El Infierno en el Paraíso 18
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PATY

Cuando finalmente termino la pintura, la luna ilumina la noche. Contemplo mi obra, me gusta, vida y color es lo que necesito en este momento, para olvidar el desprecio en sus ojos.

Al día siguiente, reprimo las inmensas ganas de ir a verlo antes de partir a la oficina, no debo presionarlo, ha pasado por muchas cosas en tan poco tiempo y le daré el espacio que necesita para asimilarlas, aunque permanecer apartada de él, me parta el corazón.

En la oficina Lía prácticamente es un demonio de Tasmania, la pobre está vuelta loca, así que me pongo manos a la obra y en menos de lo que me doy cuenta, son las dos de la tarde, hora de ir a comer, me quedo de pie con el bolso en la mano, sin saber si regresar a casa o no.

Lía: Por el bien de ambos mejor no vayas, quédate a comer conmigo. (Sonrío tristemente).

Paty: ¡Tú lo que no quieres es que te deje con todo el trabajo!

Lía: Eso es lo que debes hacer, tomarte las cosas lo más relajadas posibles, serán semanas muy muy difíciles, si no quiere verte, respeta su decisión y dale su espacio.

Paty: ¿Tú habrías aprobado la operación? (Lo piensa por un largo tiempo).

Lía: ¡No!, pero entiendo perfectamente por qué lo hicieron, te apoyo y te aplaudo por eso, solo el doctor Tarson y tú tendrían las agallas necesarias para contradecirlo.

Me duele verlo así, me duele su frialdad, su rechazo, pero sé que hice lo mejor para él.

Al final del día Lía se despide dándome ánimos y regreso a casa escoltada por Jesse, le pido que se mantenga lejos del Sr. o arremeterá contra él, Frankco ya se lo ha advertido, aunque no podremos evitar ese enfrentamiento por mucho tiempo.

Cuando llego a casa no lo veo, Adele me informa que está en su habitación y no piensa bajar.

Salgo a ver un rato a Toretto y después igual que él, me encierro entre las cuatro paredes de mi habitación.

Hablo con Ángel por videollamada, se percata de que no me encuentro bien y no puedo contener las lágrimas al escucharlo tan lindo y preocupado por mí, le platico lo que está ocurriendo, me ofrece su apoyo, sé que puedo contar con él en cualquier momento.

Me levanto temprano para entrenar, necesito deshacerme de alguna forma de todos estos sentimientos negativos y recargar energías.

El resto del día no lo veo, ni el siguiente, es increíble cómo podemos vivir bajo el mismo techo y no vernos.

Aunque todos digan que es lo mejor, yo necesito estar a su lado.

Escucho un audiolibro en la bicicleta, cuando lo veo de pie en la puerta del gimnasio, nuestras miradas se cruzan por un instante, da media vuelta y se aleja. Sin penarlo me levanto y voy tras él.

Paty: ¡Sr.! (Se detiene sin voltear a verme, que ya esté caminando por sí solo es alentador). ¿Podemos hablar?

Terry: No creo que sea una buena idea.

Paty: Por favor, necesitamos hablar, no podemos permanecer así.

Terry: ¡¡No deberíamos estar así!! Pero fue tu decisión y a mí no me dejaron opción.

Paty: Si hubiera sido yo… (Se gira para enfrentarme con las facciones endurecidas por la rabia, me hace dar un paso hacia atrás mientras acerca su rostro al mío).

Terry: ¡Al demonio con tus estúpidas excusas!, soy YO el que está en esta maldita situación en la que me pusieron tú y el imbécil del doctor Tarson, valiéndoles madre las decenas de veces que me negué.

Paty: Lo hicimos pensando en usted.

Terry: No hay nada más peligroso que un imbécil con iniciativa.

¿Quién carajos te crees para tomar ese tipo de decisiones?

¡¡La madre Teresa de Calcuta!!, no eres más que una empleada a la que le hice el favor de volverla mi asistente aun sin cubrir los mínimos requisitos.

(Me hace trizas el corazón con sus palabras llenas de desprecio, en sus ojos arden llamas avivadas por el coraje).

¿Querías saber por qué corrí a las demás asistentes?

¡¡Porque hicieron lo mismo que tú, creerse lo que no son y tomarse atribuciones que no les pertenecen! !

Paty: ¿Me está corriendo? (Pregunto en un hilo de voz tembloroso).

Terry: No, tú no tendrás la suerte de salir de aquí, te quedarás a cumplir con tu trabajo, ahora, ¡lárgate a la oficina!!

Parpadeo un par de veces para que mis lágrimas no se escapen y salgo de entre su pecho y la pared en la que me acorraló, las piernas me tiemblan y el alma se me resquebraja, ¿cómo puede ser tan cruel?

TERRY

Sus ojos empañados por las lágrimas y su voz temblorosa no hacen mella en mi pecho repleto de rabia, hoy comienza la verdadera tortura a la que me sometieron.

Salgo al jardín a contemplar la majestuosa vista que en tantas otras ocasiones logró tranquilizarme, esta no es una de ellas, sigo sin poder creer que me hicieran esto, ¡como si estuvieran escogiendo el colegio de un niño!

, mis músculos se tensan y el dolor aumenta. ¡Mierda!

Desayuno en el jardín, junto con mi fiel amigo Toretto; Paty no aparece, se va directo a la oficina. Sé que sigue siendo escoltada por Jesse, pero tengo tanto por que ocuparme en este momento, que lo dejo pasar, necesito centrarme en lo que viene.

