20 #3
Recorro su cuello con besos hasta llegar a sus senos, los disfruto, su cuerpo se retuerce de placer entre mis manos.
Bajo por su vientre, lamo y mordisqueo los huesitos de su cadera.
La invito a flexionar una pierna para besar su muslo hasta el vértice que muero por probar, su aroma y humedad avivan mi deseo.
Separo sus piernas para poder contemplarla, la beso, lamo y degusto su delicada piel sonrojada por la excitación, mi miembro late al escuchar cada gemido, succiono hambriento ese punto donde se unen más de ocho mil terminaciones nerviosas al tiempo que levanto la mirada, verla disfrutar de esa manera, escucharla, degustarla, me está volviendo loco.
Está cerca de terminar, pero quiero que me espere, quiero sentirla estallar alrededor de mí.
Me separo para bajar mi short junto al bóxer, su mirada deseosa sobre mi miembro erecto me calienta aún más.
Me gustaría arrodillarme entre sus piernas para tomarla, sin embargo, el dolor en el hombro no me lo permitiría, así que me siento en la cama recargándome en la cabecera y la guío entre besos para que suba a mi regazo.
Me acaricia de abajo hacia arriba una y otra vez, vibro ante su contacto y debo detenerla, estoy tan excitado que de dejarla un poco más no podría contenerme.
Terry: Necesito estar dentro de ti…
Me guía hasta su húmeda entrada al tiempo que la sujeto por la cadera. Pega su frente a la mía, siento cómo sus pétalos se abren mientras lentamente se deja caer sobre mí.
Gime con fuerza y tengo que hacer gala de todo mi autocontrol para no enterrarme hasta las pelotas, hacía meses no estamos juntos y quiero que sea a su ritmo.
Terry: Despacio, nena… así… despacio… (Me deleito con la tortuosa lentitud con la que se deja caer, dejándome saborear cada centímetro en su interior. Ambos gemimos extasiados). Un poco más, nena… solo un poco más…
Cuando finalmente llego al fondo, la abrazo hundiendo mi rostro en su cuello y empujo en su interior, su gemido retumba en las paredes de la habitación.
Lentamente sus caderas comienzan a danzar, mientras yo disfruto de sus senos, entrar y salir de ella es sin duda la mejor sensación que he conocido.
Nuestra respiración se acelera, perlas salinas hacen brillar su dulce piel, sus gemidos me transportan a otro mundo, donde solo ella y yo existimos, está cerca, la siento y yo solo estoy esperándola para poder derramarme en su interior. La sujeto firmemente por la nuca.
Terry: ¡Mírame! (Suplico y se esfuerza por abrir los ojos). No hay nada más maravilloso en este mundo que tu rostro cuando me mojas… ¡Mójame, nena, mójame!
Tres movimientos profundos de sus caderas bastan y su cuerpo convulsiona, sus gemidos alcanzan el punto máximo y su interior se contrae succionándome, gimo con la misma fuerza que ella, mis músculos se tensan y me siento extasiado, liberado al derramarme en su interior.
La abrazo con fuerza, deseo que mi piel se funda con la suya, que este momento perdure para siempre…
Cuando recuperamos el control de nuestra respiración, mis sentidos y mi mente regresan a la realidad. Su rostro descansa sobre mi pecho.
Terry: Mírame. (Levanto su extasiado rostro). ¡Te necesitaba tanto, hermosa!
La beso con dulzura mientras empujo lentamente en su interior y acaricio su espalda.
Disfrutar de su calidez y nuestra humedad después del orgasmo es algo que solo he necesitado con ella y es sumamente delicioso, aún más íntimo que llegar juntos al clímax, como si nuestras almas se conectaran más allá de lo carnal, es indescriptible.
Con mis movimientos su respiración poco a poco se va acelerando provocando que recobre por completo la dureza en su interior, elevando nuestro deseo, levanta el rostro y captura mi boca, me ha extrañado tanto como yo a ella.
Después de nuestro segundo asalto permanecemos en silencio, llenándonos el uno con el otro, no quiero que este momento termine, sin embargo, el dolor empeora y tengo que hablar con ella.
Se levanta y me acerca una pastilla, la recuesto a mi lado y beso con desesperación, aspiro profundamente y tomo valor de donde no lo hay.
Terry: Te he hecho demasiado daño…
Paty: Mi Sr…
Terry: Déjame terminar. Toda esta semana me abstuve de verte, no porque no quisiera, sino porque sentía vergüenza por cómo te he tratado todo este tiempo, en el cual solo te has dedicado a cuidarme; quería poner en orden mis pensamientos, encontrarme en medio de este tormento y lo único que me queda claro, es que me he convertido en un desgraciado que no es digno de ti, no mereces que te trate de esta forma tan baja.
Paty: Todo irá mejorando…
Terry: No, nena… nada mejorará, al contrario, como te lo dije una vez, todavía puedo ser peor.
Paty: ¿Qué me está queriendo decir? (Se separa de mis brazos sentándose en la cama, llevándose la sábana pegada al pecho para cubrirse).
Terry: Mi situación física empeorará aún más y con ella mi rabia, mi rencor, mi ira… Seguiré culpándote día a día por esto a ti y al doctor Tarson; te quiero, Paty, te quiero como nunca creí que pudiera querer a una mujer, pero lo mejor es… que te vayas del Paraíso.
Me invade un profundo dolor en el pecho, sus ojos se humedecen, aprieta con fuerza la sábana que cubre su perfecta desnudez.
Paty: No… no lo está diciendo en serio.
Terry: Sé que me quieres… tal vez es verdad que me amas, si no fuera así, no soportarías tantas humillaciones de mi parte, pero no te las mereces.
Paty: No, no me las merezco, pero usted ya se dio cuenta de eso, la forma en como hemos enfrentado esta situación puede cambiar a partir de ahora.
Terry: Nada cambiará, nena, porque la gente NO cambia, mi actitud contigo continuará siendo la misma y no quiero seguir lastimándote.
Paty: No, yo le prometí que no me iría, le prometí que estaría a su lado en las buenas, en las malas y en las peores, yo he tenido paciencia y puedo seguir teniéndola el tiempo que sea necesario, seguiré apoyándolo hasta que esto pase, porque tarde o temprano pasará.
(Me levanto de la cama y me coloco la bata, sus ojos húmedos y su voz desesperada por convencerme me están desgarrando el alma).
Terry: No hagas esto más difícil.