El Infierno en el Paraíso 3
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TERRY

La mañana siguiente aún me siento agotado, pero al menos sigue aquí, a mi lado, debo tomar las cosas con calma. Me quiere, me lo ha dicho y me lo ha demostrado.

Tengo que aprender a despreocuparme un poco de las finanzas con los bancos internacionales, la mayoría de los mortales se preocupa por no tener dinero, yo por tener demasiado. Tal vez, solo debo incrementar mis donativos a las asociaciones que acostumbro.

El día transcurre tranquilo, hasta la cena…

Paty: Quería hacerle una pregunta.

Terry: Dime, nena.

Paty: Nosotros no festejaremos el 14 de febrero, ¿cierto?

Mi club sándwich especial queda suspendido en el transcurso del plato a mi boca.

Definitivamente no esperaba esa pregunta, festejar esa fecha es algo que siempre he visto como absurdo, pero, si deja tantas ganancias es porque a las chicas les gusta.

Terry: Nena, si te soy sincero, no lo había pensado. (Me interrumpe).

Paty: Entiendo, sé perfectamente lo que piensa al respecto, solo quería estar segura.

Terry: No me dejaste terminar, yo no necesito un día en específico o “especial” (señalo dibujando unas comillas con los dedos).

Para darte un obsequio y ese día vas a tener que encargarte de muchas cosas.

La verdad es que dudo mucho que tengas tiempo, a menos que quieras que alguien más se haga cargo de todo eso, y si es así, podemos celebrarlo si tú quieres, dime qué quieres hacer y tus deseos son órdenes, nena.

Paty: No, yo quiero hacerme cargo personalmente de todo. Tiene razón, solo quería asegurarme.

Si quería asegurarse es porque guardaba la esperanza de que yo le diera otra respuesta.

Terry: Podemos ir a algún lado, seguro habrá varios conciertos en diferentes ciudades, o la ópera, lo que quieras, nena.

Paty: No, no, olvídelo, de verdad.

Terry: ¿Segura?

Paty: Sí, segura. (Tomo su mano, asegurándome de captar toda su atención).

Terry: Nena, si es importante para ti, lo es para mí.

Paty: No, lo que sí quiero festejar es su cumpleaños que ya se acerca.

Terry: ¡Ah, sí! ¿Y tú cómo sabes eso? No recuerdo habértelo dicho.

Paty: ¿Qué asistente personal sería si no supiera su fecha de cumpleaños?

Terry: ¿Estuviste inmiscuyéndote en mis documentos? O ¿tengo un soplón en casa?

Paty: No me inmiscuyo. Por el puesto que desempeño en esta compañía tengo acceso a cierta información y me reservo mis fuentes.

Me encanta su tono divertido, su sonrisa y sus brillantes ojos entusiasmados.

Terry: Bueno, la verdad es que no acostumbro a hacer mucho, Dereck y Carlo vienen, y lo tomamos de pretexto para embriagarnos.

Paty: ¿Cuántos años cumple?

Terry: Pero ¿cómo? ¿Tus fuentes no te revelaron la información completa?

Paty: Me faltó ese pequeño detalle, vamos, dígame cuántos años cumplirá.

Terry: ¡Frankco! (Se aparece en un segundo a mi lado).

Informa inmediatamente a todo el personal que tenga acceso a esta información, que el que le revele cuántos años cumpliré próximamente a la Srta.

Paty queda inmediatamente despedido. (Veo claramente cómo abre los párpados y casi se le cae la mandíbula al suelo).

Paty: ¡¡No puede hacer eso!!

Terry: Puedes retirarte, Frankco. Soy el Sr. del Paraíso, puedo hacer lo que me plazca, supongo que no quieres ver rodar cabezas.

Paty: ¿Por qué no quiere decirme su edad? No me diga, es un vampiro y tiene 287 años.

Terry: Estoy comenzando a ponerme celoso de esos vampiros de tu libro, y no, no soy un vampiro y quiero tus fuentes de consulta.

Paty: Eso no es justo.

Terry: “Nadie dijo que la vida fuera fácil”, nena… y tampoco justa. (Hace un puchero con los labios y se ve tan jodidamente dulce).

Paty: Porfa, odio quedarme con la duda.

Terry: Lo sé, y a mí me gusta tener la información completa, así que dime de dónde sacaste ese dato y yo puedo considerar el revelarte mi edad.

(Se levanta para acercarse, hace que separe un poco la silla de la mesa para sentarse en mi regazo, me dedica una mirada dulce, los labios en puchero y con voz de niña pequeña me pide nuevamente que le diga mi edad, es ridículo y más ridículo aún que me guste que lo haga).

Si quieres esa información, vas a tener que convencerme.

Cambia la mirada dulce a felina, yergue la espalda y desliza mi lóbulo entre sus dientes, una descarga de electricidad me recorre el cuerpo, la deseo, mi entrepierna está de acuerdo y estoy seguro de que ella sentada en mi regazo puede notarlo.

Paty: ¿Qué tengo que hacer para convencerlo, Sr. Grandchester?

Terry: Desnudarme, desnudarte para mí, y después de eso, dejarme saborear cada centímetro de piel. ¿Crees que es justo el acuerdo?

Paty: Creo que es usted quien acaba de convencerme.

Nos levantamos entre besos y subimos así a la habitación.

La mañana siguiente en cuanto abro los ojos.

Paty: ¡Anoche me hizo trampa!

Terry: No tengo idea de qué hablas, nena.

Paty: No me dijo cuántos años cumplirá.

Terry: Si no te lo dije, fue porque te quedaste dormida, no porque no quisiera hacerlo.

Paty: Mmmm, bueno, ahora estoy despierta, así que dígame.

