17 #2
Hoy pasaré la noche en mi habitación. Después de un rato regresa, los resultados de los exámenes son satisfactorios, en seis meses tendré que hacerlos nuevamente, pero al parecer todo se encuentra bien, puedo abandonar el hospital, sin embargo, el Doc quiere venir personalmente a darme todas las indicaciones que tengo que seguir; los medicamentos, cuidados y demás, por la operación.
No quiero verlo, no puedo verlo o me olvidaré del dolor y de quién es. Frankco me aclara que Adele se encuentra muy angustiada y que ella también se opuso a la operación, pero que trate de entender la postura de Paty.
Terry: ¡¡Ahórrate tus estúpidos argumentos, no te contraté como abogado de mis traidores!! (No tiene más que decir ante eso, sabe que no estoy dispuesto a escuchar frases baratas). ¡¡Sácame de aquí!!
PATY
Me quedo con el doctor Tarson y Adele en su oficina. Frankco nos informa que mi Sr. quiere dormir esta noche en El Paraíso.
Paty: Nos odia, ¿qué haremos ahora?
Dr.: Nada, poco a poco se dará cuenta de que es lo mejor para él.
Paty: ¡Necesita cuidados!
Dr.: Adele y Frankco se los darán.
Paty: Casi lo pierdo por un balazo, no lo quiero perder por esto.
Dr.: Yo tampoco quiero perder a mi muchacho, pero si eso significa ofrecerle una mejor calidad de vida, pues que así sea.
Dice dando un puñetazo al escritorio.
Terry no puede ser tan cerrado… ¡¡Idiota!! Claro que puede y lo es.
TERRY
Ya es de noche cuando Frankco finalmente aparece con mi ropa y una silla de ruedas. No saldré de aquí así.
Me he estado controlando y el dolor en este momento es manejable mientras no me mueva. Tocan a la puerta, es Paty, no respondo y sin importarle, abre la puerta.
Terry: ¡¡No quiero verte!! ¡¡Sal de aquí!! (Trata de objetar, pero no la dejo), ¡¡lár-ga-te!!
Cierra la puerta y respirando profundamente trato de recobrar la compostura, necesito salir de este maldito lugar.
Frankco me quita el suero, ha pasado suficiente tiempo a mi lado como para saber este tipo de cosas, me ayuda a enderezarme y cuando lo hace no solo el dolor se hace presente, también un fuerte mareo.
La habitación me da vueltas, provocándome náuseas.
Ya he pasado por esto una maldita vez y lo peor del caso es que apenas comienza.
Respiro profundamente, al ponerme de pie las piernas me flaquean, si Frankco no estuviera, terminaría en el suelo, hasta este momento me doy cuenta de la debilidad de mis músculos, permanezco recargado en la cama, con Frankco sosteniéndome.
Frankco: Con cuidado, no hay prisa, Sr.
Esta maldita sensación de vulnerabilidad, incapaz de valerme por mí mismo es lo que más odio de todo esto.
Me toma un tiempo recuperarme, el dolor aumenta, hago mi mayor esfuerzo, sin embargo, no puedo mantenerme en pie.
Terry: ¿Ya tienes todas las indicaciones que hay que seguir?
Pregunto mientras me ayuda a vestirme, afirma asegurando que junto con Paty y Adele recibieron las instrucciones del médico.
Tiene los medicamentos para los primeros quince días de este maldito infierno que apenas comienza.
Mis piernas están demasiado débiles y el dolor en el hombro y pecho son fuertes, aún me siento mareado, me será imposible salir de aquí caminando ¡con un demonio!, Frankco me acerca la silla y tragándome la humillación, me siento en ella.
Terry: ¡Vámonos!
Paty y Adele están afuera de la habitación, vienen tras de mí, el Doc está en el pasillo afuera de su oficina, al pasar frente a él me pide que espere, que lo escuche, pero lo que me ha hecho es demasiado, Frankco se detiene un momento.
Terry: ¡No te ordené que te detuvieras, vámonos!
No volteo a verlo, a decir verdad, no quiero volver a verlo.
En la puerta del hospital está la camioneta que maneja Frankco y una más de los escoltas extras que ha contratado. Nuevamente me ayuda a ponerme de pie y a subir a la camioneta.
Terry: Tú te vas con los escoltas. (Le digo a Paty cuando pretende entrar en ella.
Parpadea en varias ocasiones para no permitir que las lágrimas se le escapen, asiente y se retira, esta vez su gesto de pesar no significa nada para mí.
Adele empieza a defenderla, pero no la dejo hablar). Ahora no, ¡ya tengo suficiente!
Llegamos a casa y en la silla de ruedas subimos por el ascensor a mi habitación, lo diseñé precisamente para casos como este.
