El Infierno en el Paraíso TERRY #2
51%

TERRY #2

Adele: ¡Por favor, Paty, solo a ti te escuchará!

Paty: ¿¿Lo dices en serio?? Como si no lo conocieras, ese hombre no escucha a nadie, el doctor Tarson se ha cansado de pedirle que se opere.

Adele: Tú no lo viste después de la operación, fue un infierno para él, es comprensible que no quiera volver a pasar por lo mismo, no se operará, esa decisión ya fue tomada.

Pero puedes ayudarlo con su padecimiento.

Solo necesitas aprender a hablarle. (“Aprender a hablarle” ¿Cómo? ¿Como ella?, ¿como Lía? ¡¡No puedo!!).

Paty: Yo no soy como tú, Adele, no soy tan buena.

Adele: Te quiere por ser como eres, pero necesitará de tu paciencia y comprensión. Por favor, Paty, prométeme que lo cuidarás.

Se lo prometo, está preocupada por él, pero también tiene muchas ganas de ver a su familia y a Sofi. Una vez que termina su maleta, sale a la cocina a dar indicaciones, quiere que todo siga tal y como si ella estuviera aquí, lo cual por supuesto es imposible.

Necesito hablar con él, anoche cuando subí tenía una pesadilla, balbuceaba y su rostro reflejaba desesperación, pero pudo más mi coraje que mi preocupación, seguramente no durmió mucho.

Está de pie en el quiosco del jardín, contemplando la majestuosa vista, la mañana es soleada y el viento fresco.

Me acerco sin saber qué decirle, permanezco a su lado, llenando mis pulmones de aquel aire puro mezclado con su varonil aroma, es embriagador, adictivo, solo una noche pasamos separados y ya lo extraño.

Paty: ¿A qué hora sale el vuelo de Adele?

Terry: A las cuatro… ¿cómo la viste? (Su tono es cansado).

Paty: Mucho más tranquila, aunque preocupada por dejarlo.

Terry: ¿Y tú?… (Continúa con la vista clavada en el cielo, no entiendo a qué se refiere). ¿Te irás?

Su pregunta se siente como un hueco en el estómago, estaba aquí, esperando a ver si me iría. Estaba tan furiosa con él que, si en verdad la hubiera corrido, sin pensarlo me habría ido, pero ahora que lo pregunta así, con voz serena y pausada, casi indiferente, me duele imaginarme lejos de él.

Paty: No.

Espero alguna reacción de su parte, pero nada. Me ordena seguirlo hasta la habitación, le aplico la pomada y le coloco el vendaje, se ve cansado, muy adolorido y eso me estremece el alma.

Paty: ¿Quiere desayunar? (Niega con la cabeza). ¿Se le ofrece algo más?

Se encuentra sentado frente a mí, finalmente levanta la mirada, penetra en mi alma con esos hermosos ojos azul profundo que tantos suspiros me han arrebatado, me toma por la cintura con una mano y elimina el espacio entre nosotros, deja caer la frente en mi pecho, percibo cómo suelta el aire, como si tuviera demasiado tiempo con él en el pecho.

Lo abrazo, hundo mis dedos entre sus sedosos mechones oscuros, envuelve mi cintura en un necesitado abrazo…

TERRY

La siento sobre una de mis rodillas, acaricio su mejilla convenciéndome de que aún se encuentra aquí y finalmente acaricio sus suaves labios con los míos.

Terry: ¿En verdad te habrías ido? (Me observa por un momento antes de asentir).

Paty: Si hubiera seguido con la absurda injusticia de correrla, sí.

Terry: La pobre Adele… Tienes razón, tendría merecido perderlas a ambas. (Me imagino la escena de ellas dos saliendo por la puerta principal, mi orgullo no me hubiera permitido detenerlas).

Paty: Ya no se martirice, lo bueno es que recapacitó. (¿Recapacitar?, no…).

Terry: Si ella no se hubiera sentido mal, si no hubieses llamado al Doc, no habría cambiado de opinión…

Con la rabia que tenía en ese momento, habría dejado que salieran del Paraíso.

(Me observa en silencio, confundida). Desde hace quince años estoy enterado del pasado de Adele, de la relación que tuvo con el conde; me llené de resentimientos, aun cuando creí que no podía guardar más, e incluso en ese momento no me atreví a echárselo en cara…

Lo que trato de decirte es que anoche perdí el control, exploté, no me importó ofenderla, lastimarla de la forma tan baja como lo hice.

Siempre he sido explosivo, nunca me ha importado joder a las personas, pero jamás lo hice a la gente que me importa, no al menos a ese nivel y anoche eso era lo que quería, lastimarla, y por un momento lo disfruté.

Sé que mi condición física no debería ser un pretexto para esto, sin embargo…

Paty: No es un pretexto, su lesión es real.

Terry: Sí… lo es, el problema se ha agravado… y…

Paty: ¡Entiendo!

Terry: ¡No! No lo entiendes, soportar esta maldita lesión día y noche en el nivel en que se encuentra, me está volviendo loco y pierdo los estribos, el medicamento no me alivia como antes y ya escuchaste al Doc, no me recetará nada más fuerte, te quiero y voy a hacer todo lo humanamente posible por controlarme contigo…

No obstante, no puedo prometer lo mismo con los demás y tú no puedes condicionar lo nuestro con base a eso, nena, porque seguramente cometeré otras estupideces y no quiero perderte por algo así.

