El Infierno en el Paraíso 19 #2
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19 #2

Me lame, me toma con ambas manos, subiendo y bajando, por primera vez desde hace meses mi respiración se acelera de placer, su lengua acaricia mi punta húmeda, succiona con fuerza y jadeo, lo disfruto, mis caderas comienzan a balancearse sin proponérmelo, me produce un enorme placer, meses han pasado desde mi último orgasmo y estoy a punto de culminar, mas no quiero hacerlo en su boca.

Sujetándola por el cabello muevo su rostro a mi ritmo y antes de derramarme la levanto para guiarla hasta el mueble tántrico, es perfecto para la ocasión ya que, a pesar del goce, el dolor no desaparece.

Me recuesto y ella me coloca el preservativo antes de sentarse sobre mí lentamente, ambos gemimos pausadamente mientras separo sus pliegues penetrándola a su ritmo.

¡Demonios, lo necesitaba tanto! Enreda sus dedos en mi cabello mientras yo mordisqueo y saboreo su cuello, sus pechos, y estrujo su trasero.

Sus caderas danzan sobre mí, odio no poder mover mi brazo para apretarla con mayor fuerza a mi cuerpo, pero me las arreglo para hacerlo solo con el derecho, nuestros movimientos están perfectamente acompasados y me obligo a respirar profundamente para contenerme, la sensación de entrar y salir de su interior teniendo su rostro extasiado de placer con su aliento y sus gemidos sensibilizando todos mis sentidos me está llevando al límite.

Introduzco uno de los dedos en su boca, lo succiona y una vez húmedo con su saliva lo llevo a su trasero, masajeo un poco la apretada entrada para después introducirlo.

Marysol: ¡Dios, sí…!

Sus caderas se aceleran y finalmente su interior se contrae, succionándome, me derramo con un largo gruñido entre dientes y contracciones de placer.

Descansa el rostro en mi pecho y conforme nuestras respiraciones se acompasan, el dolor que solo desaparece el instante que dura el orgasmo, va regresando.

Me despido de ella, asegurándole que puede tomarse el tiempo que necesite para arreglarse, Frankco la estará esperando para escoltarla.

Marysol: Tengo la ilusión de no tener que esperar tanto tiempo para su siguiente llamada.

Terry: Eso nunca se sabe, créeme, fue un verdadero placer compartir la cama contigo esta noche.

Beso su mano y regreso a mi habitación, le envío un mensaje a Frankco y estoy a punto de mandarle uno a Paty para pedirle que venga a verme, pero ya le he dado el resto del día, así que será Frankco quien coloque nuevamente mi vendaje después de la ducha y me dé un par de pastillas como cena.

PATY

La mañana siguiente no lo veo, lo agradezco en silencio, tengo que mantener mi postura, este no es el momento de sentimentalismos de mi parte, que él termine su rehabilitación es la prioridad, sin importar sus malos tratos, mal carácter, sarcasmos hirientes, independientemente de las mujeres con las que se acueste, tengo demasiada culpa y lo veo sufrir tanto que nada importa, resistiré, mi amor por él resistirá todo, seguiré a su lado como se lo prometí aquella noche después de su discusión con el doctor Tarson.

No lo traicionaré otra vez, sé que en el fondo siempre ha temido que lo abandone, pero se equivoca, no le fallaré a nuestro amor, por más que él se empeñe en herirlo.

Tarde o temprano se dará cuenta de que todo el dolor, todo el sufrimiento y esfuerzo valieron la pena, mi paciencia y mi amor lo ayudarán, porque SÍ, a pesar de que se resista a admitirlo, nos amamos, si no, no seguiríamos juntos después de todo lo que nos ha pasado y ya sé que suena cursi, pero soy de las que creen que el amor puede con cualquier obstáculo y nosotros hemos superado mis miedos, su carácter, la enorme diferencia cultural, hemos crecido y nos hemos cuidado mutuamente, yo lo metí en esto y yo lo voy ayudar a salir… así se me queme el alma en el camino.

Me desahogo con Ángel, él siempre está para escucharme. Regreso a casa con mejores ánimos que el día anterior, dispuesta a blindar con acero mi corazón para evitar que nada de lo que diga o haga pueda lastimarlo.