Frankco me ayuda a desvestirme y recostarme, me da una pastilla para el dolor, una diferente a las que normalmente tomo, mucho más fuerte, al menos eso asegura, solo espero que me quite el maldito dolor para poder dormir.
Frankco: Estaré pendiente del celular por cualquier cosa que necesite, Sr.
No es necesario que lo diga, sé que así será.
Recostado finalmente en mi cama, en esa familiar oscuridad que la mayoría de las veces me produce paz y tranquilidad, es imposible conciliar el sueño.
La ira corre por mis venas, me siento furioso, indignado…
traicionado por las personas que quiero, que se supone me aprecian y el maldito cuerpo no me responde, ni siquiera puedo caminar sin ayuda ¡Maldita sea!
Aprieto las sábanas con el puño queriendo pulverizarlas, ¿cómo demonios voy a salir de esto?
Al transcurrir los minutos el dolor disminuye y el cansancio me vence.
Al abrir los ojos, Paty se encuentra a mi lado y la sangre me hierve al verla.
Terry: ¿Qué parte de no quiero verte, no te ha quedado clara? (Comienzo a enderezarme lentamente).
Paty: Entiendo que esté molesto conmigo, pero…
Terry: Sal de aquí. (Logro sentarme en la cama).
Paty: Por favor, Sr.
Terry: ¡¡¡Sal, con un carajo!!!
Grito levantándome en pie, el dolor se intensifica, las piernas me flaquean, la habitación da vueltas y caigo de rodillas con la mano libre al piso.
Paty: ¡Terry, por Dios! (Se arrodilla a mi lado, preocupada).
Terry: Esto es lo que tú y el imbécil del doctor Tarson me hicieron, ¡¡lár-ga-te!!
Paty: ¡¡Por favor, déjeme ayudarlo!! (La voz se le quiebra).
Terry: ¡¡¡Que te largues!!!
Grito y se inclina hacia atrás asustada, una lágrima logra escaparse de sus hermosos ojos verdes, que no quiero, no puedo mirar en este momento, se levanta y sale a trompicones de la habitación.
Gruño no de dolor, sino de rabia y frustración, tengo demasiado coraje hacia ella y hacia mí mismo, por no poder con esto.
Frankco no tarda en aparecer, me ayuda a ponerme de pie y a llegar al baño, es denigrante necesitar ayuda para llegar al sanitario.
Al salir me ayuda a volver a la cama, cambia mi vendaje y me da la primera pastilla del día.
Frankco: En un par de días podrá caminar solo, Adele le subirá el desayuno y más tarde, si gusta, bajamos al jardín, a Toretto le dará gusto verlo.
(¡Toretto!, él debería ser mi apoderado legal.
Me gustaría bajar a desayunar al jardín, pero mi cuerpo pesa demasiado, necesito recuperar energía). La señorita Paty está muy preocupada.
Terry: En este momento lo que menos me importa es cómo está Paty, así que deja de mencionarla.
PATY
Paty: ¿Qué te dijo? ¿Cómo está?
Frankco: Tranquilícese, está justo como el médico lo dijo; débil, necesita alimentarse y en un par de días podrá caminar solo, el mal humor en cambio, le durará semanas.
Paty: ¿Y de mí? ¿No dijo nada?
Frankco: Necesita tiempo para asimilar su situación, no será fácil.
Paty: Nunca vi tanto desprecio en su mirada, Frankco, ¡me odia!
Frankco: No la odia, se siente débil, adolorido, frustrado, traicionado… Si lo pensamos un poco, es normal, pero eso ya lo sabía, yo se lo dije… Sin embargo, pasará, con el transcurrir de los días lo irá asimilando.
No me arrepiento de la decisión que tomé, porque sé que es lo mejor para él, solo espero no perderlo…
Más tarde, lo veo salir al jardín en la silla de ruedas bajo el auxilio de Frankco, Toretto se vuelve loco de felicidad y veo en él un atisbo de sonrisa, lo acaricia y mima. Con ayuda de Frankco se levanta y camina al quiosco, donde contempla la vista por un rato.
Pongo al tanto de la situación a los muchachos, están felices de que despertara y tratan de animarme, me piden una vez más que tenga paciencia, que no me desespere, que él me necesita a su lado más que nunca… y yo lo necesito a él.
No lo veo el resto del día, Frankco me pide que no me acerque, él necesita estar tranquilo y verme solo lo altera, así que me refugio en mi habitación con un lienzo y mil colores que me transportan a la seguridad de mi interior y a un infinito de posibilidades mágicas.
Tomo un lienzo cuadrado, en el centro un corazón, el mío, de un verde vibrante, lo quieren atacar, pero no importa, ¿quién?, ¿qué? O ¿con qué?, no podrán lastimarlo.
Pintura realizada por la Autora, Claudia A. Pérez R. en técnica mixta, en septiembre del 2016.