El Infierno en el Paraíso 13 #2
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Frankco: No necesita hacerse esto. (Es la primera ocasión que mi jefe de seguridad interviene, lo que me faltaba).

Terry: Al único que considero competente se está volviendo estúpido. No te tomes atribuciones que no te corresponden.

Frankco: No era esa mi intención, Sr.

Terry: ¡¡Lár-ga-te!!

Contiene cualquier otro comentario. Pretendo seguir golpeando, pero al intentarlo, una punzada en el hombro me lo impide, me abrazo a uno de los costales para no caer, el mundo me da vueltas, no estoy exhausto, sin embargo, el dolor es demasiado, tengo que detenerme, necesito detenerme.

Subo a mi habitación, las pastillas no parecen disminuir el dolor, con trabajos puedo retirarme el vendaje y entrar a la ducha, no cede, el maldito dolor no cede.

Reviso la hora, no pasé demasiado tiempo en el gimnasio, Frankco me detuvo a tiempo, aunque hubiese sido mejor que no me dejara entrar…

a quién quiero engañar, le habría reventado los dientes si se hubiera atrevido.

Me coloco la bata y me recuesto, pero la cama parece demasiado fría sin ella, sigo dándole vueltas a lo sucedido, una vez más terminamos discutiendo.

Me levanto con esfuerzo y dolor, mucho dolor…

PATY

En cuanto mis amigos pusieron un pie en tierras regias hablamos por videollamada un muy buen rato, Ángel está muy apenado por lo sucedido.

Anoche, después de acompañar a Alicia a su habitación se fue a tomar un trago al bar del Delux, al ser un chico alto y atractivo no tardaron en abordarlo.

Una chica llamada Aury se sentó a su lado con toda la intención de llevárselo a la cama al comentarle que era invitado de Terry Grandchester, ella al conocerlo muy bien ya que pertenece a su lista de citas, le platicó sobre su variada vida sexual.

Ángel me quiere, me ha querido siempre y al enterarse de las prácticas de mi Sr. se llenó de indignación, no puede creer que me haya prestado a todo eso.

Sin embargo, se disculpa, admite que no es nadie para juzgarme, no quiere perder mi amistad por lo sucedido y por supuesto quiero seguir contando con su cariño, hemos pasado por demasiadas cosas juntos y precisamente por el cariño que me tiene, quiere lo mejor para mí, sobre todo que sea feliz, se lo agradezco, perdió por un momento la cabeza, pero vuelve a ser el chico lindo que siempre está ahí para apoyarme en cualquier decisión que tome.

TERRY

Sin estar seguro de qué demonios le diré, toco a su puerta, me da acceso y la encuentro de pie frente a la ventana abierta, contemplando las estrellas mientras su cabello ondea con el aire fresco, saber que sigue aquí a pesar de todo, me reconforta.

Paty: Pensé que estarías destrozándote el hombro en el gimnasio. (Claramente sigue molesta, y yo… solo quiero ocultar mi rostro en el hueco de su cuello, mientras sus caricias apagan la intensidad de la maldita tortura).

Terry: No quiero discutir. (Desconozco mi voz apagada. Al girarse, nuestras miradas se encuentran, la suya está llena de reclamo; la mía, de cansancio).

Paty: ¿Se encuentra bien? (Pregunta preocupada, ¿bien?, ¿qué demonios es estar bien?, niego con la cabeza al tiempo que la tomo de la mano y la llevo conmigo de regreso a nuestra habitación). ¿No dirá nada?

Terry: ¿Podrías colocarme la pomada? (Me retira la bata con delicadeza, me recuesto lentamente y se sienta a mi lado para comenzar a frotar la pomada, me centro en su dulce aroma. Tenso los músculos con una nueva punzada que me atraviesa el pecho).

Paty: ¡¡Perdón!! ¿Lo lastimé? (Una vez que puedo hablar, le respondo).

Terry: No… No has sido tú, nena.

El reclamo en su mirada se desvanece, es sustituido por preocupación.

Se mete entre las sábanas, acaricia mi pecho, el cansancio me está venciendo y sus caricias suaves me relajan, el dolor finalmente comienza a ceder.

Terry: No son celos, si hay alguien seguro de sí mismo en este planeta, soy yo, y confío plenamente en ti, pero… tenía miedo y odio tener miedo.

Paty: Miedo ¿a qué? (Inquiere confundida).

Terry: A que te des cuenta de que podrías estar mejor con él, sin tener que atenderme como acabas de hacerlo. (Busca mi mirada).

Paty: Te quiero, Terry Grandchester; lo quiero, mi Sr., y si quisiera estar en otro lugar, lo estaría, pero quiero estar aquí, atendiéndolo mañana, tarde y noche; aguantando sus gritos, su mal genio, disfrutando de sus caricias y esa forma que tiene de mirarme y hacerme sentir que floto entre nubes de algodón, no quiero estar en ningún otro lado y no cambiaré de opinión.

Escucharla decirlo una vez más me reconforta y me ayuda a descansar.

PATY

El domingo mientras nos damos un chapuzón en la alberca, Frankco se acerca para pedirle el resto del día, lo que me sorprende ya que él no acostumbra a pedir días libres, por supuesto se le autoriza dejando a Jesse a cargo, el pobre parece caerle cada vez peor a mi Sr.

Terry: Mañana no iremos a la oficina, tenemos cita en la clínica con el Doc.

