El Infierno en el Paraíso TERRY
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TERRY

PATY

Adele despierta mucho más tranquila, la pobre se apena al verme ahí pendiente de ella, se disculpa por su reacción de anoche y lamenta que el doctor Tarson viniera a atenderla, pero más que los calmantes, creo que llorar en el hombro de su amigo de toda la vida fue lo que le sirvió para tranquilizarse.

Comienza a darme explicaciones de lo que el Sr. la acusó, insisto en que no es necesario ya que a mí no me concierne, pero se empeña en contarme su historia.

Pobre Adele, a pesar de haber dormido toda la noche se ve cansada, insisto en que permanezca en su habitación, pero se empeña en salir a su cocina a desayunar, pese al semblante cargado de tristeza.

Adele: ¿A qué hora dispuso el Sr. que me retire?

Paty: Eso no ocurrirá y si tú sales de aquí, me voy contigo.

Es injusto el trato que se le ha dado, Adele se dedicó a cuidar y educarlo ¿para qué?, para terminar siendo insultada, ¡no!, si insiste en semejante infamia, arderá el Paraíso.

TERRY

No pude dormir y el poco tiempo que concilié el sueño, fueron pesadillas llenas de angustia… Al menos el dolor es soportable, estoy tentado a bajar para ver cómo sigue Adele, pero seguramente dormirá hasta tarde por el calmante, prefiero evitar cualquier enfrentamiento con Paty.

Un nudo de sentimientos encontrados hacia Adele se anidan en mi pecho; rencor, cariño, indignación, agradecimiento y ahora se añade la culpa, no soportaría que algo le pasara, mucho menos ser el causante de ello.

Bajo las escaleras con cautela, después de la ducha no tengo el vendaje y debo controlar la cantidad de medicamento que estoy consumiendo.

Me encuentro con ambas al entrar a la cocina, Paty me dedica una mirada furiosa, ella no entiende, no puede, nadie puede, pero esto no es asunto suyo.

Adele en cambio baja la mirada, parece cansada, más pálida de lo normal.

Le pido a mi chica que me deje a solas con ella, intenta objetar, sin embargo, le dejo claro que este no es asunto suyo.

Adele intenta levantarse…

Terry: No es necesario, permanece sentada. (Le pido sentándome a su lado).

Adele: ¿Gusta algo de desayunar, Sr.? (Tan servicial como siempre, coloco una mano sobre la suya).

Terry: ¿Cómo te sientes?

Adele: Estoy bien, Sr., lamento que el doctor Tarson tuviera que venir.

Terry: No te preocupes por eso, ¿segura que te encuentras bien?

Adele: Sí, gracias, Sr.

Terry: No me agradezcas, yo… Anoche… (No encuentro las palabras adecuadas).

Adele: Está bien, Sr., yo entiendo.

Terry: No, no estuvo bien, yo no debí insultarte, tengo años sabiendo esto y jamás lo dije. Anoche perdí el control, exploté, fui demasiado hiriente, un… un patán y yo… Adele… Tú no educaste a un patán.

Una lágrima se desliza por su blanca mejilla, la intercepto, negando para que no llore más, mientras baja nuevamente la mirada.

Adele: ¿Desde cuándo sabe todo eso? (Dudo en responder, sin embargo, es el momento de hablarlo).

Terry: Desde que salí de Inglaterra a los quince años, quería saber todo sobre mis padres, mandé a investigar absolutamente todo de ellos y de quién se encontraba a mi alrededor.

Adele: ¿Por qué nunca me dijo nada?

Terry: Estaba furioso… Y dolido, me sentí traicionado. Preferí irme a… No quería lastimarte, alejarte y tampoco estaba listo para escuchar la respuesta a mis preguntas.

Adele: ¿Cuáles son las dudas que tiene?

Terry: Ya no tiene caso.

Adele: Sí, sí lo tiene (su mirada es suplicante), por favor, dígame.

(La observo dudoso). Yo le juro que nunca le falté al respeto a su madre, ellos estaban muy enamorados, dudo mucho que el conde le mintiera alguna vez.

(Su voz cansada y su mirada suplican que le crea, quiero hacerlo y, aunque no sea cierto, ¿qué más da?). ¿¿Qué puedo hacer para que me crea??

Terry: Tranquila, Adele, tú siempre has sido una dama y yo no tengo derecho de poner tu palabra en duda, si tú me aseguras que así fue, yo te creo.

Adele: ¿Cuáles dudas son las que tiene? Por favor no podemos postergar esta conversación. (Tiene razón).

Terry: Yo. Yo sé que me quieres, nunca he puesto en duda tu cariño, pero… ¿por qué me quieres?

Adele: ¿A qué se refiere? Yo prácticamente lo vi nacer, le cambié los pañales, escuché sus primeras palabras, anduve detrás de usted cuando dio sus primeros pasos y empezó a correr, lo he visto salir adelante a pesar de todos los obstáculos, y se ha convertido en un hombre fuerte, inteligente y justo.

¿Cómo no podría quererlo? (Un nudo me oprime la garganta, ella siempre ha estado incondicionalmente a mi lado, sin embargo, eso no aclara mis dudas).

Terry: ¿Me quieres porque soy el hijo del conde? ¿Porque me ves como el hijo que no pudiste tener con él?

Adele: Aunque usted no recuerda esa parte, el conde era un hombre bueno, usted heredó el hermoso azul de sus ojos, pero él nunca tuvo tanta expresión en ellos, tiene la frialdad y arrogancia de él, y el calor y la sinceridad de su madre.

