19
TERRY
Las mañanas son los pocos momentos de calma que tengo, en los que deseo desesperadamente sentirla cerca y me arrepiento por los insultos que le he propinado.
Bajo al gimnasio, la observo en silencio mientras ella entrena, sin querer interrumpirla salgo al jardín.
Paty: ¿Sr., necesita algo? ¿Se encuentra bien?
Terry: No a ambas preguntas. (Luce francamente preocupada, acaricio su cabello, beso su frente y un sollozo se le escapa). No, nena, no vale la pena. (Pego mi mejilla a su frente, ¿cómo es posible que siga aquí aun después de todo lo que le he dicho?). ¿Desayunamos juntos?
Asiente con una chispa de esperanza en los ojos, necesito tenerla a mi lado, algo de normalidad en medio de mi tormento.
El dolor está presente, sin embargo, intento disfrutar por un momento de su belleza, está temerosa, no habla y francamente no la culpo.
Terry: ¿Cuánto más aguantarás todo esto?
Paty: No me iré.
Terry: ¿Por qué querrías estar aquí?
Paty: Porque aquí está usted. (Suelto un suspiro cansado al tiempo que me llevo su mano a los labios para aspirar su dulce aroma).
Terry: ¿Y si no lo consigo?
Paty: Lo hará.
Terry: Ya quiero dejarlo y aún no estoy ni a la mitad del camino.
Paty: ¿Por qué no descansa más días entre semana?
Terry: No puedo, solo se alargará la rehabilitación y después de descansar es más complicado regresar.
Paty: ¡Puede hacerlo, yo sé que puede!
Me halaga y me tortura su confianza en mí.
Al final de la semana, el cansancio, la desesperación y la agonía a la que está sometido mi cuerpo, me tiene fuera de control, no solo sudo y respiro con dificultad, espasmos incontrolables sacuden mi cuerpo.
Terry: ¡Dame otra maldita pastilla! (Ordeno entre dientes y una vez que la tomo, me ayuda a llegar a mi habitación, la veo saliendo de la suya, la rabia me recorre las venas).
¿Estás satisfecha con tus malditas decisiones?
(Baja la mirada). Entra. (Ordeno señalando mi pieza).
Tú puedes retirarte. (Frankco se queda inmóvil).
¿No soy claro? (Lo piensa por un segundo más y finalmente se retira.
Entra a mi habitación y yo tras ella, tambaleándome, apenas puedo sostenerme en pie, al llegar a la cama le ordeno que me retire el vendaje, obedece mientras gruño de dolor). Quítame los tenis.
Se arrodilla para hacerlo y una vez descalzo intento ponerme en pie sin conseguirlo, no puedo más, pero necesito una ducha, estoy empapado en sudor.
Me ayuda a llegar al cuarto de baño, el mundo gira a mi alrededor y una punzada me empuja a caer de rodillas, sin poder contenerme más suelto un grito agonizante, las náuseas se arremolinan en mi estómago, como puedo levanto la tapa del inodoro y devuelvo el estómago.
La poca energía que me quedaba se va con el esfuerzo de las arcadas, bajo la tapa y me recargo en la pared, mientras ella presiona el botón y me pasa un pedazo de papel con el que me limpio los labios, es demasiado humillante.
Terry: Sal de aquí. (Susurro evitando su mirada. No se mueve). ¡¡Que te largues!! (Grito furioso).
Paty: Déjeme estar a su lado.
Terry: Nunca debí tratarte diferente a las demás.
Paty: Sr., por favor…
Terry: De haber sabido que me ibas a traicionar.
Todo comienza a oscurecerse…
PATY
Lo sostengo mientras cae inconsciente, le grito a Frankco, quien me ayuda a llevarlo a la cama, pretendo hablarle al doctor Tarson, pero Frankco me lo impide asegurando que no es necesario ya que no hará ninguna diferencia.
Limpio su rostro y torso con una toalla de manos, como lo hice innumerables veces en el hospital.
Paty: Dime que ya no puede empeorar.
Frankco: Me gustaría que así fuera. Si necesita algo más, llámeme, estaré al pendiente.
Cuido de su sueño, la mayor parte de la noche la pasa tranquilo, en cambio en la mañana balbucea agitado.
Terry: Lo merezco… yo la maté… (Su rostro refleja tanta angustia que tengo que despertarlo. Abre los ojos de golpe, por un instante veo cariño en su mirada, pero inmediatamente regresa el desprecio). Sigues aquí.
Paty: Por supuesto, no iré a ningún lado.
Terry: ¿Me quieres?
Paty: No tiene una idea cuánto.
Terry: Bien, llama a una de mis citas, la quiero aquí a seis de la tarde.
Sus facciones son duras. No puedo creer lo que me está pidiendo, un vacío profundo penetra mi pecho, lo está haciendo con toda la intención de lastimarme y lo está consiguiendo, si alguien sabe cómo herir a las personas, es él.
Con manos temblorosas marco al azar, tengo la esperanza de que me detenga, pero no lo hace, guarda silencio observándome. Acuerdo su cita como tantas veces lo hice en el pasado, la chica por supuesto acepta de inmediato.
Al colgar, sus ojos azul profundo me queman con su frialdad.
