TERRY #4
Sus amigos me llaman preocupados porque ya no contesta a los mensajes. El fin de semana no insisto en salir, tengo miedo a que se niegue o, peor aún, a que crea que estoy aburrida a su lado.
Sofi me llama a la oficina, Adele le comentó la situación en la que se encuentra, le escribió, pero no le respondió, Dereck le comentó que a ellos también les dejó de escribir, está preocupada, todos lo estamos.
Debía estar molesta por recibir su llamada, pero a estas alturas, estoy desesperada, cualquiera que lo haga reaccionar, será bien recibido.
Le explico la situación, intento pasarle la llamada, pero se niega a tomarla, no quiere hablar con nadie, ni siquiera con los chicos, en ocasiones siento que no quiere hacerlo conmigo.
Un viernes más en que observa el atardecer desde el quiosco del jardín, con su copa de coñac y Toretto a un lado.
Paty: Hoy se estrena otra obra de teatro; El Amor de Gonzalo, según he leído, tiene muy buenas críticas.
Terry: Sí, las leí.
Paty: Me gustaría que fuéramos. (Da un sorbo a su bebida y ve su reloj).
Terry: En una hora salimos.
No puedo creer su respuesta. Subo entusiasmada a darme una rápida ducha y ponerme un lindo vestido al tiempo que veo constantemente el reloj para ser puntual.
Al bajar las escaleras el embriagador y masculino aroma de su perfume, mezclado con su piel y el coñac me arrancan un suspiro, me espera con aquel brillo en sus ojos azul profundo que tanto extrañaba, parpadeo para aclarar su imagen, por un momento se volvió borrosa por las lágrimas que inundaron mis ojos.
Me extiende la mano para ayudarme a bajar los últimos escalones y besa mis nudillos.
Terry: Estás preciosa, como siempre. (Entramos a su palco, me toma de la mano, ese simple contacto cálido que no había tenido en días me remueve sentimientos y recuerdos, como la primera vez que me senté en esta butaca, prácticamente obligada, tenía tanto miedo…
cuántas cosas han pasado desde entonces, mis ojos se inundan, me toma por la barbilla para girar mi rostro).
Sé que estás preocupada. (Me mira, finalmente me mira).
Y odio que lo estés, pero no sé cómo evitarlo, nena.
Paty: Prefiero que me grite a que siga así de indiferente a todo… A mí.
Terry: Controlarme es imposible, no, no puedo, o me aíslo de todo o voy a terminar quemando el lugar, me conoces, lo has visto.
Paty: ¿También quiere aislarse de mí?
Terry: ¡¡No!! No, nena, no, lo que no quiero es lastimarte.
Paty: Lo hace aún más con esta frialdad.
Terry: No es esa mi intención.
Paty: ¿Qué es lo que cree que hace, cuando prácticamente me ha ignorado las últimas semanas?
Terry: Protegerte… Protegerte de mí.
Paty: No necesito que me proteja de usted, ¡¡lo necesito a usted!! (Una pequeña sonrisa aparece en su rostro).
Terry: He sentido un poco de mejoría, al menos ayer y hoy, el dolor sigue siendo intenso, pero ya no tan desesperante. (Acaricio su rostro, de alguna manera está funcionando, como el médico lo predijo). Tenme paciencia.
Paty: Usted tiene todo de mí.
Me observa con ternura, acaricia mi cabello y besa mi frente.
La obra de teatro cuenta la historia de un mafioso de estatura pequeña, con dos enormes guardaespaldas, la historia es muy cómica y después de semanas por fin vuelvo a escuchar la risa de mi Sr.
Al salir del teatro, caminamos un poco por los jardines cercanos, me abraza por la espalda y hunde la nariz entre mi cabello inhalando profundamente.
Terry: Eres lo único por lo que no mando todo al carajo.
Paty: No diga eso.
Terry: Habría sido más fácil perderme entre morfina y demás sedantes, mandar todo a la mierda y dejar de sentir.
(Giro para verlo de frente). Sin embargo, te quiero demasiado como para perderte por mi maldita lesión.
Saldré de esto, no sé cómo carajos, pero saldré de esto, nena, solo… Solo dame tiempo.
Su voz angustiada me parte el alma, sin embargo, sus palabras me regresan la esperanza, está luchando, a su manera, una que tal vez no logro entender, porque no estoy en sus zapatos, porque nunca he sufrido y padecido la agonía constante que él padece, mas no se está dejando caer como creí.
Paty: Voy a estar aquí en las buenas, en las malas y en las peores, todo el tiempo.
Los siguientes días continúa ausente, no obstante, ya no mantiene esa frialdad que me quemaba.
En el transcurso de la semana observo miradas demasiado largas entre Lía y Frankco, algo está pasando ahí.
Paty: ¿Sabe si Frankco sale con alguien en especial?
Terry: Pensé que lo sabías, está con Lía. (¿¡QUÉ!?).
Paty: ¿Cómo es que ella no me ha dicho nada?, pensé que éramos amigas, ¿desde cuándo salen juntos?
Terry: No lo sé, tres o cuatro meses, yo me enteré no hace mucho. Ambos siempre han sido muy reservados, es su vida personal, no tienen por qué publicarla.
Prácticamente les reclamo por mantener su relación en secreto, Frankco responde que no quiere que su relación afecte su vida laboral, ¡tonterías!
, ese par siempre tan profesionales, les doy un abrazo y los felicito, son excelentes personas y se merecen a tener a alguien que los quiera, cuide y apapache.
Ahora cuando Frankco pide la tarde o el domingo libre, sabemos justamente a dónde va y me da gusto, los dos sonríen y emanan esa luz que solo el amor bien correspondido emite, estoy feliz por ellos.
Poco a poco con el paso de los días mi Sr. se va relajando, salimos al teatro, a cenar, a caminar al zoológico, comienza a hacer bicicleta por las mañanas, nada que le provoque esfuerzo de la cintura hacia arriba, en ocasiones se muestra cariñoso, en otras más… ausente.
Aún lo veo mirar hacia el horizonte, añorando, extrañándose, mas yo no lo dejaré caer, él conseguirá salir de esto y yo lo ayudaré; halándolo, empujándolo o simplemente permaneciendo a su lado, esperando que él a su manera lo haga, siempre a su lado, porque esto es el amor, cualquiera puede estar en los momentos sencillos, en las lunas cargadas de miel, pero seguir de la mano atravesando los huracanes que se presentan, eso solo lo logra el verdadero amor.