10
PATY
Bajo las escaleras con un nudo en la garganta, ahogando las ganas de romper a llorar. Entro a la cocina para desayunar algo de forma automática, en realidad no tengo apetito y en la frente debo tener grabada la palabra “problemas”, porque Adele en cuanto me ve entrar me pregunta qué ha pasado.
Paty: Una tontería, un malentendido que seguro arreglamos más tarde, ahora no se siente bien.
Realmente espero que sea así.
Una vez que termino de desayunar me encierro en el despacho para estudiar francés, mi celular suena con la alarma de la comida. A estas alturas mi móvil está lleno de alarmas para prevenir que se me olviden los horarios de mi Sr. y así evitarme problemas con él. Realmente ha funcionado.
Me encuentro con él y el Dr. Tarson en la sala, muy animados conversando con una copa en la mano. Después de saludarlo pasamos a la sala.
Dr.: ¿Problemas en el Paraíso? (Indaga observándonos con curiosidad, a lo que mi Sr. niega inmediatamente). ¿Por qué esas caras entonces? ¿Qué le hiciste a mi niña? (Me adelanto a responderle).
Paty: El Sr. no me ha hecho nada, todo está bien entre nosotros ¿cierto? (Coloco mi mano sobre la suya en la mesa, observa por un instante nuestras manos unidas y reafirma mi respuesta).
Comemos los manjares que Adele preparó; lomo de cerdo en salsa agridulce con un puré de coliflor, delicioso.
Paty: ¡¡De teta y nalga!! (Al Dr. Tarson le hace gracia mi expresión, el Sr. simplemente me ignora).
Dr.: ¿Qué harás para tu cumpleaños?
Paty: Al parecer vendrán Ángel, Alicia y los amigos del Sr.
Dr.: Conclusión: se emborracharán.
Paty: No lo ponga de esa manera que se escucha muy feo, además, Ángel y Alicia no beben tanto, solo celebraremos entre amigos.
El Sr. se encuentra muy callado, con la mirada perdida en el ámbar de su copa.
Dr.: ¿Te encuentras bien, Terry?
Terry: Sí, tengo algunos pendientes que resolver, te quedas en tu casa, Doc., con permiso.
Se levanta sin esperar que responda para dirigirse al despacho.
Dr.: ¿El hombro? O ¿tú?
Paty: Tuvimos un pequeño malentendido, pero se resolverá.
Me repito lo que me han recomendado; «tenle paciencia», solo que esta ocasión soy yo la que se ha equivocado y no me dio tiempo a explicarme.
Abandona el despacho y observo que sube a nuestra habitación a paso lento, lo sigo y encuentro desabotonándose la camisa, me hago cargo para después continuar con la pomada y el vendaje.
No me dirige la palabra, solo me observa con gesto duro, después de darle su medicamento se recuesta solo con el bóxer cubriendo su gloriosa desnudez, es un deleite observarlo entrar a la cama, a nuestra cama.
Me recuesto a su lado una vez que me pongo mi pijama.
Paty: ¿Podemos hablar ahora?
Terry: No.
Paty: Vamos, ¿no le parece esto infantil?
La mandíbula le tiembla por lo fuerte que la aprieta, el ceño fruncido y la mirada fulminante me lo dicen todo.
En medio de la oscuridad escucho balbuceos y su respiración agitada, me incorporo para encender la lámpara; “¡Ya no!, ¡ya no!... Llévame contigo, no me dejes”.
Son las palabras que alcanzo a entender, se le ve angustiado, desesperado.
Lo llamo muy despacio para no asustarlo, pero no despierta, acaricio su rostro y vuelvo a llamarlo en un tono más fuerte.
Abre de golpe sus angustiados ojos turquesa.
Paty: Tranquilo, está bien, solo fue una pesadilla. (Intento reconfortarlo, parpadea un par de veces, cierra los ojos con fuerza y toma mi mano para besar la palma).
Terry: No quería despertarte.
Paty: Está bien, no importa.
Terry: ¿Qué fue lo que dije? (Pregunta atormentado, quiero saber qué es lo que no lo deja descansar por las noches, pero no deseo angustiarlo aún más).
Paty: Nada o al menos no entendí lo que decía. (Miento, pero al menos su semblante se relaja un poco).
Terry: Vuelve a dormir.
Me pide al tiempo que se oprime el hombro. Apago la luz y espero algún tipo de contacto, una caricia, pero no llega, solo alcanzo a escuchar un leve jadeo, un estremecimiento. Está sufriendo y su sufrimiento es el mío.
La semana comienza y continúa con la misma actitud y negativa a hablar, lo peor es que conforme pasan los días, lo he notado más y más cansado y adolorido.
El jueves por la noche, mientras le quito la camisa, no puedo evitar arder de deseo por él, mis labios extrañan su néctar, mi piel su contacto, dejándome llevar por mis necesidades beso su pecho al tiempo que acaricio su abdomen, mas no responde.
Se aleja un paso atrás y sus ojos azul profundo recorren mi cuerpo haciéndome vibrar de deseo, cuando creo se abalanzará sobre mí como león a su presa, abandona la habitación dejándome helada en la amplia habitación.
Al abrir los ojos me percato de que su lado de la cama está vacío, frío, no ha regresado.
El celular marca las tres de la mañana, me coloco la bata para salir a buscarlo, como supuse está en el quiosco del jardín contemplando la hermosa postal que la Riviera Maya nos regala alumbrada por la enorme luna.
Terry: Deberías estar durmiendo. (Declara sin siquiera voltear a verme).
