El Infierno en el Paraíso 20 #2
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20 #2

Terry: Si yo me recuperaba, tú ya no tendrías que atenderme cada día, todos los días.

Paty: Noo, eso no es así.

Terry: ¡Entonces dame una maldita buena razón para haberme condenado!

Grita y arquea la espalda, alcanza a pedir entre dientes la inyección. Frankco ya está preparado para esto tras la puerta. Entra y lo inyecta mientras con la mano derecha me sujeta con fuerza mirándome profundamente, esperando una respuesta.

Paty: Lo amo. (Es todo lo que puedo decir, mientras el azul de sus ojos se apaga tras sus cansados párpados). Esto es demasiado, Frankco.

Frankco: Lo sé, el doctor Tarson sabe por lo que está pasando.

En la operación anterior lo convenció para hacérsela, él sabía que sería doloroso, aunque nunca le explicó a qué grado, se lo echó en cara y a la segunda semana dejó de recibirlo, yo me hice cargo de la rehabilitación, no lo vio hasta mucho después cuando renunció a ella tras haber logrado el 80% del movimiento, se esforzó, sin embargo, no pudo más.

Tardaron en limar asperezas, pero su relación nunca volvió a ser la misma.

Paty: Nunca me perdonará.

Frankco: Es extraordinaria la dedicación que le ha brindado a él y al Paraíso, se ha hecho cargo de todo desde que los atacaron, el Sr. es un hombre rencoroso, pero es inteligente y la ama.

TERRY

Entre penumbras veo su rostro, me esfuerzo por enfocar la mirada, dudo de si estoy dormido o despierto.

Poco a poco su imagen se aclara, quiero hablar, pero mi garganta raspa con un sabor amargo, la aclaro un poco con el agua que me brinda.

Anoche caí desfallecido sin ducharme, mi olor debe ser asqueroso.

Me incorporo lentamente en la cama, con el dolor tensando cada músculo de mi cuerpo, voy a levantarme y ella me toma del brazo para ayudarme, la rabia me inunda, esto es humillante.

Terry: Puedo solo. (Escupo entre dientes, mientras la habitación da vueltas a mi alrededor).

Paty: Déjeme ayudarlo.

Terry: Estoy cansado de ti (doy un paso hacia ella, el mismo que ella retrocede).

Estoy harto de que me duelas, estoy fastidiado de que consumas mi alma y mente cada maldito día de mi caminar en este infierno.

(Continúo avanzando hacia ella y ella a su vez hacia atrás, mi sangre es lava ardiente por la ira).

Este es el maldito tercer infierno por el que tengo que caminar; el primero fue por el conde, mi padre, el que se suponía debía protegerme, no se cansó de humillarme y golpearme hasta su último aliento.

El segundo; el doctor Tarson, ocultándome lo que padecería si me operaba, y el tercero tú.

La única mujer a la que he querido, (el dolor explota).

La única a la que le he hecho el amor, no te mereces el trato que te di.

¡Para lo único que ha servido tu presencia aquí, es para arrepentirme de ella!

(Sus enormes ojos verdes me miran con horror, una fuerte punzada me dobla en medio de un gruñido.

Susurra mi nombre y siento su mano tocándome el brazo, la aparto de un empujón). ¡¡Suéltame!!

Retrocede un par de pasos, tropieza con el banco del tocador y cae de espaldas, mi sangre ardiente se congela en fracción de segundos ¿qué hice?

, no puedo moverme, el dolor me tiene paralizado, me yergo lentamente como si todo ocurriera en cámara lenta, mientras ella permanece en el suelo; veo miedo en sus ojos, quiero acercarme, asegurarme de que no se ha lastimado, pero no puedo moverme, no me reconozco a mí mismo, no sé quién es ella, en medio de la agonía, la rabia, los narcóticos, todo es confuso, la observo levantarse.

Terry: ¡Lárgate!

No quiero verla, no quiero que me vea así, desesperado paso los dedos por mi cabello, estoy avergonzado de en lo que me he convertido, en lo poco que queda de mí, ¿cuánto más me voy a hundir?, ¿cuánto más arderé?

Caigo de rodillas y grito, no de dolor, de frustración, de desesperación, de asco al desconocerme, de miedo, un terrible miedo a rendirme y… perderla.

Paso el día tratando de entender, de recobrar el control, necesito pensar, necesito aclarar mi mente, pero es complicado con el dolor atormentándome.

Al terminar el día, le mando un mensaje a Paty diciéndole que no quiero verla más a ninguna hora del día, que evite encontrarse conmigo. Es lo mejor para ella.

Me torturo el resto de la semana recordando su imagen cayendo al suelo, ¡yo la empujé!

