El Infierno en el Paraíso 18 #2
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18 #2

Terry: ¿Estás bien, nena? No puedo levantarte, espera… (Descansa ambas palmas en mi pecho).

Paty: Estoy bien, estoy bien, solo fue… estoy bien.

Beso su frente, presionándola contra mi cuerpo, sintiendo esa ternura que solo ella logra despertar, me percato del enorme vacío que tengo en el pecho… sin ella.

Terry: ¿Cuántos kilos has perdido?, no te he visto comer, pero supuse que lo estabas haciendo en la oficina.

Paty: Así lo he hecho.

Terry: No te atrevas a mentirme, mucho menos en algo así.

Su brillante y temerosa mirada, el calor y la sensualidad de su cuerpo, me atraen irremediablemente.

Acaricio sus labios con los míos, es un beso dulce con un te extraño como eco, profundizo el beso y ella permite que conquiste hasta el más mínimo rincón de su aliento. Al separarnos pego mi frente a la suya.

Terry: Si no te quisiera tanto…

Paty: Sr., por favor…

Terry: ¿Que estás haciendo? ¡¡No puedo cuidarte ahora, nena!! Podría cargarte aun como estoy, con un solo brazo. Necesito que te cuides, necesito que estés bien, necesito que te hagas cargo del Paraíso.

Paty: Y yo necesito estar a su lado.

Terry: ¡¡Mírame!! ¡¡Este no soy yo!! Y no estoy seguro de que un día regrese.

Paty: Saldrá de esto, estoy segura.

Terry: Me gustaría tener la misma seguridad que tú, pero estoy en el segundo infierno, aún queda un largo camino… No sé si pueda…

Paty: Lo hará, déjeme estar a su lado, déjeme apoyarlo.

Terry: Cuídate, hazte cargo de ti y del Paraíso, deja que solo me preocupe por salir de esto… Si es que puedo.

Paty: Lo extraño, mi Sr. (La estrecho contra mi pecho).

Terry: Te quiero, te quiero demasiado y es por eso que no me explico cómo es que me hiciste esto. (Susurro contra su oído. La suelto lentamente, asegurándome de que pueda sostenerse en pie sin problema).

Paty: Sr., por favor, yo solo quería lo mejor para usted.

Terry: No digas más, no quiero volver a arremeter contra ti, por primera vez, ¡obedéceme!

Paty: Me haré cargo de todo, no se preocupe.

Terry: Ahora ve a descansar otro rato y más tarde te quiero ver desayunar.

Paty: ¿Podríamos hacerlo juntos?

Imposible negarme ante esa mirada suplicante, asiento y me obsequia una media sonrisa. Cuando va a retirarse no puedo evitar darle una pequeña nalgada, exclama un sonido de sorpresa, me sonríe y regresa a casa.

La extraño, la quiero y la necesito más de lo que nunca imaginé.

PATY

Me esmero en mi arreglo, tomo uno de los vestidos que sé le gustan, bajo esperanzada a desayunar a su lado. Está acariciando a Toretto cuando llego.

Paty: ¡Buenos días! (Cuando gira para responder a mi saludo, su ceño endurecido se relaja).

Terry: ¡Buenos días! ¡Estás hermosa!

Frankco me sonríe mientras separa mi silla de la mesa. Desayunamos prácticamente en silencio, de no ser por un par de preguntas que me hace acerca del trabajo; estoy nerviosa, no sé qué decir para no alterarlo, quizá sea mejor no emitir palabra.

Después de semanas, estamos sentados en la misma mesa.

Antes de retirarme le pregunto si podríamos comer o cenar juntos, pero se niega, quizá no sea buena idea presionarlo, le doy un pequeño beso en los labios y me voy a la oficina con mejor humor del que he tenido en semanas.

En la oficina Lía se percata de mi mejor humor y le comento lo sucedido. En la tarde Ángel me escribe como cada día, nunca deja que me sienta sola y me ofrece su apoyo en todo momento.

En la noche que regreso a casa, vuelvo a escuchar sus quejidos provenientes del gimnasio, quiero correr a su lado.

Jesse: Frankco me pidió que no la dejara ir, verla a usted mientras está en ese estado solo incrementa su rabia.

Me quedo congelada, es verdad, él me culpa por el dolor que está padeciendo.

Subo a mi habitación con un mundo de impotencia y culpa sobre mis hombros.

TERRY

Desayunamos un par de días, pero hoy no puedo bajar, necesito descansar un poco más antes de los ejercicios que cada día son más insoportables.

Toca a la puerta, su olor a chocolate invade la habitación que tanto la extraña, trae consigo la charola con el desayuno que le pedí a Adele por teléfono.

Paty: Buenos días (Saluda temerosa). Espero no le moleste que sea yo quien le suba el desayuno, pero no quería irme a la oficina sin antes verlo.

No respondo, la verdad es que no quiero que me vea así de indispuesto, su presencia me produce rabia y al mismo tiempo necesito tenerla cerca, un remolino de sentimientos chocando uno contra otro, aunado a esta agonía física terminarán volviéndome loco.

Me ayuda con las almohadas, me coloca la charola y me acerca las pastillas.

Paty: ¿Puedo ayudarle en algo más? (Niego con la cabeza, va a retirarse, pero la detengo).

Terry: Espera, acércate.