Paty: ¿Finalmente aceptará la operación? (Pregunto esperanzada, pero su gesto endurecido me deja claro que eso no pasará).

Terry: No y no quiero volver a escuchar ese maldito tema. Iremos a hacernos un chequeo general. En algún momento me hizo prometerle que me lo haría cada año.

Paty: ¿Nos lo haremos?

Terry: Sí, ya que estaremos ahí, nos lo haremos juntos.

Me limito a asentir, supongo que un chequeo general no me caerá mal, solo espero que no incluya que me extraigan sangre, es horrible ver cómo el tubito se va llenando con tu propia sangre que se va oscureciendo más y más.

Lo he visto preocupado en la semana, quizá era esto.

Paty: ¿Le preocupa?

Terry: No sé exactamente lo que me dirán, ¿sabes si Frankco está saliendo con alguien? (¿Frankco? Estábamos hablando del chequeo general).

Paty: Mmmm no, ¿por qué lo pregunta?

Terry: Nunca pide días libres, ha salido algunas noches, se la pasa pendiente del teléfono, chatea a cada rato y eso no es usual en él.

Paty: No sabía que fuera tan observador.

Terry: Está conmigo todo el tiempo desde hace varios años, es la primera vez que lo veo así.

Paty: Pues ojalá y sí, merece tener a una buena chica a su lado.

La mañana siguiente, nos dirigimos en ayunas al hospital con Frankco y Jesse escoltándonos, es la primera vez voy a la clínica del Dr. Tarson. Es más grande de lo que creía.

Dr.: ¿Listos? (Pregunta entusiasmado, con una sonrisa en los labios, en cambio mi Sr. está más serio de lo normal).

Dalia: Buenos días, Sr. Grandchester, ¿qué brazo prefiere? (Pregunta la enfermera al entrar).

Mi Sr. toma asiento y le ofrece el brazo izquierdo, se lo come con los ojos, sin embargo, él continúa con las facciones congeladas.

Una vez que termina con él, me hace la misma pregunta. No puedo salir corriendo, ¿o sí? Le doy mi brazo izquierdo y giro el rostro para no ver cómo sustrae mi sangre, aunque, a decir verdad, duele más la liga que aprieta mi brazo.

El doctor Tarson nos ofrece un jugo de naranja y nos informa que iremos a hacernos un TAC (Tomografía Axial Computarizada).

Nos dirigimos a otro piso, entramos a la habitación en la que un médico permanece frente a algunas pantallas y delante de él un enorme cristal translúcido que divide el lugar donde se encuentra la máquina; que consta de una plancha en la que te recuestas y entras a una especie de tubo.

Terry: Sal de aquí. (Le ordena al médico, este lo observa por un segundo, antes de dirigir la mirada al doctor Tarson el cual asiente y finalmente obedece).

Dr.: No tienes que ser grosero con mis médicos.

Terry: Eso no fue ser grosero. (El doctor pone los ojos en blanco).

Dr.: Anda, ya conoces el procedimiento, ve a cambiarte.

Mi Sr. me da un beso en la frente y sale de la pequeña oficina, para aparecer minutos después solo con la bata.

El doctor Tarson lo acompaña a la máquina, se recuesta y lentamente la plancha se desplaza dentro del tubo.

El doctor regresa conmigo a la pequeña oficina y comienza a oprimir algunos botones y por un micrófono le pide que no se mueva, que su respiración sea lenta.

Paty: ¿Cómo lo ve?

Dr.: Es mejor esperar después del desayuno.

Al regresar el Sr. me dice que es mi turno, y no me queda de otra que seguir el procedimiento. El chiste de esto era estar tranquila, aunque no puedo evitar sentirme nerviosa.

Paty: ¿Pasa algo? (Pregunto cuando guardan silencio al regresar con ellos).

Terry: No, vamos a desayunar y lo veremos en un par de horas en su oficina.

Presiento que algo no está bien en todo esto. Presto atención a Frankco mientras desayunamos en un restaurante cercano y el Sr. tiene razón, está revisando el celular constantemente.

Mi Sr. está tenso, verlo así me mata de ansiedad, las dos horas se me hacen eternas.

Cuando finalmente regresamos a la clínica, el doctor Tarson nos espera tras su escritorio con un par de carpetas en las manos y nos invita a tomar asiento.

TERRY

Los resultados no son alentadores, eso ya lo sabía, el dolor tiene semanas diciéndomelo…

Dr.: Los análisis de sangre tardarán un poco más, pero las imágenes del TAC ya las tengo; Paty, estás en perfectas condiciones.

(De alguna forma me reconforta saber que ella está bien.

Cambia de carpeta y se dirige a mí). Terry, el desgaste ha aumentado considerablemente, necesitas hacer cambios en tus rutinas, te has estado esforzando demasiado.

Terry: Lo que necesito es otro medicamento. (Intento sonar lo más tranquilo posible, tengo semanas pensando en pedirle el cambio, pero sabía que la conversación no terminaría nada bien).

Dr.: ¿Por qué no me habías dicho que el dolor ha aumentado? Sabes que es necesario que me mantengas informado.

Terry: Lo estoy haciendo ahora, necesito un medicamento más fuerte. (Se levanta con ambas manos sobre el escritorio).

Dr.: No necesitas un medicamento más fuerte, necesitas la operación que te niegas a aceptar. (El maldito tema iba a salir de alguna u otra forma. Me pongo de pie e imitándolo me apoyo en su escritorio).

Terry: ¿Cuándo carajos va a entender que no volveré a operarme?