15
TERRY
No sé cuántas semanas han pasado desde la última vez que abrí los ojos y contemplé la oscuridad tranquilamente. Escucho su acompasada respiración, no tengo la imperiosa necesidad de llevarme el medicamento a la boca.
Después de pasar por la rabia y sentir un inmenso temor a dañarla, a perderla, me aparté, despegarme de todo y todos para no destruir lo que me importa, quizá no fue la mejor manera, no obstante, es la única que pude tomar.
Sentir el calor de su cuerpo y su tersa piel desnuda, aun después de todo por lo que ha pasado junto a mí, vale todo el esfuerzo, y después de estas tortuosas semanas, finalmente estoy sintiendo algo de resultado.
La despierto a besos, recorriendo su espalda para hacerle el amor…
Esta semana me he dado a la tarea de contestar los mensajes de los chicos y de Sofi, entienden por lo que estoy pasando, afortunadamente son lo suficientemente prudentes para no llenarme de preguntas absurdas que de antemano saben no responderé.
También llamo a Adele, está muy preocupada y ya se quería regresar de Inglaterra, mas no la dejo, es justo que tenga tiempo para ella, le pido que tome algún curso de esos de repostería que tanto le gustan, para que a su regreso me consienta con su deliciosa cocina que, para ser honesto, ya extraño, los chefs de aquí son buenos, pero ninguno como ella.
Después de semanas, vamos a bailar, sé que es estúpido, pero me siento nervioso.
Aún me cuesta controlarme y temo que el dolor no me deje disfrutar la noche, “temor” odio ese sentimiento, y desde muy pequeño aprendí a enfrentarlo, sin embargo, al verla bajar por las escaleras, con esa sonrisa que ilumina la noche de mi Paraíso, todo el esfuerzo vale la pena.
Me hipnotiza ese aroma de chocolate, esa dulce sensualidad que posee, esas caderas que danzan entre mis manos, es perfecta, es mía y quiero hacerla feliz.
Tomamos una copa mientras descansamos del baile.
Paty: ¿Cómo se encuentra?
Terry: Estoy bien, no te preocupes, nena.
Continuamos disfrutando de la noche, parece que hubiesen pasado años desde la última vez que pude hacerlo, hasta que el maldito dolor me impide seguir, Paty debe notarlo porque me pide que regresemos.
No es tan tarde, pero con la intensidad del dolor es imposible continuar.
Regresamos a casa en silencio. Su mirada preocupada y no tener alivio a esta agonía, me llenan de impotencia y frustración; lo peor es que debo disimular e intentar no hacerle la vida más complicada de lo que ya es estar con un enfermo.
Terry: Sube, te alcanzo más tarde.
Paty: ¿Qué hará? (Inquiere sorprendida).
Terry: Estaré un rato en el bar.
Me observa por un momento antes de asentir y la contemplo subir las escaleras prestando atención en la pluma en el interior de su pierna que parece arder, como yo en este momento.
Me sirvo una copa de coñac en el bar, froto mi hombro punzante, respiro profundamente; «contrólate Terry, contrólate».
Necesito hacerlo o en un arranque de rabia y frustración mandaré todo al demonio.
Toretto aparece y se echa a mi lado, bebo mi copa en silencio, aguantando, siempre aguantando, al borde de la desesperación…
Cuando me siento más aliviado subo, me doy una rápida ducha mientras ella observa el celular entre las sábanas.
Al salir, me siento frente al tocador y ella se levanta para aplicarme la pomada.
Terry: ¿Cuánto tiempo vas a soportar esto?
Paty: No estoy soportando nada, ¿cuándo va a entenderlo? (Hundo el rostro en su pecho, me reconforta con un abrazo). Tranquilo, yo estoy y seguiré estando aquí, además, nos divertimos un buen rato, ya mañana descansaremos y en la noche iremos al teatro, todo saldrá bien.
Sus palabras me regresan un poco la cordura que quiere abandonar mi cuerpo agotado, asiento no del todo convencido, pero ahí está y yo tengo que continuar.
«Nadie dijo que la maldita vida, fuera fácil».
El sábado afortunadamente el dolor no me vuelve loco, se mantiene como los últimos días, vamos al teatro a ver una tragicomedia, humor negro, justo lo que necesito. Me siento un poco mejor y verla sonreír siempre es un aliciente. El domingo mientras desayunamos en el jardín…
Terry: ¿No me pedirás el día libre? (Pregunto con mofa).
Frankco: No, Sr.
Terry: ¿Se te enojó la princesa? (Paty no puede evitar soltar una risita y mi jefe de seguridad se nota incómodo, lo que sinceramente disfruto ya que no se ve muy a menudo).
Frankco: No, Sr.
Terry: ¿Entonces? A las mujeres no hay que descuidarlas, Frankco, ¿no has aprendido nada todos estos años? (Continúa observando nuestro alrededor en vigía). Dime una cosa, ¿sientes maripositas en el estómago como colegial? ¿Te vas a tatuar su nombre en la nalga izquierda?
Paty: ¡Ya no lo moleste! (Pide divertida).
Frankco: ¿Se le ofrece algo más, Sr.?
Terry: Anda, tómate el día libre, regresa mañana en la mañana para irnos a la oficina.
Lo piensa por medio segundo, agradece y se retira.
