20
TERRY
El dolor es demasiado intenso, los espasmos incontrolables, la habitación se emborrona por momentos, gimo con cada punzada que mantiene mi cuerpo tenso, repleto de contracturas musculares por el esfuerzo, mientras Paty corta los vendajes, agradezco que esté a mi lado y al mismo tiempo me maldigo por quererla tanto.
Terry: Ya no puedo con esto…
Paty: Tranquilo, pasará.
Las náuseas se acumulan en la boca de mi estómago y suben por mi garganta, le hago una seña, toma el bote de basura y alcanzo a devolver el estómago en él.
La habitación se oscurece por un momento.
Me enjuago la boca con un poco de agua que me ofrece y caigo entre dagas que se clavan en la mitad de mi cuerpo, humillado, iracundo, impotente…
Terry: ¿Te das cuenta en la piltrafa en la que me convertiste?
Una nueva punzada me arquea la espalda y grito, apretando las sábanas con la mano derecha, la única en la que aún tengo control.
Paty: Tranquilo, mi Sr., esto pasará. (Mi piel arde, mi temperatura se eleva, «¿por qué demonios me hizo esto?»).
Terry: Maldigo la hora en que comencé a quererte. (Sus enormes ojos verdes llenos de preocupación se inundan, no me importa, el dolor me consume y es todo lo que puedo sentir).
Paty: Por favor, Sr.
Terry: Necesito la inyección. (Desesperado exijo entre dientes). Ya no puedo.
Paty sale de la habitación y regresa junto con Frankco, en un segundo coloca la liga en mi brazo y mientras la droga quema mis venas, toda imagen se va desvaneciendo, Paty cubre sus labios con ambas manos, las lágrimas que se desbordan de su mirada aceituna es lo último que veo.
Son sus facciones agotadas son lo primero que aparece ante mí al abrir los ojos, puedo verla gracias a que unos cuantos rayos del sol se cuelan por las espesas cortinas.
Tiene los ojos hinchados y la mirada opaca por las lágrimas que yo provoqué, la imagen de ella sollozando entre penumbras mientras caía inconsciente por los efectos del medicamente me remuerden el alma ¿qué estoy haciendo?
Terry: ¿Te quedaste aquí toda la noche? (Mi voz es áspera).
Paty: Sí, tranquilo, no se mueva.
Me ofrece un poco de agua para aclararme la garganta.
Estoy avergonzado por el trato que le he dado, por lo que le dije, por lo humillante que es no poder valerme por mí mismo, no quiero que siga viéndome así, no quiero continuar lastimándola, pero tampoco quiero separarme de ella, soy demasiado egoísta para eso.
Me ayuda a levantarme y una vez que la habitación deja de girar a mi alrededor, puedo llegar solo al cuarto de baño, lavo mi boca amarga y me doy una ducha.
Al salir la encuentro esperándome en silencio para colocarme la pomada y el vendaje, me siento miserable, sigue cuidando de mí a pesar de todo.
Bosteza un par de ocasiones, seguro no ha dormido en toda la noche.
Terry: Ve a descansar.
Paty: Sí, solo le subo el desayuno.
Terry: No tengo apetito.
Paty: Por favor, Sr., necesita alimentarse… por favor.
¡Qué calidad de mujer tengo a mi lado!, en verdad no tengo apetito después de lo de anoche, pero ¿cómo demonios negarme ante esa mirada suplicante?
, asiento sin ganas. Sale de la habitación y me siento en el reposet frente al ventanal del balcón, mi celular está a reventar de mensajes y llamadas perdidas, notificaciones, correos.
No tengo ánimos de abrirlos, solo quiero regresar a ser yo…
Paty trae consigo una charola, Adele está dándome la dieta que el doctor Tarson le ha indicado, seguramente tiene buen sabor, pero con tanto medicamento, mi sentido del gusto se ha opacado.
Terry: Ya trajiste la comida, ahora ve a descansar.
Paty: ¿Puedo hacer algo más, antes de retirarme?
Terry: ¿Por qué sigues aquí?
Paty: Porque lo quiero y no iré a ningún lado.
Terry: Aún puedo ser peor, Paty… deberías irte. (Suelto temiendo su respuesta, sin embargo, alejarse es lo mejor que puede hacer).
Paty: Lo amo y no lo dejaré. (¡Amor! Es la primera vez que menciona esa palabra desde que sabe lo que significa para mí).
Terry: El amor solo provoca que la gente haga cosas irracionales, tu estúpido amor te está hundiendo en el infierno, junto a mí.
Paty: Si tengo que quemarme, me quemaré. (Asegura).
Terry: ¡¡¡Ardamos entonces!!!, cuadra mi cita a las seis.
Sus ojos se cristalizan, su respiración se detiene por un momento, toma el celular frente a mí, fingiendo la seguridad que le caracteriza, teniendo el mismo resultado que yo, simulando en este momento no tener dolor.
Concierta la cita con Edith, una candente contadora venezolana y abandona la habitación.
PATY
Me dirijo a mi habitación, exhausta y con el alma desgarrada, nunca imaginé que el hombre que amo pudiera odiarme tanto.
Frankco asegura que es el dolor el que habla por él y quiero creerle, pero el rencor en su mirada es palpable, está claro que quiere herirme, hacerme pagar por traicionarlo y por más que trato de blindar mis sentimientos contra sus sarcasmos, cuando hace algo como esto, es imposible ser inmune.