, ¿cómo demonios pude hacerlo?, ¿en qué momento me convertí en esto?

Las últimas semanas no he hecho más que lastimarla, torturarla, humillarla…

Mientras ella se ha dedicado a atenderme, cuidarme, desvelarse procurando mi sueño y bienestar.

«¡Soy un hijo de puta!».

Cada vez que el dolor se vuelve insoportable, no hago más que despreciarla, pero la necesito, la necesito a mi lado. Si continúo así me volveré loco y la destrozaré en el camino, lo he estado haciendo y ni siquiera me lo he propuesto.

Termino la semana con los narcóticos quemando mis venas para lograr un momento de paz, pero esta vez su mano no sostiene la mía…

La mañana siguiente, al despertar, Adele es quien se encuentra a mi lado, después de traerme el desayuno se retira a descansar.

Medito la única salida que le encuentro a todo esto, me estoy consumiendo en vida, no solo física, sino emocionalmente y a su paso la estoy aniquilando en mi camino.

Reúno toda la fuerza que me es posible, tomo tres pastillas para el dolor de un solo golpe y me dirijo a su habitación. Cuando abre la puerta su perfecta imagen me acaricia los sentidos, sus ojos preocupados me enternecen.

Paty: ¿Se encuentra bien? (No respondo, yo nunca estoy bien. Recorro sus hermosas facciones con la mirada, quiero tocarla, sentirla, sin embargo, tengo miedo a que me rechace, tiene todo el derecho de hacerlo).

Terry: ¿Me acompañas? (Me observa por un momento, contrariada, antes de asentir, le doy el paso y camina frente a mí, desprendiendo ese aroma dulce que me embriaga.

Al llegar a mi habitación cierro la puerta y me detengo frente a ella, admirándola, está nerviosa, su respiración extremadamente pausada la delata a pesar de su fingida seguridad, me observa fijamente y yo me pierdo en su mirada, me arde la piel y los labios por tocarla).

Terry: ¿Puedo tocarte? (Pregunto en un susurro cálido).

Paty: Usted nunca ha pedido permiso para eso.

Terry: Lo sé… solo temo hacerlo y que no te apetezca, no quiero incomodarte.

(Coloca la palma de su mano sobre mi pecho, el calor de su piel me reconforta, la tomo y beso sus nudillos, me acerco anulando el espacio entre nosotros para besar su frente.

Suelta el aliento que estaba conteniendo, acaricio su brazo con la punta de mis dedos reconociéndola).

Tu piel es suave… tersa… (Bajo los labios a su hombro desnudo para besarlo, la siento estremecerse; paso la mano delicadamente por su cintura, pego mi frente a la suya e inhalo su aliento para después acariciar sus labios con los míos aun temiendo que se aleje, pero no lo hace, en cambio cierra los ojos dándome acceso a su boca, lentamente nuestras lenguas se entrelazan, se saborean).

Terry: Te necesito tanto, hermosa, tanto.

Paty: Mi Sr... (Uno mi frente a la suya).

Terry: Me siento indigno de tenerte así, soy un maldito hijo de…

Paty: ¡Shhhh! No diga eso.

Terry: ¿Me permitirías hacerte el amor?

Paty: Yo soy suya, mi Sr… (Pego con fuerza mis labios a los suyos en un arrebato incontrolable de anhelo, cuando nos separamos nuestras respiraciones se han acelerado y sus mejillas sonrosado. Tomándola de la mano la guío a la cama para sentarme en ella). Déjame admirarte.

Suelta su cabello que mantenía en una coleta alta, las ondas caoba caen por sus hombros, desprendiendo más aroma a chocolate, se deshace de la blusa, después del short, quedando solo con un conjunto delicado de encaje blanco.

La acerco, con una mano desabrocho su sostén y la delicada prenda cae revelando frente a mí los deliciosos y perfectos senos que tanto extraño.

Los rozo con la nariz y labios mientras ella hunde los dedos en mi cabello.

Bajo la delicada prenda interior y una vez que queda deliciosamente desnuda, la insto a dar un par de pasos hacia atrás para poder admirarla, es tan hermosa, tan sensual…

El mundo deja de girar, el tiempo deja de transcurrir y permanezco cautivado por su perfecta imagen.

Me levanto con sumo cuidado, aún en este momento el hombro no deja de recordarme mi deplorable situación física.

Acaricio su cabello con suavidad, tomo un mechón y lo llevo a mi nariz inhalando profundamente.

Entre besos la guío a la cama, al recostarnos no puedo evitar cortar el beso para reemplazarlo por un gesto de dolor, va a decir algo, pero la callo.

Terry: Estoy bien, solo, déjame quererte…