13 #3
Dr.: ¿Qué pretendes, Terry? Si sigues así llegará el punto en que el dolor no te permitirá mover el brazo.
Terry: El desgaste se había mantenido.
Dr.: Pero este año aumentó considerablemente, si al menos reposaras lo suficiente, pero pareciera que te empeñas en destrozarte el brazo. (Me enderezo, el dolor aumenta).
Terry: No pasará, haré ajustes a mi rutina y…
Dr.: ¡¡Tienes que operarte!! (Su tono es demasiado alto, aprieto los puños instintivamente, ¿quién carajos se está creyendo?).
Terry: No me someteré a la tortura de su estúpida operación. (Aseguro entre dientes. Después de unos segundos en que nos retamos con la mirada y me contengo para no sujetarme el hombro por el dolor que me atraviesa, golpea el escritorio con una mano y da media vuelta frotándose la frente).
Dr.: Terry, hijo, entre más dejes pasar el tiempo, más complicada será la operación y más dolorosa la recuperación, no tenemos que hacerla mañana, pero podríamos ir preparándote para hacerla.
(¿¡De verdad cree que puede convencerme con eso!
?, el dolor me está matando y una punzada me obliga a inclinarme y sostenerme el hombro.
Paty me sostiene y el Doc se gira para verme).
Eso no hubiese pasado hace un año, Terry, ¡por favor!
, estarás un mes con solo ejercicios de cardio, sin esfuerzo para el tórax, espalda y brazos, después de un mes que hayan descansado tus músculos, operaremos.
(Me enderezo, lo está diciendo como si de él dependiera la decisión).
Terry: ¿Qué parte no le ha quedado clara?
, no me volverá a operar. (Paty intenta intervenir, mas no se lo permito).
¡¡No te metas en esto!! (Suficiente tengo con estar discutiendo con el Doc).
Me he salido demasiadas ocasiones de mi rutina, trataré de descansar más, pero no me operaré, esa es una decisión tomada desde hace mucho.
Dr.: ¡Deja de ser tan testarudo!
Terry: ¡No seguiré discutiendo!, pero necesito otro medicamento.
Dr.: ¿Otro? Terry, por Dios, ¿cuántas pastillas estás tomando al día?
Terry: No llevo la maldita cuenta.
Dr.: ¿Cuántas? (Pregunta a Paty).
Paty: Varias, cinco o seis.
Dr.: ¡Terry!, deberías tomar dos, máximo tres diarias.
Terry: Ya no me sirven.
Dr.: Por supuesto que no, el desgaste que tienes es mucho mayor ahora que cuando te las receté y, en lugar de descansar, lo único que se te ocurre es seguir dañando tus riñones.
Terry: Recéteme otras pastillas, entonces.
Dr.: Te estás haciendo dependiente de ellas, sin mencionar que no paras de combinarlas con alcohol, tus riñones e hígado están trabajando horas extras.
Terry: ¡Necesito algo más fuerte para poder seguir!
Dr.: Lo que necesitas es ¡¡PARAR!! (La oficina se queda en un tenso silencio por varios segundos). No puede tomar más de tres pastillas al día. (Indica a mi chica y ella asiente, está ignorando deliberadamente mi petición, ni de puta broma soportaré el dolor solo con tres pastillas al día).
Terry: ¡Recéteme algo más fuerte! (Exijo).
Dr.: Suspende los entrenamientos y mantente en reposo, eso bajará la intensidad del dolor.
Terry: Eso ya lo sé, ¡carajo!, si se niega a recetarme algo más fuerte, iré con alguien que me dé lo que necesito.
Dr.: Hazlo, terminarás en pocos años necesitando un trasplante de riñón.
Paty: Sr., por favor… (Tiene la mirada cristalina por las lágrimas acumuladas y el rostro desencajado. Acaricio su mejilla y beso su frente).
Terry: Estaré bien, no te preocupes, nena. (Intento tranquilizarla, aunque eso parece imposible dadas las circunstancias).
Paty: Por favor, acepte la operación, yo…
Terry: No sabes lo que estás diciendo y ese es tema cerrado.
El dolor se está tornando insoportable, le pido una pastilla, observa al médico que se gira dándonos la espalda y negando con la cabeza. La tomo y me siento echando la cabeza hacia atrás, tratando de contenerme, el dolor es demasiado intenso.
El consultorio vuelve a quedarse en silencio. Hace algunos meses el medicamento bajaba la intensidad en poco tiempo, ahora cada vez tarda más en hacer efecto y controla menos la agonía.
Después de unos minutos de completo silencio y tensión, me levanto cuando considero que soy capaz de salir por mi propio pie.
Terry: Nos vamos.
Dr.: Terry, piensa las cosas.
Terry: No hay nada qué pensar, Doc.
Dr.: Hijo, sabes que, si existiera otra opción, la que fuera, en cualquier remoto lugar, yo te la daría, pero no la hay.
Terry: Y usted sabe que no cambiaré de opinión. (Una vez que estoy en la puerta, añade).
Dr.: Por favor, al menos descansa.
Terry: Lo haré.
Salimos de la clínica y regresamos en silencio al Paraíso, no quiero escuchar más acerca de la estúpida operación y al parecer a Paty le ha quedado claro.
Al llegar a casa, voy directo al quiosco del jardín, necesito un respiro. Una oleada de aire fresco como la que me brinda este lugar, respiro profundamente, ¿qué demonios hago?
Toretto aparece frotándose contra mi pierna, me inclino para acariciarlo.
Terry: ¿Qué debo hacer?