Paty: Y usted debería estar a mi lado.
Terry: Sube, no tardo.
Paty: Sé que me quiere, pero las últimas semanas me había estado repitiendo que soy su medicina antes de llevarme a la cama, me hizo sentir como si solo se acostara conmigo para aliviar su dolor y no porque en realidad me deseara a mí.
Al final del día, si no se acuesta conmigo, lo hace con cualquiera.
Terry: Jamás te he utilizado para aliviar mi dolor y nunca pretendí hacerte sentir de esa manera, es verdad que el dolor prácticamente desaparece cuando estoy excitado, pero lo nuestro es diferente, creí demostrártelo. (Continúa sin mirarme, así que me acerco para acariciar su espalda).
Paty: Lo sé, lo lamento y lo extraño. (Beso su espalda y araño con delicadeza sus costados, deslizo su piel entre mis dientes, mientras su respiración se profundiza).
Terry: ¿Me deseas?
Paty: Lo deseo, mi Sr.
Gira de golpe, me toma por las mejillas y se apodera de mi boca robándome el aliento. Me obliga a retroceder hasta que mi espalda se pega a uno de los muros, sus manos recorren mis hombros, bajan desesperadas por mis senos, cintura y caderas al tiempo que besa con maestría mi cuello.
Mi sangre hierve, mi piel vibra y mi interior se deshace por sentirlo invadiéndome.
Levanta una de mis piernas pegando su cuerpo al mío, obligándome a sentir su dura excitación.
Abre mi bata y baja mi blusa dejando mis senos al descubierto.
Se toma un segundo para llenar su mirada con la imagen para después llevarlos a su boca, succionándolos con fuerza, mordisqueándolos con suavidad, puedo escuchar su respiración agitada, desesperada por poseerme.
Paty: Sr., ¿aquí? (Alcanzo a decir entre jadeos).
Terry: Nadie nos ve, jamás te expondría y no puedo esperar más, ¡te necesito! (Introduce su mano entre mis piernas logrando que eche la cabeza hacia atrás, disfrutando de sus diestros dedos acariciándome, provocándome vibraciones de placer, esas que mi cuerpo tanto necesitaba).
Terry: Estás muy húmeda, ¿me deseas, hermosa? (Pregunta con voz ronca en mi oído).
Paty: Sí, sí, lo deseo.
Baja el short de mi pijama, se deshace de su pantalón, me levanta y envuelvo sus caderas con mis piernas y sin darme tiempo a más, separa mis pliegues con su miembro, penetrándome lentamente. Gimo de placer sin importarme si alguien puede oírme.
Habían pasado cinco largos días desde que mi piel no sentía sus caricias, su pasión. Amo a este hombre con todos sus defectos, con cada poro de mi piel y, la luna, el viento y el mar son testigos de este amor, de esta necesidad imperiosa por tenerlo dentro de mí.
Enredo mis dedos entre sus sedosos mechones oscuros, jadeando con cada choque de nuestros cuerpos, sintiéndolo en lo profundo de mi interior. Me aferro a su espalda, con cada célula de mi cuerpo necesitando explotar.
Terry: ¿Estás cerca, nena? (Inquiere con la mandíbula apretada, a lo que respondo afirmativamente entre jadeos.
Sus embestidas se aceleran y mis caderas cobran vida propia, mis músculos se tensan casi al punto de quiebre).
¡Mójame, hermosa, mójame! (Esas palabras mágicas llenas de lujuria me hacen perder cualquier ápice de razón.
Llego al éxtasis entre gemidos y convulsiones, sus brazos fuertes se aferran a mi cuerpo).
¡Te quiero, nena! (Espera a que mi respiración se acompase antes de salir de mí y depositarme con cuidado en el suelo, lo atraigo para pegar mis labios a los suyos enrojecidos por la pasión, en un largo y profundo beso).
Paty: Pensé que me necesitaba con urgencia, ¿se esperará a terminar en la habitación? (Aprieta la mandíbula con fuerza y aspira profundamente).
Terry: Te necesito, siempre lo hago, y no pretendo seguir con esto, a menos que tú lo quieras de nuevo.
Paty: A qué se refiere, no terminó ¿o no lo sentí? (Se arrodilla frente a mí para recoger mi short.
Terry: No me sentiste porque no lo hice y no lo haré hasta que tengas claro que estoy contigo por ti, no por mí. (¡No puede decirlo en serio!, se levanta y comienza a vestirse).
Paty: Eso es absurdo, ya le dije que…
Terry: No lo es, no pensaba tocarte, pero yo nací para adorarte, me deseabas y cada vez que lo quieras me tendrás, no puedo negarme a complacerte, mas no me derramaré en ti hasta que no tengas dudas de que tú eres lo más importante.
Paty: Yo lo sé. (Acaricia mi mejilla con gesto pesaroso).
Terry: Si lo supieras, no habrías dudado de mí.
La mañana siguiente mi Sr. se encuentra de mejor humor, aunque puedo notar el dolor que se esfuerza por ocultar, si tan solo aceptara la operación…
El sábado por la noche acudimos al bar del Delux con Dimitry y Nois, una abogada muy agradable, la primera que le conozco con cerebro, al parecer salen juntos a menudo, pero su relación es abierta y se nota lo bien que se la pasan juntos.
Cuando la noche comienza a calentarse entre ellos, supongo que mi Sr. no podrá resistirse y llegaremos directo a hacer el amor como en anteriores ocasiones, sin embargo, no es así.