Salgo de mi pieza hasta que Frankco me avisa que Edith ha llegado, la guío hasta su habitación y como siempre sale recién duchado, descalzo y envuelto en una bata de seda, la saluda con un beso en el dorso de la mano y me dice que me mandará un mensaje cuando se desocupe para que escolte a la chica y después lo atienda.
Me va a obligar a despedirla, a verle el rostro de satisfacción a la mujer con la que acababa de coger, no sé cuánto más voy a aguantar esto.
Tres horas después, escolto a Edith hasta la salida.
Estoy cansada, solo quiero dormir, sin embargo, subo a su habitación, esa que un día fue nuestra, después de lo que ha ocurrido, parece que fuera hace años.
Espero a que salga de la ducha, antes de la operación, después de estar con una chica se veía mucho más relajado, ahora eso no ocurre, su gesto frío y dolorido no mejora, le coloco la pomada, el vendaje, le doy sus medicamentos, le preparo la cama y mientras se recuesta mi celular suena, veo la pantalla y no contesto.
Terry: ¿Por qué no respondes?
Paty: En un momento le regresaré la llamada.
Terry: ¿A quién? ¿Quién es? (Dudo al responder, mas no se me ocurre nada más, así que digo la verdad).
Paty: Era el doctor Tarson.
Terry: Ese maldito…
Paty: Está muy preocupado por usted.
Terry: No me salgas con esa mierda, si no fuera por ustedes, ¡¡seguiría siendo yo!! (Lo dice con rabia, con rencor).
Paty: Lo hace porque lo quiere, sé que esto es complicado, pero su calidad de vida mejorará.
Terry: ¿Complicado? ¡¡Mi vida era complicada, esto es un maldito infierno!!
Paty: Lo sé…
Terry: Noo, no tienes ni puta idea lo que es abrir los ojos por el dolor que no te deja dormir, tener que lidiar con este suplicio todo el maldito día que parece no terminar, que la comida se vuelva insípida por tanta droga que necesito consumir y que aun así no me liberan de este maldito tormento; sentirte débil, mareado, con náuseas, esforzarte en realizar estúpidos ejercicios para lograr rotar centímetro a centímetro el hombro, mientras sientes cómo se te desprende el brazo del resto del cuerpo, querer desfallecer después de la rehabilitación para no tener que soportar cada punzada que hace imposible controlar tu cuerpo, mientras el resto de los músculos están contracturados por el esfuerzo, por la agonía que no tiene fin, porque al final del día sigue quemándote cada terminación nerviosa, desear poder dormir, descansar solo una maldita noche…
sentir la vergüenza de no valerte por ti mismo…
ser vulnerable queriendo mandar todo y a todos al diablo, cuando eres tú quien tiene que avanzar al séptimo infierno, porque según esto, ahí encontrarás el alivio, pero la verdad es que no sabes si llegarás, la verdad es que no puedes dar un solo paso más, la verdad es que ya no tienes de dónde sacar más fuerzas.
Su mirada cristalina, fija en un solo punto y su voz profunda llena de desolación me consume el alma, ¡¡Dios mío!! ¿Qué le hice?
Paty: Lo siento, mi Sr.
Terry: ¿Crees que con sentirlo basta?
Se cubre con las sábanas y sin mirarme me ordena salir de su habitación.
Ningún insulto, ningún sarcasmo ofensivo, incluso ni el saberlo en la cama con otra me dolió tanto como esas palabras salidas desde el fondo de su alma.
Una semana más comienza, le subo el desayuno cada mañana y lo atiendo cada noche, pero esta semana es diferente.
Después de abrirme el alma destrozada aquella noche, deja de insultarme, deja de menospreciarme y culparme por su estado, solo escupe órdenes fríamente…
sin mirarme, lo veo sufrir en silencio, solo dejando escapar los gruñidos agónicos imposibles de contener.
Deja de preguntarme por qué sigo aquí, deja de preguntar por el Paraíso, siento como si su fuerza se desvaneciera, como si se le estuviera yendo de las manos y no sé cómo ayudarlo.
El jueves en la noche me pide que no le lleve el desayuno al día siguiente, lo hace de una forma tan indiferente que casi extraño sus gritos.
El sábado en la noche, cuando termina su rehabilitación, Frankco tiene que ayudarlo a subir, yo no puedo, los espasmos apenas le permiten permanecer en pie, una vez recostado, devuelve el estómago, yo ya estoy preparada para ello, siento su vergüenza por su situación y eso me duele porque él no tiene la culpa de esto, no tiene por qué estar así.
Terry: No estudiaste una ingeniería para terminar siendo mi enfermera. (Su voz es baja y entrecortada mientras su temperatura aumenta. Esas fueron las palabras del doctor Tarson aquella noche que le dijo que yo sería su asistente).
Paty: No estoy aquí por un puesto, estoy aquí porque lo amo. (Limpio el sudor de su frente con una toalla húmeda con agua fría).
Terry: ¿Por amor me hiciste esto? Contéstame una cosa… ¿Pretendías mejorar mi calidad de vida? ¿O pretendías mejorar la tuya?
Paty: No entiendo a qué se refiere.
Terry: No querías vivir con un enfermo… por eso me hiciste esto, sin importarte las veces que me negué.
Paty: ¿Qué? ¡Nooo!