El Infierno en el Paraíso 15 #2
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15 #2

El hombro quema, Paty continúa pálida con el cuchillo amenazante en su garganta y a Koreshiga le brilla la mirada por la sed de venganza, de sangre, de mi sangre.

La adrenalina recorre mi flujo sanguíneo, la ira al ver tan asustada a mi hermosa chica despierta todos mis instintos asesinos y unas imperiosas ganas de aniquilar a este hijo de puta.

¿Cómo se atreve a venir aquí, a mi Paraíso, a amenazar a mi mujer?

Será él quien no salga vivo de aquí, al igual que su puñado de idiotas que juegan a ser matones a sueldo.

Me trueno el cuello de un solo movimiento y me pongo en guardia.

Terry: Viajaste desde muy lejos, ¡vamos!, al menos hazme sudar.

Koreshiga: ¡Kazuho! ¡Masaho!

Se acercan lentamente, una vez visto lo que acaba de pasarle a su compañero, me atacan intercaladamente, son veloces, me están midiendo como yo a ellos, detengo algunos de sus golpes, y ellos esquivan varios míos.

Esto comienza a ponerse bastante interesante, hace mucho tiempo no tengo contrincantes con esta calidad, sin embargo, el hombro quema y me impide moverme con la agilidad y la fuerza que debería ¡carajo!, si no hubiese dejado de entrenar, ya estarían en el piso.

Ataco con una patada frontal a uno de ellos, mi pie se hunde en su costado rompiendo al menos dos costillas, queda uno. Estoy agitado, sudoroso, lleno de rabia.

Alcanzo a ver al idiota de Jesse acercarse a lo lejos, por detrás de Koreshiga, si lo ven, son capaces de lastimar a Paty, no puedo arriesgarme.

Terry: Si mi jefe de seguridad estuviera aquí, les habría dado una paliza a tus gatos. (Hablo fuerte para que Jesse me escuche, afortunadamente lo hace y se oculta).

Koreshiga: Me dijeron que es bueno, pero no me interesa averiguarlo.

Terry: Después de romperles un par de huesos, los habría entregado a la policía.

Continúo esquivando golpes, al tiempo que estoy al pendiente de que no lastimen a Paty y esperando que el idiota de Jesse envíe un mensaje a Frankco y llame a la policía.

Necesito deshacerme de una vez de este imbécil, antes de que el dolor en el hombro me impida enfrentar a Koreshiga.

Esquivo un golpe y salgo a su lado para caer sobre una de sus piernas, justo arriba del tobillo quebrándole el peroné y la tibia.

El grito de dolor que emite retumba por toda la casa.

Me hincho de orgullo y satisfacción por eso, mientras la frustración de Koreshiga aumenta.

Terry: ¿¡Dos años y medio para esta mierda!? ¡Debiste quedarte donde estabas! (Me burlo sin pensar, no debí, Paty sigue aquí).

Koreshiga: ¡Ikki, destrózalo!

El hombre se acerca ágilmente, intercambiamos golpes, él detiene los míos y cada vez que paro los suyos, siento como si el hombro se me desgarrase; Jesse apunta su arma hacia acá, le hago un gesto negativo con la cabeza, debe esperar a que termine con ellos o alguno podría lastimar a Paty.

El sudor escurre por nuestras sienes, logro conectar un par de golpes, mas no con la suficiente fuerza para derribarlo, es veloz.

Terry: Te daré una última oportunidad. Si la dejas ir, solo saldrás de aquí en silla de ruedas. Si no, ¡NO saldrás! (Se burla ante mi amenaza).

KoreShiga: ¡¡Ya no puedes con Ikki, estás acabado, conde Grandchester!

! (¡¡Conde!!, esquivo un golpe quedando a su espalda, golpeo una de sus piernas por debajo de la rodilla, provocando que caiga y suelto un grito al saltar para golpear con todo lo que tengo en la espalda baja de mi contrincante.

Escucho cuando su columna se parte seguido de su grito lastimero.

El dolor me está matando. Una lágrima en la mejilla de Paty me quema el alma. Jesse continúa oculto, apuntando en esta dirección. Koreshiga le entrega el arma al que tiene sometida a Paty.

Koreshiga: ¡Si huye, mátala! (Ordena y su lacayo asiente apuntándole). Se te acabó la buena suerte, niño rico.

¡¡Suerte!! Suerte es lo que menos he tenido en esta vida. Se acerca y al quedar frente a mí, levanta un poco la pierna derecha y se pone en guardia, usando el bastón como arma.