Paty: ¿Qué pretende con esto?
Terry: Disfrutar de una verdadera mujer, de una a la que no le interesa joderme. (Su tono áspero e hiriente no me hará caer en lo que sea que está tramando).
Paty: Joderlo nunca fue mi intención.
Terry: Sin embargo, es lo único que conseguiste. Dame una pastilla.
Se la doy y después de eso, lo ayudo a levantarse, se da una ducha mientras voy por su desayuno.
Frankco y Adele se encuentran preocupados en la cocina, les informo lo que ha solicitado.
Adele me toma de la mano y me pide paciencia, una vez más; Frankco niega con la cabeza, dejando en claro su desacuerdo.
Subo apresurada para recibirlo al salir del baño, me destroza lo que está haciendo, me destroza su forma de tratarme y aun así no puedo evitar preocuparme por él, no puedo evitar amarlo ni puedo evitar sentirme culpable por todo lo que está pasando.
Lo atiendo todo el día, soportando sus malos tratos, su mirada de desprecio y esperando que cancele la cita… en vano.
Frankco nos avisa que la señorita Marysol ha llegado al Paraíso. Terry me observa cuando recibo la noticia y me abstengo de cualquier reacción, no sé qué pretende con esto, pero no me romperé, no permitiré que me vea caer y, si su intención es alejarme, no lo logrará.
Paty: ¿Gusta que baje a recibir a su cita?
Pregunto sacando fuerzas de la dignidad que me queda, su gesto contrariado me demuestra que no se lo esperaba, pero asiente.
Bajo a recibir a la chica, es real, en verdad se acostará con alguien más. Es joven, de mi edad tal vez, una mujer hermosa como todas sus citas.
Las piernas me tiemblan al subir las escaleras escoltándola a su habitación. Toco a su puerta y la sangre se me cae a los pies cuando lo veo salir con esa bata de seda guindo, la saluda besándole el dorso de la mano.
Terry: Le diré a Frankco que la escolte al salir, tómate el resto del día.
Cierra la puerta y parpadeo para que mis lágrimas no se desborden, camino como un ente a mi habitación, me coloco en posición fetal abrazando a mi almohada, siento un enorme vacío en mi pecho.
TERRY
Mando a traer a una chica con la única intención de lastimarla, de romperla, si yo no estoy bien, ella tampoco lo estará, si yo estoy ardiendo en el infierno y me quiere tanto como dice, ella arderá a mi lado.
Descargando todo mi resentimiento en su contra, una parte de mí me pide que me detenga pues Paty no merece esto, pero la silencio, ella me ha hundido, me traicionó, justo es que padezca a mi lado.
Marysol es una chica hermosa, de lindas facciones, ojos oscuros y expresivos, un cuerpo delicioso y complaciente, la conocí en el Delux, al principio se mostró tímida, pero una vez en la cama, me mostró lo que su experimentada boca sabe hacer, contemplarla así sabiendo que viene con la única intención de tenerme entre sus piernas me pone duro, necesito esto más que nunca.
Le ordeno que se meta a la ducha, tomo una pastilla para el dolor mientras la espero y preparo un par de copas de coñac, cuando sale envuelta en la bata, mi deseo se aviva, brindo con ella.
Marysol: Estuve meses esperando su llamada, Sr.
Terry: Bueno, la espera ha terminado.
Bajo el brillo de la luz lo más tenue posible, me siento en la cama y abro su bata lentamente, «su aroma es fresco, no dulce como el de Paty…». ¿Qué demonios hago pensando en ella en este momento?
La bata cae dejando al descubierto sus perfectos y firmes senos, rozo ambos pezones con los labios y se endurecen de inmediato, deslizo uno de ellos entre mis dientes, me recompensa con un gimoteo, acaricio los huesitos de sus caderas adornados con un sensual tatuaje de alas.
Me levanto para apoderarme de su boca, la abrazo haciéndola sentir mi dureza, para después deshacerme de la diminuta ropa interior de encaje mientras beso y mordisqueo su exquisito trasero, la acuesto sobre su espalda, dejándola al borde de la cama para separarle las piernas.
Recorro una de sus piernas hasta su sexo húmedo y palpitante, las notas de placer salen de su garganta despertando aún más mi deseo.
Me deleito con su sabor, lentamente el movimiento de sus caderas se acelera gradualmente, deslizo uno de mis dedos en su interior y se incorpora para encontrarse con mis ojos entre sus piernas.
Marysol: Sí, así… (Está a punto de explotar).
Terry: ¡Mójame, nena, mójame!
Su cuerpo se estremece y un delicioso gemido de placer estalla desde lo más profundo de su interior al tiempo que bebo cada gota de su néctar.
Terminamos nuestra copa en el bar, la firmeza de mi miembro se nota aún con la bata, me acaricia el pecho, abre la cinta y se relame al verme desnudo, mi miembro palpita por el deseo del calor de su lengua.
Me recargo en el bar mientras se arrodilla ante mí, sube sus manos por mis piernas, me sujeta con una mano por la base y con la otra acaricia mis pelotas.
Me lame desde la base hasta la punta, doy un último trago a mi copa y cierro los ojos para perderme en los placeres carnales.