Tan solo el peso de mi propio brazo es doloroso, debo comenzar por recuperar la fuerza desde los dedos, oprimir una pequeña pelota es estúpido e increíblemente difícil y lacerante.

Me encuentro en el gimnasio y a Frankco se le ocurre poner música salsa.

Terry: Quita esa mierda.

Como si estuviera de humor para eso, después de unos minutos me encuentro sudando por el esfuerzo, el dolor se centra en el hombro, pero recorre cada uno de mis tendones y ligamentos reconstruidos, desde la palma de la mano hasta el centro de mi pecho y espalda.

Incluso respiro con dificultad. ¡No debería estar pasando por esta tortura otra vez!

Frankco: Relaje la espalda.

Terry: Si relajo la espalda, no puedo hacer presión.

Frankco: Sí puede, tenemos que ir paso a paso, solo céntrese en la mano, por hoy. (¿Cómo mierda me centro en la mano? ¡Cuando me duele la mitad del cuerpo!).

Terry: ¡Dame otra pastilla!

Lo piensa por un segundo, sin embargo, obedece, yo sigo esforzándome y después del tiempo establecido de los ejercicios en intervalos determinados, estoy exhausto y sudoroso.

Frankco me coloca una bolsa de gel helado sobre el hombro, gruño inevitablemente, la frialdad es tanto agónica como placentera, inclino el cuello para acomodar de mejor forma el gel, arrepintiéndome de inmediato, una descarga eléctrica me atraviesa los músculos y ligamentos al estirarse.

Terry: ¡Carajo!

Frankco: Despacio, relájese.

Frustrado cubro mis ojos, ¿cómo voy a terminar con esto?

Una vez que puedo levantarme, subo a darme una ducha, evitando que el agua caiga directo en mi hombro claramente inflamado, hasta el golpe del agua es doloroso.

Cuando Frankco me coloca una pomada diferente a la usual y el vendaje, me da dos pastillas para el dolor y la inflamación.

Siento como si hubiese corrido un maratón y el maldito dolor no cede. Tomo un libro y me siento a leer en el reposet, pero es imposible concentrarme cuando la mitad del torso me punza.

Los chicos me escriben mensajes, al igual que Sofi, preguntando cómo me encuentro, sugiriéndome que tome las cosas con calma, asegurando que pronto saldré de esto y estaremos brindando y bailando salsa. Palabras vacías y sin sentido que, en lugar de reconfortarme, me enfurecen.

A las cinco de la tarde, cuando al fin el dolor parece bajar de intensidad, mi tortura comienza de nuevo, enciendo la pantalla con las noticias internacionales, intentando provocar que mi cerebro tenga alguna distracción, es en vano, el dolor lo eclipsa todo…

PATY

Al llegar a casa, escucho un grito proveniente del gimnasio, suelto el bolso y me dirijo hacia allá cuando Jesse se interpone en mi camino.

Jesse: ¡Mejor no vaya!

Es Terry el que está sufriendo, ¿cómo no voy a ir?, lo ignoro y al llegar al gimnasio se encuentra con la respiración agitada y la frente sudorosa, sentado con una bolsa de gel sobre el hombro, tiene los ojos cubiertos y me acerco aun cuando Frankco niega con la cabeza invitándome a que me retire.

Paty: Mi Sr. (Peino uno de sus húmedos mechones de cabello que se han caído).

Terry: ¿Qué haces aquí?

Paty: Por favor, déjeme ayudarlo. (Descubre su rostro endurecido por el dolor y la rabia).

Terry: ¿Ayudarme? ¿¿No crees que ya has hecho suficiente?? Lárgate, lárgate antes de que pierda la poca cordura que me queda.

Camino unos cuantos pasos hacia atrás, intimidada por el temblor en su voz, provocado por una mezcla de sufrimiento y desprecio.

TERRY

La mirada de desaprobación de Frankco me enferma aún más.

Terry: Si no te parece, puedes largarte tú también.

Guarda silencio, es lo mejor que puede hacer, subo a mi habitación y mi nueva rutina se repite; la ducha, la pomada, el vendaje, dos pastillas, me obligo a cenar un licuado proteico, mi cuerpo no me permite más y tratar de descansar es otra batalla perdida.

Despierto sin ganas de levantarme de la cama, deseando que todo aquello sea una pesadilla, pero con tan solo un movimiento las descargas en el hombro me recuerdan la deplorable situación en la que me encuentro.

Al terminar de desayunar la veo salir de casa; con el cabello suelto, un lindo vestido azul marino, sus hermosas piernas torneadas, el tatuaje que acaricia mis sentidos con esos vibrantes colores desapareciendo en silencio.

Aquellas mañanas en las que iluminaba mi Paraíso con su sonrisa, provocaba palpitaciones en mi entrepierna y me llenaba de sentimientos cálidos, han sido opacadas por la sensación de traición.

El desgarrante dolor, la rabia, frialdad y amargura me están carcomiendo el alma… «¿Por qué me traicionaste, Paty? ¿Por qué?».

Los días pasan y el dolor continúa impidiéndome dormir, bajo al despacho por un libro, son las cinco de la mañana, cuando escucho a Paty salir al jardín, camina muy despacio, abrazándose a sí misma, parece tambalearse, algo no está bien con ella.

Me acerco y la abrazo por la cintura para sostenerla, ya que parece que en cualquier momento se desplomará, está pálida, no me había dado cuenta de lo delgada que está hasta que la sostengo con un solo brazo.