(Acaricia mi mejilla, tomo su mano y beso su palma).

No quiero sonar prepotente, pero no vuelvas a amenazarme, porque no sé cuál será mi reacción, lo que sé es que seguramente no será la mejor, ni sigas poniéndote a favor de los demás.

Paty: ¿Qué se supone que haga entonces? (Pregunta confundida).

Terry: Mantente al margen, cuando me tranquilice, si es que lo hago, entonces hablamos, mientras tanto, mantente al margen. (Clava la mirada en mi hombro, en silencio por varios segundos). No quiero perderte por algo así, por algo ajeno a nosotros.

Paty: Yo tampoco quiero perderlo, lo que necesita es descansar, yo…

Terry: Sé exactamente lo que necesito, solo mantente al margen, ¿de acuerdo?

Asiente, la guío conmigo a la cama, apoya su hermoso rostro sobre mi pecho y cuando su respiración se acompasa, finalmente puedo descansar.

Permanezco tres días sin ejercitarme, me siento como león enjaulado; demasiada energía sin quemarse, mucho dolor sin medicamento que me alivie. Con el reposo he disminuido mi cantidad de píldoras a cuatro al día, aun así, no es suficiente.

Me concentro en la oficina, en mantener todo al día y por las tardes en la lectura.

Al cuarto día salgo a trotar con Toretto, no fue una buena idea, llego a la oficina con mucho dolor, el resto de la tarde la paso en reposo, transcurren tres días más así, prisionero en mi propio cuerpo.

Tengo que mantener la calma o cometeré alguna estupidez, o peor aún, alguna injusticia como la que pretendía con Adele.

«Aguanta un poco más, esto pasará y recuperarás el control», me repito una y otra vez como un mantra.

Un par de días más y el dolor no disminuye, la paciencia no es una de mis cualidades y esperar a que esto mejore sin obtener resultados me irrita, hasta la estúpida sonrisa que a Frankco le aparece cada vez que observa el celular me molesta.

Aguanto un día más y llamo al Doc, sé que seguramente sigue molesto conmigo por lo de Adele, pero es eso o buscar a otro médico.

Lo pongo al tanto de mi situación, que he permanecido en reposo la última semana y el maldito dolor no disminuye la intensidad, existen decenas de medicamentos más fuertes para controlar el dolor, pero aun así no me quiere recetar ninguno, no es que necesite específicamente su aprobación, puedo conseguir el medicamento con cualquier otro médico, sin embargo, lo respeto como profesional.

Es quien ha visto mi lesión toda la vida y, aunque me jode, sé que tiene razón; han sido demasiados años consumiendo medicamentos, me recuerda que mis riñones han trabajado horas extras, se atreve a sugerir que depure mi organismo de tanto medicamento, estoy al borde de la locura y se atreve a proponer semejante estupidez.

Lía está siendo más eficiente que nunca, en la oficina todo está perfecto, Paty no objeta nada de lo que yo ordeno y aun así quiero golpear algo hasta caer de cansancio.

Dimitry me invita a salir ya sea solos o en parejas, mas no estoy de humor ni para una ni otra cosa. Los chicos en ocasiones me distraen un poco con sus estupideces, pero no demasiado.

La preocupación en los hermosos ojos aceituna de mi chica por momentos me enternece, en otros me parece ver lástima en ellos y algunos más, me frustra. No debería estar preocupada por mí, debería estar feliz conmigo, es lo que quiero para ella, no estar padeciendo con un maldito enfermo.

Aguanto una semana más, mientras todos a mi alrededor marchan como soldados romanos, están haciendo su mayor esfuerzo para que todo esté perfecto y justo como a mí me gusta, debo reconocer que hacen un buen trabajo.

Me he rodeado solo de personas competentes, con excepción del imbécil de Recursos Humanos.

Alcanzo a escuchar que Lía se queja de él por un mal contrato, así que me voy directo a su oficina y le ordeno me redacte su renuncia en ese momento.

Duda en hacerlo unas cuantas milésimas de segundo, supongo que mi rostro lo persuade de cualquier objeción…

Ahora necesito un gerente para esa área.

Le pregunto a su asistente si ella puede hacerse cargo del puesto y muy segura me responde que sin lugar a dudas es capaz.

Le doy tres meses de prueba, si lo hace bien, se queda con el puesto, si no, quedará despedida por incompetente y mentirosa.

Estoy en la tercera semana, apunto de desquiciarme, por las noches no quiero hacerle el amor a mi chica, me la quiero coger, cogerla de todas las formas posibles, no tengo ganas de romanticismos, necesito puro y vil sexo.

He estado siendo un poco más tosco de lo normal, pero al terminar me preocupa haberla sujetado demasiado fuerte o que en algún momento ella se asuste y yo por la euforia del momento no me percate.

Bajo a contemplar el amanecer desde el quiosco del jardín, mientras mi chica se encuentra ejercitándose, al regresar paso por el gimnasio y la escucho hablar, me acerco y está felicitando a su amigo Ángel por algún logro, me hierve la sangre solo de escuchar su nombre.

Terry: ¿¿Aún no hablas conmigo y ya estás hablando con ese imbécil??