Finalmente estamos frente a frente, nos observamos detenidamente y comenzamos una danza de golpes, esquivar, detener, golpear, me sorprende su velocidad.

Me golpea con el bastón en el brazo izquierdo, caigo al suelo y antes de que vuelva a golpearme, lo derribo pateando su pierna lesionada.

Ambos estamos exhaustos, seguramente yo más que él.

El dolor es insoportable, me sujeto el hombro.

Se está levantando y yo no puedo quedarme en el suelo. Paty se cubre la boca con ambas manos, asustada y con un tipo a escasos dos o tres metros apuntándole, pendiente del combate por si tiene que dispararme a mí también.

Koreshiga: ¡Ese campeonato era mío!

Terry: ¿Toda esta mierda es por el estúpido campeonato?

Koreshiga: Un maldito inglés no debía tener el derecho ni siquiera de competir por un campeonato de kung-fu. (Volvemos a intercambiar golpes).

Terry: ¡Este inglés ha sido y seguirá siendo mejor que tú!

De una patada parto en dos su bastón y no le queda más remedio que arrojar los pedazos de madera a un lado, a pesar de su cojera es ágil y fuerte, claramente ha seguido entrenando, logra golpearme el hombro desde la espalda, el dolor me recorre hasta el pecho, caigo de rodillas.

Paty: ¡¡Nooo!!

Grita y puedo esquivar un codazo que iba justo sobre mi hombro, no sé cómo, pero me levanto, no aguantaré mucho más, el dolor es agónico…

Volvemos a enfrentarnos, haciendo gala de nuestros mejores movimientos en artes marciales, con golpes estratégicos, finos, elegantes, ágiles, certeros y potentes.

Ambos somos muy buenos, sus golpes se dirigen a mi brazo izquierdo.

Él apenas y apoya la pierna derecha, así que debo destrozarle la izquierda, veo la oportunidad, salto para esquivar una patada que lanza, cayendo justo a su lado izquierdo, nuevamente salto y caigo sobre su rodilla, se desploma soltando un alarido, sujetándose con fuerza la rodilla dislocada, es su fin y lo sabe.

Koreshiga: ¡Mátala!

Grita y el sujeto con el arma levanta la mirada hacia mí y después a Paty, veo en sus ojos la decisión, corro hacia ella mientras él apunta. Grita asustada, alcanzo a empujarla, oscuro, todo se vuelve oscuro.

PATY

Un sonido ensordecedor, un disparo retumba en la momentánea quietud.

Cae sobre mí. Un segundo disparo y Frankco corre hacia nosotros, le grito desesperada a mi Sr. No responde, no se mueve, Frankco lo desplaza con cuidado de encima de mí, está sangrando de la cabeza.

Paty: Despierta, Terry, por lo que más quieras, despierta, quédate conmigo, ¡por favor, quédate conmigo!

Jesse llega detrás queriéndome apartar de él que yace inconsciente y sangrando, me zafo.

Frankco: ¡No lo mueva! (Ordena firmemente y asiento).

Paty: No puedes morir, no me dejes, ¡por favor, no me dejes!

Suplico entre sollozos, aterrorizada. Se escuchan sirenas, policías aparecen por todo el lugar, los paramédicos están sobre él.

Frankco: El doctor Tarson nos está esperando.

Es lo único que alcanzo a comprender, mi blusa y manos están tintadas de carmín, la sangre de mi Sr.

Uno de los paramédicos proclama que tiene signos vitales.

¡Está vivo! Lo inmovilizan en una camilla, lo suben a la ambulancia, un policía quiere detenerme y Frankco no se lo permite, sube conmigo a la ambulancia mientras salimos a toda velocidad con la sirena encendida, me olvido de respirar, pero le sigo hablando, suplicándole que no me abandone.

Los paramédicos no lo tocan, el camino rumbo al hospital parece eterno.

Paty: ¿¡Por qué no hacen nada, carajo!?

Frankco: Tranquila, estará bien.

Paty: ¡¡Que no se muera, Frankco, que no se muera!! (Me abraza, me doy cuenta de que tiemblo en sus firmes brazos).

Frankco: Es demasiado testarudo para morir en manos de ese cobarde.

El doctor Tarson lo recibe, corremos con él a los laterales de la camilla mientras los paramédicos informan de su estado, hasta que llegamos a un punto en que no nos dejan entrar.

Francko: Estará bien, tiene que estar bien.

Me abraza para detenerme, fue un disparo en la cabeza, ¡nadie sale vivo de un disparo en la cabeza!