Mis labios palpitan por el deseo de besarla, se acerca y tomándola por la mejilla la acerco a mis labios y la beso a profundidad, mi respiración se agita, su aroma, su aliento y la calidez de su piel despiertan mi deseo, pienso por un instante en hacerle el amor…

pero con un solo brazo… la mezcla de sentimientos y el dolor no me permitirían hacerlo como ella se merece.

Nos separamos y le hago un gesto para que abandone la pieza.

Tras desayunar, Frankco me ayuda con el vendaje, comenzaremos con los movimientos del hombro, por lo que, finalmente, el vendaje me dejará libre el brazo todo el tiempo, el peso de este ya es doloroso, pero tratar de rotar el hombro es agónico, es como si me hubieran soldado el hueso y al intentar rotarlo se quebrara.

Unos cuantos centímetros de movimiento me tienen sudoroso y agitado.

Frankco: Una vez más, Sr.

Me anima a seguir, pero ya no puedo con tanto. Le pido otra pastilla, obedece y levanto el rostro al tomarla, anhelando que el efecto sea inmediato.

Insiste en que repita la serie de movimientos. Gruño ante el esfuerzo una innumerable cantidad de veces, cuando finalmente los termino, estoy exhausto.

Terry: Te veo en quince en mi habitación. (Digo entre dientes, tratando de controlar el dolor).

Frankco: La Srta. Paty ya regresó, ¿por qué no le permite que sea ella quien le coloque el vendaje?

Terry: Si quisiera que fuera ella, se lo ordenaría, ¡¡no comiences a hacer preguntas estúpidas tú también!!

No estoy de humor para soportar ninguna idiotez, subo con esfuerzo a tomar una ducha, al salir, Frankco me coloca el vendaje y me da el medicamento, mas es imposible conciliar el sueño.

Entrando la madrugada las cuatro paredes son asfixiantes, me levanto lentamente.

Al salir de la habitación, permanezco observando su puerta, quiero verla, no sé qué hora es, seguramente se encuentra durmiendo, toco una vez, tarda un par de segundos en responder.

¡Está despierta!, se forma un nudo en mi estómago cuando abre, su cabello está suelto y despeinado, trae un short pequeñito y una blusa de tirantes, está hermosa, como siempre.

Paty: ¿Se encuentra bien? (Pregunta preocupada, asiento en respuesta).

Terry: ¿Te desperté?

Paty: No, estaba… leyendo.

Terry: Es tarde, ya deberías estar durmiendo. (Asiente). Que descanses. (Pretendo retirarme).

Paty: ¿Qué necesitaba, Sr.? (¿Qué se supone que responda? Verla, lo que necesitaba es sentirla cerca). ¿Por qué vino a tocar?

Terry: No podía dormir… yo solo… Quería verte. (Me obsequia media sonrisa).

Paty: También es tarde para usted, lo acompaño. (Me ayuda a acomodar las almohadas, me meto entre las sábanas y le pido que se siente a mi lado).

Terry: Háblame, cuéntame cómo están las cosas en la oficina.

Paty: Están bien, no se preocupe por nada, todo marcha como debe ser. (Le pido una pastilla, la necesito o será imposible conciliar el sueño. Son relajantes sus caricias al peinar mi cabello hacia atrás). Trate de dormir.

Tomo su mano y la beso, la acerco más, su cercanía, su aliento, su aroma…

la deseo… Rozo sus labios con los míos y cuando me da acceso, la saboreo, la devoro, cada célula de mi cuerpo ansía unirse al suyo.

Al separarnos la contemplo por un instante, quiero incorporarme, pero el dolor no me lo permite, trato de ocultar mi malestar, seguramente sin éxito, es perfecta, sigue a mi lado a pesar de todo y estoy seguro de que dispuesta a complacerme, sin embargo…

no puedo, no voy a darle menos de lo que merece.

Le pido que se retire o el deseo superará mi autocontrol.

Cada día, cada hora, cada movimiento, cada respiración… profundizan el tormento por el que estoy pasando, en el gimnasio con Frankco alentándome a seguir.

Gimo de dolor sin poder evitarlo, apenas puedo sostenerme en pie, sudo, respiro con dificultad y aún me falta una serie de movimientos, ¡no puedo más!

Terry: Dame otra pastilla. (Ordeno y Frankco permanece inmóvil, sé que ya he tomado la dosis del día, pero el dolor me está superando). ¡¡Con un carajo, Frankco, la maldita pastilla!! (Lo piensa por un segundo más antes de dármela). Terminamos por hoy.

Frankco: Aún falta una serie.

¡Con un demonio!, descanso un momento y reuniendo las fuerzas que me quedan, realizo la última serie, con el movimiento final siento como si la unión del hueso se dislocara.

Suelto un grito al tiempo que las piernas me flaquean y caigo de rodillas, sufro espasmos por todo el cuerpo, presiono mi hombro gruñendo en agonía.

Frankco está a mi lado y no sé en qué momento Paty aparece del otro lado. La sangre me hierve al verla.

Terry: ¿Qué. Carajos. Haces. Aquí? (Cuestiono entre dientes). ¿Crees que esto es lo mejor para mí?

Paty: Sr., yo no creí…

Terry: ¿Qué creíste entonces? ¿¿Que era solo una necedad mía?? (Gruño, mientras respiro entrecortadamente, soportando las punzadas).