimo contra mi pecho).
Terry: No te lo quito… te lo llevas contigo.
Paty: Yo sé que podemos.
Terry: ¿Sabes cuánto medicamento tuve que tomar para poder hacerte el amor? Y aun así no pude hacerlo como deseaba, ¡¡¡carajo, Paty, no puedo no culparte por esto, no puedo!!!
Paty: Tal vez con el tiempo… (No está dejando opción, me está obligando a hacer lo que no quiero).
Terry: No habrá más tiempo, porque tú te vas.
Paty: No puede tomar la decisión de protegerme, esa decisión no es suya.
Terry: Y tú sí pudiste tomar la decisión de hundirme en este maldito infierno, ¡¡tú sí!
! Te equivocas, en este maldito Paraíso quien decide soy YO y tú te vas hoy mismo.
¡¡Estás despedida!! (Se abraza a sí misma sin soltar la sábana que la cubre, parpadeando para contener las lágrimas que se mantienen al borde del abismo).
Paty: ¿Para qué me trajo aquí? ¿Para qué me hizo el amor?
(Pregunta acusadoramente, aumentando el tono de voz).
¿¿Para qué?? (Quería disfrutar por última vez de su piel, tener un dulce recuerdo de su imagen, adorar cada parte de su cuerpo, sentirla mía…
quererla… Sin embargo, la verdad no haría más fácil la despedida, así que respondo como el hijo de puta que ella necesita odiar para irse).
Terry: No iba a despedirte sin usarte primero.
El desprecio se dibuja en su rostro, lo he conseguido, veo claramente cómo levanta la mano, puedo esquivar o detener la bofetada, pero lo merezco, me la he ganado desde hace mucho y me encantaría que fuera mucho más, tal vez así podría limpiar un poco tanta culpa. Además, no le quitaré el gusto.
El sonido seco de su mano golpeando mi rostro retumba en el agudo silencio de la habitación.
Enfrentarme a mis miedos es algo que me he visto obligado a hacer desde niño, no obstante, enfrentar la angustia de su desprecio, la soledad infinita que su ausencia deja en mi alma, es lo peor que he enfrentado.
Tengo que exterminar cualquier esperanza. Levanto su ropa del suelo y se la extiendo.
Terry: Haz tus maletas, no quiero que pases una sola noche más en mi casa, Frankco te estará esperando para llevarte a donde le indiques, en el jet se encuentra el piloto por si prefieres salir de la ciudad.
Su mirada está envenenada de desprecio e incredulidad, duele saber que esta imagen será la última que veré de ella y ese sentimiento el que se llevará de mí.
Me arrebata la ropa de las manos y sale de la habitación tras un fuerte portazo, por un segundo quiero ir tras ella, aferrarme con fuerza a su cintura, fundir mi piel a la suya y no despegármele hasta despertar de esta maldita pesadilla en la que se ha convertido mi vida…
Sin embargo, eso no pasará “Nadie dijo que la vida fuera fácil”, pero este infierno me está devorando vivo.
Pego la frente a la puerta, la golpeo lentamente, gruño, no de dolor, sino de desesperación y angustia.
Pierdo la noción del tiempo mientras estoy pegado a la puerta, conteniéndome para no impedir que salga de mi Paraíso, de mi vida.
Cuando escucho que sale de su habitación, camino hasta el ventanal donde se puede ver la entrada de la casa. Paty se sube inmediatamente a la camioneta en la que la espera Frankco por orden mía, él se encarga del par de maletas y arranca.
La imagen de ella alejándose se emborrona por el ácido que carcome mis ojos, mi Paraíso arde, mi alma, mi esencia, mi vida se reduce a cenizas con la profunda desolación de su ausencia…