Lo único malo de que se vaya es que el imbécil de Jesse se queda a cargo, pero bueno, es justo que Frankco descanse un poco; claro que, conociendo a Lía, dudo que descanse mucho cuando la ve, es de esas a las que les gusta que las cojan duro, sin llegar al sado, pero unas cuantas nalgadas, nunca le caían mal.
Pasamos un rato más en el jardín, Paty quiere que vayamos al zoológico, pero en domingo con un montón de niños corriendo y haciendo preguntas absurdas, ni de broma, me apetece ir a cabalgar, tengo mucho de no hacerlo, sin embargo, el movimiento del caballo seguramente me molestará, tal vez ir a esnorkelear o bien ir de shopping, verla probarse shorts y vestiditos me parece la mejor idea para un domingo, le brindo una sonrisa del tipo de la que ninguna chica se resiste y acepta mi proposición.
Subo a cambiarme las sandalias por unos mocasines.
Escucho ladrar a Toretto, lo que me sorprende ya que muy rara ocasión lo hace, menos con esa intensidad, bajo y corro al ventanal para salir al jardín. La furia me inunda y mi sangre arde como lava quemando mis venas, Paty tiene el rostro pálido y un cuchillo pegado a su garganta.
Cinco orientales comandados por Koreshiga están alineados frente a mí, con sus impecables trajes negros de kung-fu, ¿cómo demonios lograron entrar?
Toretto gruñe agazapado, listo para atacar.
Atravieso la puerta lentamente. Koreshiga extrae de la espalda una pistola apuntándome, la preciosa mirada aceituna de mi chica se inunda de terror, ahoga un grito.
Mi perro solo espera mi señal para atacar, le hago un ademán para que se siente y obedece al instante.
Me dirijo al sujeto que tiene sometida a mi mujer.
Terry: Si lastimas uno solo de sus cabellos, te romperé en dos.
Koreshiga: Terry Grandchester preocupado por una mujer. ¡Qué estupidez! (Le dedica una mirada de asco y escupe al césped).
Terry: Tienes dos años y medio preparando esta venganza, ¿qué crees que sea más estúpido? (Avanzo unos cuantos pasos mientras me apunta. «¿Dónde carajos está el imbécil de Jesse? Y ¿cómo se coló un arma en el Paraíso?»). ¿A qué quieres jugar?
Koreshiga: A que te rompo las piernas. (Camina con un bastón ya que le destrocé la pierna derecha hace dos años y medio, en la final del campeonato mundial de kung-fu y él casi logra arrancarme el brazo.
Ninguno de los dos fuimos los mismos después de ese combate, solo que él se ganó con creces lo que le hice, lesionó con sadismo a cada competidor con el que combatió).
Terry: ¿Tú? ¿O tus gatos?
Koreshiga: Esto será lento, pagarás por todo.
Asegura levantando el bastón.
Sonrío, estos cinco idiotas deben estar muy bien entrenados para tomarse la molestia de traerlos hasta aquí.
A decir verdad, Koreshiga es un excelente peleador, dudo que dejara de entrenar pese a su lesión, pero eso es lo de menos, lo que realmente me preocupa es Paty en las manos de ese imbécil ¿dónde carajos está Jesse?
Terry: Para darles una cátedra de verdadero kung-fu no la necesitamos a ella, suéltala.
Koreshiga: ¡No! Ella observará cómo te destrozan mis muchachos.
Si no tuvieran armas ya me habría encargado de ellos, pero necesito hacer tiempo para que el imbécil de Jesse aparezca.
Terry: Me halagas, gastaste todos tus ahorros para poder volar hasta aquí con tus mascotas.
Koreshiga: Hay trabajitos que mis muchachos hacen y que dejan muy buena paga. No soy el mismo que conociste hace tiempo.
Terry: No, ¡¡ahora estás lisiado!!, ¿cómo demonios entraste? (Frunce el ceño y aprieta la mandíbula, no es buena idea hacerlo enfadar con Paty aquí, pero no puedo evitarlo).
Koreshiga: Tienes muchas preguntas y como no saldrás vivo de esta, te cumpliré la última voluntad.
¡¡Corrupción!! Uno de tus empleados, un tal Jesús, de los guardias de seguridad que rodea tu casa, metió el arma por mí, también me avisó que Frankco tu jefe de seguridad, salía frecuentemente los domingos y, aquí estamos, visitando tu Paraíso.
Aaaah, y antes de que se me olvide, tu otro guardaespaldas quedó inconsciente allá atrás, así que no lo esperes.
Genial, siempre supe que era un imbécil. Observo a los cinco tipos, tres de estatura media y dos más altos y con mayor corpulencia.
Terry: ¿Qué esperamos?, ¡comencemos el baile!
Koreshiga: ¡¡Quítate la camisa!!
Sé exactamente qué es lo que quiere ver y teniendo a Paty entre sus manos, no es momento de seguir discutiendo, obedezco, desabotono la camisa y cuando ve el vendaje, sonríe burlonamente.
Koreshiga: ¿Y tú te atreves a llamarme lisiado? Todos los días me has maldecido al verte al espejo.
Terry: No te cuelgues medallas ajenas, esta lesión no me la hiciste tú, si hubiera llegado sin ella a esa final, estarías en silla de ruedas.
Koreshiga: ¡¡Shiru!!
Grita y el chico se apresura hacia el frente obedeciendo a la orden de su amo, descuidando la guardia, así que antes de que pueda darse cuenta lo derribo de una patada directo en la quijada.