El Infierno en el Paraíso 4 #2
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Terry: Tu cara, nena, te pusiste pálida.

(Continúa riendo, comienza a molestarme y mucho.

Parece notarlo porque toma mi rostro entre sus manos).

Jamás te pondría en una situación de esas, ni de ningún otro tipo, sabiendo que no estás lista y mucho menos si no estás de acuerdo.

(Besa dulcemente mi frente y lo repite en mi nariz).

Además, no estoy dispuesto a compartirte, me molesta que te observen más de lo necesario, no podría soportar que alguien te tocara, eres mía, nena, solo mía. (Me envuelve entre sus fuertes brazos).

Paty: Entonces, ¿por qué usted no es solo mío? (Me toma de la barbilla y levanta mi rostro).

Terry: Soy tuyo, de eso no te quede la menor duda, nuestros estilos de vida han sido muy diferentes.

La gente no cambia, aunque tú perfectamente sabes que mis encuentros sexuales se han reducido al mínimo, pero no quiero prometerte algo que no sé si voy a cumplir, has puesto mucho de tu parte para entender esto, aunque tienes que darme también algo de crédito.

Me da un rápido beso en los labios, sé que tiene razón en mucho de lo que dice.

Paty: Entonces, ¿entrará usted con ellos?, ¿para qué me trajo?

Terry: ¿¿Por quién carajos me tomas?? Nunca me he comportado como un patán, he sido un imbécil muchas veces, pero no un patán, nunca te haría algo así, estaremos solo aquí en el área común.

Cuando decidan entrar al privado, regresaremos a casa, y si te traje es porque quiero divertirme con los chicos, pero también quiero estar contigo.

Paty: Si no entra es para no dejarme sola, no porque no quiera hacerlo.

Terry: Si no entro, es porque prefiero estar contigo, no te hagas ideas erróneas, te quiero y no hay nada que disfrute más que estar a tu lado, nena. (Nuestros labios se funden en uno de esos besos que solo necesitan una caricia para incendiarlo todo).

Paty: Me gusta cuando me besa así… (Sonríe).

Terry: Así ¿cómo?

Paty: Saboreándome.

Terry: Tengo una muy buena alumna.

Paty: Tiene la mejor, Sr.

Terry: En ocasiones como esta, me excita que cites mis frases, así que mejor regresemos con los chicos, antes de que te cargue y te lleve a uno de esos privados.

Carlo con sus ocurrencias nos hace reír. Bebemos, bailamos y la pasamos de maravilla, mi Sr. está muy relajado y se ve guapísimo, las chicas no dejan de observarlo, pero él nunca da pie a que se acerquen.

Cuando la temperatura en el ambiente comienza a elevarse.

Las lenguas de Kary y Dereck no se separan, Carlo no deja de acariciar la espalda de Aleja y besar el cuello de Alita, y Dimitry tiene a una chica sensual e inexperta, pero con muchas ganas de instruirse sobre una rodilla y en la otra a la mujer fatal, dispuesta a ilustrar a la que seguro será su compañera de cama esta noche.

Comprendo que es momento de retirarnos, no puedo negar que las imágenes son sensuales, pero eso es suficiente para mí.

Terry: Creo que es hora de irnos, porque si seguimos aquí, no voy a poder evitar que mis manos se deslicen por tu maravillosa piel.

Al llegar a la casa, le pide a Frankco que vaya a descansar, Jesse se ha quedado a resguardar la seguridad de los muchachos, así que estamos solos, se arrodilla ante mí y me quita las zapatillas.

Me sorprende el gesto, aunque a decir verdad lo agradezco, estar arriba de unos altos tacones, te alarga las piernas, te afila la figura, te levanta el trasero, te hace sentir hermosa, pero después de una noche de baile con mi Sr. termino muerta.

Me levanta entre sus fuertes brazos y mientras sube las escaleras, su mirada no se aparta de la mía, estamos absortos el uno en el otro, me deposita en la cama donde me arrodillo y comienzo a quitarle la camisa a la par que beso su pecho, su sabor mezclado con su perfume, coñac, deseo y lujuria, hacen que mi vientre se contraiga por la necesidad de tenerlo en mi interior.

Nuestras prendas van cayendo al suelo, al tiempo que nuestra respiración llena de vapor la habitación, ardemos de deseo…

Finalmente tomándome con una mano por la mejilla me besa con pasión, apoderándose de mí, desliza una mano entre mis piernas.

Terry: Estás muy húmeda, nena. (Me dice al oído entre jadeos, mientras frota su rostro con el mío).

Paty: Lo deseo, lo deseo dentro…

Terry: Tus deseos en esta cama son órdenes, y no pienso hacerte esperar.

Me levanta por las caderas e instintivamente lo rodeo con las piernas, da unos pasos hacia la pared más cercana al tiempo que nos besamos con la necesidad de nuestra unión.

