18 #3
Paty: Lo siento…
Terry: ¡¡No, soy yo el que se arrepiente de darte un valor que no tienes!! (Le grito a la cara). Lárgate… no quiero verte.
Un calambre en el costado me obliga a sostenerme del piso con una mano.
Frankco: Salga de aquí.
Le pide mientras me ayuda a recostarme en el suelo, no voy a poder levantarme, necesito esperar a que la intensidad del dolor baje.
PATY
Salgo del gimnasio con una daga en el pecho, no sé qué me duele más, si las palabras hirientes dichas con tanto resentimiento, o verlo así de mal, sabiendo que soy yo la causante de tanto dolor.
Cuando el Sr. finalmente puede ponerse en pie, Frankco lo ayuda a subir a su habitación, lo he visto adolorido en repetidas ocasiones, pero esta vez es mucho peor, está agotado... y yo no puedo hacer nada para ayudarlo.
Cuando Frankco sale de su habitación, le pregunto cómo está, se limita a negar con la cabeza y le marca al doctor Tarson, le explica lo mal que se encuentra, que su temperatura ha aumentado, suda frío y tiene espasmos.
A lo que el médico responde que alguien se mantenga a su lado, al pendiente de su temperatura, si sube medio grado más, le llamáramos inmediatamente, su cuerpo está respondiendo a tanto suplicio.
Paty: Es mi culpa, Frankco, está así por mi culpa.
Lo niega tratando de tranquilizarme, recordándome que él en este momento nos necesita a su lado y que es el dolor quien habla por él, un dolor que yo le provoqué.
Está inconsciente, así que entro a su habitación, aun sabiendo que no me quiere ahí, bajamos la temperatura del aire acondicionado, coloco fomentos de agua fría en su frente perlada, se queja aun inconsciente.
Terry: ¿Por qué…? Mamá… yo no…
Balbucea entre delirios. Adele se encuentra sumamente preocupada.
Adele: No será la única vez que lo veas así, apenas lleva dos semanas, en cuanto más avance, mayor será su padecimiento.
¿Empeorará? ¿Es que aún se puede estar peor?
Conforme las horas transcurren su temperatura regresa a la normalidad y finalmente duerme tranquilo, acaricio su frente, sus facciones relajadas me tranquilizan un poco.
Paty: Espero que algún día me pueda perdonar.
Al finalizar las palabras recuerdo lo que Frankco dijo aquel día antes de la operación «el Sr. Grandchester, no sabe perdonar», la sangre se me congela tan solo de imaginarlo. Permanezco a su lado, sosteniendo su mano.
Terry: Creí haberte dicho que no quería verte. (Su tono es áspero y bajo, me esperaba algo así, sin embargo, verlo despertar más tranquilo me alivia un poco. Pretendo retirarme sin decir palabra). Dame una pastilla.
Aún no se mueve y ya quiere una pastilla para el dolor, tiene una dosis diaria establecida, se supone que no debe rebasarla, no obstante, no puedo negársela. Le ayudo a tomarla, ahoga un quejido en la garganta al momento de incorporarse para beber y suelta uno de alivio al volver a recostarse.
Paty: ¿Puedo ayudarlo en algo más?
Terry: ¿Crees que has ayudado en algo? (Pregunta sarcástico, no respondo, me siento culpable y estoy dispuesta a escuchar todo lo que tiene que escupirme a la cara). Me jodiste, me jodiste igual que todos los que se supone que no lo harían… lárgate.
Salgo de su habitación con una sensación de vacío en el pecho, me odia, el hombre que amo me odia.
Es domingo, así que no hay que ir a la oficina, y el Sr. descansará de sus ejercicios, al menos hoy estará más tranquilo, paso la mañana hablando con el doctor Tarson, debe haber alguna forma de poder ayudarlo, de aliviar su tormento, pero me asegura que es todo lo que se puede hacer, los medicamentos que toma ya son suficientemente fuertes, algo aún más potente lo mantendría adormilado.
Frankco cuenta con inyecciones que lo sedarán en las peores situaciones, le aclaro que nunca creí que la situación sería tan grave.
*Dr.: ¡Tranquilízate! Sé que es una situación sumamente delicada, que está sufriendo y que en este momento debe estar odiándonos, pero con tu apoyo, cuando salga de esto, nos lo agradecerá.
*Paty: ¿Apoyo? No quiere que me acerque a él, ¿cómo se supone que lo ayude así?
*Dr.: Tenle paciencia, aunque no lo creas, le hace bien tenerte cerca.
Adele le sube la comida a su habitación, me gustaría ser yo quien lo atienda, pero eso solo lo alteraría y es lo que menos necesita, me dice que se encuentra descansando, recuperando fuerzas para poder seguir mañana con su tortura.
Paso el resto de la tarde a un lado de la piscina en compañía de Toretto, leyendo y hablando con Ángel, necesito desahogarme y él siempre está dispuesto a escucharme.
La mañana siguiente me voy a la oficina sin verlo, al regresar alrededor de las seis y media de la tarde, lo encuentro comenzando a subir las escaleras; sudoroso y con las facciones desencajadas por el esfuerzo de la terapia, veo cómo sus ojos se encienden al ver a Jesse, es la primera vez que lo tiene enfrente.
Creí que se lo comería vivo, pero las palabras se le quedan atascadas en la garganta, lo pulveriza con la mirada, mientras Jesse se hace pequeñito frente a sus ojos y sigue su camino.