No tuve la dicha de ser madre, nunca sabré cómo habría sido, sin embargo, me hubiera gustado que fuera como usted; yo no lo quiero por el conde, lo quiero porque fue un bebé encantador, un niño travieso y alegre, porque la fortaleza que usted ha demostrado, pocas personas la tienen.

¡Lo quiero porque es Terry Grandchester!

(Su mirada llena de ternura y sus palabras cargadas de sinceridad se clavan en mi pecho).

Terry: ¿Por qué te quedaste cuando él murió? Pudiste irte, rehacer tu vida.

Adele: No podía dejarlo, era mi niño, usted me tenía a mí y yo lo tenía a usted.

Terry: ¿Me tenías lástima?

Adele: Le tenía y le tengo cariño, un gran cariño y respeto.

Permanezco observando un punto fijo en la barra desayunadora, después de años de sentir que le fallaba a mi madre por quererla, mis dudas se disipan.

Adele: Me cree, ¿verdad, mi Sr.?

Por un momento mi mirada se vuelve borrosa, lágrimas distorsionan mi visión, creí que hace mucho mis ojos se habían secado. ¿Cómo pude ser tan desgraciado para insultarla de esa forma? Me cuidó, me crio, me educó, soy un maldito animal.

Tomo sus manos entre las mías y beso su frente, solloza estremeciéndose y la abrazo con todo el cariño que nunca me permití demostrarle, parpadeo para aclarar mi mirada.

Terry: Cuánta paciencia has tenido conmigo, Adele… Él no se merece tanto amor y tú lo sabes. (Fija su mirada en mi pecho).

Adele: Hasta antes de que falleciera su madre, fue un buen hombre y uno no decide a quién amar, ni por cuánto tiempo.

Terry: Nunca lo voy a entender, es demasiado irracional, me enfurezco solo de pensar en él.

Adele: Sr…

Terry: No, no hablemos de él ahora, ya ha sido suficiente y tú necesitas descansar, sobre todo de mí.

Adele: No diga eso.

Terry: No, lo digo en serio, cada año vas a Inglaterra, y yo… Voy a estar bien, así que tómate unas vacaciones de mí.

Adele: Pero, Sr…

Terry: Ve, haz lo que sea que hagas cada año, rézale a mi madre, ya que eso le gustaba, y visita a Sofi, a ella le hará bien tenerte algunas semanas a su lado, visita a tu hermana, a tus sobrinas. Salúdame a Alita que seguro me recuerda.

Le guiño un ojo, estuve con una de sus sobrinas en alguna ocasión, era muy atractiva y Adele por supuesto se percató de ello.

Adele: Claro que debe recordarlo, cada año me pregunta por usted.

Terry: Haz tu maleta, después de unas semanas ya que hayas descansado de mí, pongas en orden el castillo y visites a tu familia, regresas.

Adele: No quisiera dejarlo, Sr.

Terry: Serán unas cuantas semanas, me merezco el castigo de perderme de tu excelente cocina por comportarme como un imbécil. Le diré a Paty que venga a ayudarte a empacar. ¿De acuerdo?

Asiente, le doy nuevamente un beso en la frente y se retira a su habitación mucho más tranquila, siento como si me hubiese quitado un enorme peso del pecho. El dolor en el hombro es constante, aunque ya es ganancia que no aumente.

Al salir de la cocina Paty me espera en la sala, claramente sigue enfadada, no quiero discutir, no quiero alterarme y provocarme más dolor, estoy exhausto, en verdad necesito recuperar el maldito control que tenía.

Paty: ¿Qué le dijo? (No caeré en provocaciones).

Terry: Ese no es asunto tuyo, se ve cansada, así que ve y ayúdale a empacar. (Parece lanzarme dagas con los ojos).

Paty: Si esa mujer sale por esa puerta, yo me voy con ella.

(Sus palabras me caen como un balde de agua helada, inconscientemente me tenso, cierro los puños y eso trae consigo una punzada, aprieto la mandíbula para no soltar un gruñido.

He dicho y hecho muchas estupideces en las que temí que se alejara, pero esta vez su mirada me lo confirma, está decidida).

Terry: ¿¿Me estás amenazando?? (Por más que intento mantener la calma, siempre logra afectarme hasta la última célula).

Paty: Le estoy diciendo que, si comete la infamia de correr a esa mujer que lo crio y que tanto lo quiere, yo también me voy.

Terry: Aquí nadie te tiene a huevo, si te vas a ir, ¡¡vete!! Pero mientras sigas aquí, el Sr. del Paraíso soy yo. Así que ve y ayuda a Adele a empacar. ¡¡O-be-de-ce!!

Nos retamos con la mirada, pero finalmente cede y se retira. Me sujeto el hombro, aún es temprano para tomar la primera pastilla del día, teniendo en cuenta que ni siquiera me he ejercitado. Toretto aparece entusiasta como cada mañana, froto su cabeza.

Terry: Hoy no entrenaremos, no puedo…

PATY

Creí que la encontraría hecha un mar de lágrimas, un manojo de nervios como la noche anterior, pero, al contrario, se ve muy tranquila mientras empaca sus pertenencias.

Me explica a grandes rasgos lo que hablaron, hicieron las paces y ella irá a Inglaterra de vacaciones por algunas semanas.

Se encuentra nostálgica, no quiere irse dejándolo en la situación en la que se está, me recuerda lo delicado de su condición física, en ocasiones me hace enfadar tanto que me olvido de ello, pero es verdad, está muy dolorido, su lesión ha empeorado mucho el último año, necesita reposo y tranquilidad.

Animo a mamá Adele a que se vaya tranquila, le prometo que yo me encargaré de que él descanse.