Una de sus manos viaja hasta mi nuca y con la otra me sostiene dejándome caer lentamente sobre su dura erección, pegamos nuestras frentes mientras soltamos un largo y ahogado gemido por su lento y tortuoso recorrido a mi interior, cuando llega al fondo de mí, a ese lugar donde solo él ha llegado y que tanto lo necesitaba, un extasiante dolor se apodera de mí y araño su espalda, ¡Dios! ¡Qué placer!

Después de un momento en que ambos disfrutamos saborear la unión de nuestros cuerpos, sentidos y almas, aparecen sus movimientos lentos mientras yo me aferro a su cabello, a su nuca, a su espalda y gimoteo por las descargas de placer que el choque de nuestros cuerpos me provoca.

Sus movimientos se aceleran y yo intento pegar más y más mis caderas a las suyas, estoy cerca, todas mis terminaciones nerviosas lo exigen, mi cuerpo grita su nombre.

Mordisquea mi cuello. Mis gemidos retumban en la habitación.

Terry: Me voy a derramar en tu interior.

Paty: Sí… sí, mi Sr. (Me embiste con fuerza y yo lo recibo delirante por la inminente explosión de nuestros cuerpos, el oxígeno no basta).

Terry: Ahora, nena, ¡mójame, mójame!

Sus palabras exigentes y suplicantes a la vez me vuelven loca, mis muslos se tensan y mi interior estalla succionando sus palpitaciones.

Permanecemos así unos momentos, besando nuestros rostros, mientras nuestras respiraciones se acompasan y regresamos a la cama, se recuesta en ella conmigo encima aún en mi interior.

Descanso mi rostro en su pecho y sus grandes manos me miman con caricias recorriendo mis piernas, caderas y espalda. Después de unos minutos, continúa duro dentro de mí, entrando y saliendo muy lentamente.

Terry: Nunca antes disfruté de estos momentos con ninguna otra mujer, ni siquiera imaginaba que existieran.

(El comentario me sorprende, levanto el rostro para verlo, sus facciones relajadas y su mirada dulce acompañada de sus suaves caricias recorriendo mi piel me hacen sentir querida, segura, venerada).

Paty: ¿A qué se refiere?

Terry: A esto… (Me toma por las mejillas y profundiza su lenta penetración).

A no querer separarme de ti, aunque ya hayamos terminado, a sentir cómo tus latidos se acompasan con los míos después de haberte hecho el amor, a no querer salir de ti, porque me perteneces, me perteneces como yo te pertenezco a ti, soy tuyo, nena, no lo dudes.

(Cuánta sinceridad y cariño envuelven sus palabras).

No importa cuántas pieles haya tocado, esta conexión, esta necesidad de quererte y adorarte, nunca la había tenido por nadie, es solo tuya.

(Besa mi rostro con dulzura mientras dice todas aquellas palabras repletas de sentimientos).

Siéntate, déjame admirarte un momento. (Me sostengo de su pecho para sentarme sobre él, noto cómo su dureza cobra fuerza y ahogo un gemido al sentirlo crecer en mis entrañas.

Mi cabello cubre mis senos y mi Sr. lo levanta un poco para colocarlo tras de mis hombros).

Vaya que eres hermosa, Paty, jamás me cansaré de admirarte.

Mis caderas cobran vida propia y lentamente comienzo a moverme sobre él.

Aprieta mis muslos con sus grandes manos, echa la cabeza hacia atrás y cierra los ojos para disfrutar de mis movimientos.

Me apoyo en sus piernas, arqueando mi espalda para imitarlo, cierro los párpados disfrutando de las sensaciones y el sonido de nuestros cuerpos húmedos chocando, poco a poco nuestros embistes se aceleran, sus manos aparecen en mi cintura subiendo hasta mis senos, amasándolos, pellizcando mis pezones.

Al abrir los ojos, encuentro su mirada ardiente recorriéndome la piel, quemándome con ella, lleva uno de sus pulgares a mi boca, lo chupo y lo baja para estimular justo esa zona que me lleva a otra dimensión, esa que solo él me ha llevado a conocer; la del placer y la pasión de mi Sr. Del Paraíso…

Un fuego ardiente me envuelve, las sensaciones que su dedo experto me provocan y la dureza de su hombría llenándome me están llevando al límite.

Terry: Vamos, nena, mójame, ¡mójame! (Esas palabras me hacen perder cualquier pizca de control.

Mi cuerpo estalla en un torbellino de placer…

Me atrae contra su pecho abrazándome con fuerza y levantando las caderas se entierra en mí con aceleradas y fuertes embestidas hasta expulsar un grave sonido desde el fondo de su garganta, lo siento palpitar en mi interior mientras se derrama.

Aún agitado, me toma por la barbilla y levanta mi rostro). Te quiero, nena…