Me observa como queriendo responder, como si en verdad entendiera por lo que estoy pasando, tal vez sea el único que lo hace.
Transcurren un par de semanas en las que me dedico a apegarme a mi rutina, sin esforzar el torso, solo correr, nadar sin braceo y ejercicios de estiramiento.
No puedo negarlo, estoy preocupado por mi condición.
En la oficina estoy ausente, perdido en mis pensamientos, alimentando el odio por el hijo de puta que me provocó todo esto.
Intento bajar la cantidad de medicamento, pero me es imposible, el dolor es sofocante, agotador, combatir con él por la calidad de vida que aún mantengo, está siendo extenuante.
Cada vez que pido una pastilla, la mirada de Paty con ganas de objetar el que la tome me enfurece, ella no entiende, nadie puede.
Las pesadillas no me permiten descansar, controlar mi carácter cada segundo se hace más complicado, no quiero discutir, es claro que soy yo el maldito problema.
Lía me habla y observa con cautela, Frankco está más cerca y al pendiente de mí de lo normal, Paty está llena de preocupación; esto no podrá conmigo, mi fénix interior está combatiendo con las llamas, aún tiene varios combates que ganar, no estoy dispuesto a consumirme en cenizas, aún no.
Una tarde, llego directo de la oficina a mi despacho, tengo algunos documentos que revisar y necesito dejar de pensar, de sentir…
Paty entra una vez que le doy el paso.
Paty: Ya es tarde, no ha comido nada.
Al observar mi reloj me percato de que son las nueve de la noche, no comí ni entrené, apenas me di cuenta del tiempo transcurrido, estoy decidiendo si venderle las propiedades o no a Slim, quiere el castillo y las residencias, hablamos de una gran cantidad de dinero, dinero que no me hace falta, siempre quise deshacerme de ellas, pero en el fondo algo me detiene.
La mirada de mi chica está cargada de preocupación, le hago un gesto para que se acerque y sentarla en mi regazo, aspiro profundamente su dulce aroma que de alguna forma me tranquiliza, le doy un casto beso en los labios.
Nos dirigimos al comedor, Adele me prepara un club sándwich y permanece de pie a mi lado al servírmelo, como queriendo decirme algo, lo ha hecho en varias ocasiones y esto me saca de mis casillas. Estoy harto de las miradas de lástima de todos a mi alrededor.
Terry: ¡Adele!, ¿qué es lo que quieres decirme?
Adele: Yo…(titubea). Nada, Sr.
Terry: Tienes días queriéndome decir algo, dilo de una buena vez.
Adele: Quiero pedirle permiso para tomarme el día libre el siguiente domingo.
Terry: ¿Eso es todo? ¿Necesitas salir del Paraíso?
Adele: No, lo pasaré aquí. (La rabia se apodera de mí, el siguiente domingo… es…).
Terry: ¿Este año no irás a Inglaterra a visitar su tumba? (Niega con la cabeza al tiempo que baja la mirada).
Terry: ¿Por qué no? Vas cada año a rezarle a ese hijo de puta.
Paty: ¡¡Terry!!
Terry: ¡Tú te callas! (Le grito a Paty). ¡Contesta! ¿Por qué no?
Adele: Yo… Prefiero quedarme con usted.
Terry: ¡Ahora prefieres quedarte conmigo? ¡Vaya! ¿Por qué? (Se congela). ¡¡Contesta, carajo!!
Adele: Sus últimos resultados no fueron los esperados y…
Terry: ¿¿Quién carajos te informó de mis resultados??
Paty: Fui yo. (Golpeo la mesa, exasperado).
Terry: ¿¡Y a ti quién carajos te dio autorización de hablar sobre asuntos confidenciales con la servidumbre!? (El despotismo me brota, el dolor me quema y las ganas de destruir todo a mi alrededor aumentan).
Paty: Ella tiene derecho.
Terry: ¿¡Derecho!? Es una cocinera, ¿por qué carajos tendría derecho a algo aquí?
Paty: Por favor, Sr., no le hable así, ella lo quiere como a un hijo.
Terry: ¡¡Hijo!! (Río burlón). ¿Me quieres como a un hijo, Adele?
Adele: Usted sabe que siempre lo he querido como a un hijo. (Me levanto encolerizado, arrojando con el movimiento la silla hacia atrás).
Terry: No vuelvas a insultar la memoria de mi madre llamándome así, no eres más que una criada y una ramera. (Abre los ojos asombrada, me observa por un instante y vuelve a bajar la mirada empañada por las lágrimas).
Paty: Terry, por Dios, ¿¡cómo te atreves a insultarla!?
Terry: ¿¿Cómo?? ¿Cuántos años han pasado, Adele? ¿¡Cuántos!? ¿Desde que el desgraciado se murió y sigues llorándole?
Adele: Sr… (Doy unos pasos hacia adelante y me inclino para que nuestros rostros se encuentren).
Terry: Aún lo amas, ¿cierto? Sigues sufriendo por su muerte, ¡¡a pesar de todo!
! (Parece tiritar y mi cólera aumenta, necesito escupirle a la cara lo que por tantos años he guardado).
¡Oh!, ¿de verdad creías que no lo sabía?
¡¡De verdad creías que soy tan imbécil como para creerme el cuento de tu gratitud!
! Creí que tarde o temprano admitirías que era un hijo de puta, pero ¡¡noo!
! Eres tan estúpida, que sigues llorando por él.
Paty: Basta, Terry, ¡no tienes derecho a insultarla así! (Pesadas lágrimas caen por las pálidas mejillas de Adele).