Cada tarde lo atiendo después del calvario de sus ejercicios, conforme los días pasan está notablemente más exhausto, con mayor dolor, incluso más delgado, me trata con frialdad, con dureza, me mira con desprecio e impotencia. Todos los días me hace la misma pregunta.

Terry: ¿Por qué sigues aquí? (Y cada día respondo de la misma forma).

Paty: Porque lo quiero y no lo dejaré.

Los días pasan y mantener las cosas marchando sobre ruedas en la oficina, sin él, no es nada sencillo.

Lía y yo no solo nos hacemos cargo de todo, también tomamos decisiones que él debería resolver, siempre tratando de adentrarnos en su cabeza, deliberando si él tomaría la misma decisión que nosotras.

Agobiarlo con temas de la oficina está fuera de discusión, no debemos darle mayores preocupaciones de las que ya tiene, su situación física es muy delicada y cualquier cosa lo hace estallar.

Lía: ¡Es admirable lo que estás haciendo por él!

Paty: ¿Frankco te ha contado cómo está?

Lía: Sí… vive angustiado por él y se culpa por no haber estado cuando los atacaron, no se encontraba presente, pero él es el encargado de los guardias y nunca se percató de que Jesús lo traicionaría.

Paty: Ya no pregunté qué pasó con ese tal Jesús, ¿por qué venderlo de esa forma? (Frankco entra en ese momento a la oficina).

Frankco: Hace mucho el Sr. lo humilló frente a varios guardias, no renunció porque los sueldos que aquí se les dan son los más altos de la región, así que aguantó no solo la humillación, sino la burla de sus compañeros.

Koreshiga se dio a la tarea de investigar quién lo odiaba, lo cual no debió ser nada sencillo, al menos dentro de El Paraíso, los empleados tienen buenas prestaciones, buenos sueldos y un buen ambiente laboral.

Como todo gran empresario tiene enemigos fuera de aquí, pero de alguna forma dio con Jesús y este encontró la manera de introducir el arma, lo demás ya lo sabe.

Paty: ¿Está en prisión?

Frankco: Por supuesto, yo me encargué de él y de todos los demás.

Paty: ¿Y el Sr. lo sabe?

Frankco: Sí, en cuanto llegamos a casa me pidió un reporte detallado de todo lo que sucedió.

Paty: ¿Y quién está con él? ¿Qué haces aquí?

Frankco: Está insoportable, cuando terminó los ejercicios me corrió, dijo que no quería verme, así que vine a despejarme un rato a ver a mi novia.

Agrega abrazando a Lía por la cintura y besándola dulcemente, está haciendo un esfuerzo sobrehumano con él. Si hubiera un concurso de paciencia, él y yo seríamos los finalistas.

Paty: ¿Crees que lo logre?

Frankco: No lo sé… el esfuerzo físico que está haciendo es admirable, en ocasiones está decidido a hacerlo, en otras cuando se ve superado por el dolor, quiere mandar todo al diablo, incluyéndome a mí.

Hasta el momento ha cumplido con todo lo que se supone debe hacer, ha conseguido un 30% de movimiento en el hombro, pero cada día es más complicado que el anterior.

Paty: Te agradezco todo lo que haces por él.

Frankco: Usted no tiene nada que agradecer, el Sr. a pesar de su mal genio, es un excelente jefe y yo tengo una muy buena cuenta bancaria.

Añade guiñándome un ojo, los tres reímos. A Lía le brilla la mirada, sonríe solo de verlo y él está encantado con ella, pocas veces bromea, pero a su lado, lo mejor de su carácter sale a la luz, necesitamos reír un rato, la tensión que se vive en casa es desgastante.

Frankco regresa más tarde a casa para seguir con los ejercicios de rehabilitación de mi Sr., mientras Lía y yo nos encargamos de mil pendientes.

Al volver a casa sus gruñidos retumban en mi pecho, cada célula de mi cuerpo se estremece al escucharlo sufrir, entro al gimnasio y está recargado en uno de los muros, paso su brazo sobre mis hombros para ayudarlo a caminar, intenta negarse, pero no le quedan fuerzas para hacerlo, le aseguro a Frankco que yo me haré cargo.

Camina con esfuerzos hasta el ascensor, mantiene los ojos cerrados mientras subimos, percibo los espasmos que sufre su cuerpo, tambaleándose con mi ayuda llega hasta la cama.