Terry: Mueres de la curiosidad ¿verdad? (Me divierte su frescura).

Paty: Sííí, ya dígame. (Me saca una sonrisa al verla ahí arrodillada en la cama, con sus hermosos ojos verdes iluminados por las tenues luces de la habitación).

Terry: Treinta, voy a cumplir treinta.

Paty: ¿¡Me lleva nueve años!? Con razón el doctor Tarson decía que yo era una niña para usted.

Terry: ¿Ahora te importa la edad? Anoche no te quejabas. (Añado con ironía).

Paty: Sí lo hacía, ¿no me escuchó? (Responde en el mismo tono divertido).

Terry: Sí, si no fuera por las paredes gruesas, te habrían escuchado en toda la casa.

Paty: No es para tanto.

Terry: ¿Quieres que te lo recuerde? Si sigues por ese camino no saldremos de la habitación.

Paty: No, mejor me lo recuerda en la noche, porque tengo mucho trabajo en la oficina.

Terry: Entonces vamos, no quieres hacer enfadar a tu jefe.

Le doy un rápido beso en los labios y un azote en el trasero antes de salir de la habitación para comenzar con mi entrenamiento.

La semana transcurrió tranquila, no hay discusiones, ella tiene mil pendientes, y yo no dejo de darle vueltas en la cabeza a su pregunta del 14 de febrero.

Lo consulté con Carlo y Dereck, a Dimitry ni siquiera lo tomé en cuenta, seguramente sabe menos de estas cosas que yo.

Después de morirse de risa y burlarse de mí, porque nunca creyeron verme en esta ridícula situación, me aconsejaron comprarle un enorme oso de peluche, ¿para qué carajos sirve un enorme oso de peluche?

Solo para ser habitado por ácaros y polvo.

También dieron como opción que le regalara una joya en forma de corazón, pero ya le he dado el eclipse…

Flores, le acabo de dar flores… Ropa, se la obsequio cada vez que se me da la gana, esto del 14 de febrero ¡¡¡es una idiotez! !!

Hasta que en una publicación de arte vi la nota de un reconocido artista de Pop Art. Justo lo que estaba buscando…

La dichosa fecha llegó; desde el sábado en la noche voy con Paty revisando de un lugar a otro que todo este saliendo como ella lo planeo.

El Paraíso, está a reventar, incluso Lía y Frankco tienen que supervisar algunos eventos mientras nosotros estamos en otros.

Se supone que los fines de semana son para disfrutar con ella, pero no en esta ocasión.

Prácticamente el 14 de febrero me robó a mi chica, sin embargo, se ve tan profesional, hermosa, independiente y segura que a cada segundo me encanta más.

El domingo Paty ha convertido mi Paraíso en un lugar lleno de corazones y con el estúpido angelito del arco.

Los empleados obsequian flores y chocolatitos a los huéspedes y traen consigo un distintivo rojo.

Los postres de todos los restaurantes están hechos en forma de corazón.

Incluso Toretto trae un pequeño moño rojo en el cuello tipo smoking, no puedo aguantar las carcajadas y Paty lo único que dijo fue que se veía hermoso.

Esto comienza a darme náuseas, no obstante, el rostro de todas las huéspedes demuestra lo mucho que les gustan todas estas ridiculeces, así que no me queda más que felicitarla por el buen trabajo realizado, ha puesto mucho empeño y dedicación a cada detalle.

El domingo tampoco paramos, y el broche de oro es el concierto que da Ricardo Arjona en el Delux.

Terminamos tardísimo, pero al fin vamos de regreso a casa.

Paty: ¡¡Estoy muerta!! (Exclama con un suspiro).

Terry: Lo sé, nena, ahora te das un baño con agua tibia y a dormir.

No necesitaba decirlo, se le notaba. Solo espero que la sorpresa le agrade.

Entrando a casa, lo primero que hace es quitarse las zapatillas, creo que es la primera vez que veo a una mujer quitárselas antes de entrar a la habitación, por muy cansadas que estén por bailar, siempre conservan el glamour, pero mi chica no tiene nada que aparentar, y eso me gusta, me gusta que se sienta cómoda.

La levanto en brazos para que no camine descalza, el hombro duele, como siempre, no obstante, eso no me va impedir consentirla.

Paty: Se lastimará, por favor, bájeme.

Terry: Déjame consentirte, te lo has ganado.

Se abraza a mi cuello y descansa su hermoso rostro en mi pecho.

Al llegar a la habitación, la siento en la cama y prendo las luces.

He mandado a colocar frente a la cama, sobre un caballete una pintura que mandé traer de forma exprés desde Miami, donde Romero Britto tiene su galería; la pintura se llama Love is in the air too de fondo morado y cinco corazones con alas en ese estilo tan particular del artista.

Veo claramente cuando sus pupilas se dilatan al verlo y sus labios se separan de la impresión.

Paty: Es… es un ¡¡Britto!!

Terry: Feliz 14 de febrero, nena. (Se lanza a mis brazos, con los ojos llenos de lágrimas).

Paty: Es… es… es perfecto, ¡muchas gracias!

Terry: Sabía que te iba a gustar, creo que es tu estilo, y ese sí puedes conservarlo en tu habitación, combina muy bien.

Paty: Me dijo que no lo festejaríamos, yo no tengo nada para usted. (Añade apenada).

Terry: Tú eres mi obsequio, nena, ahora vamos por esa ducha con agua tibia.

Paty: Estoy hecha polvo y usted sigue fresco como una lechuga, ¿cómo lo hace?

Terry: No entrené ni ayer ni hoy, pero es fastidioso tener que hablar y hablar con tanta gente. Anda, vamos.

Tal vez no esté cansado físicamente, pero estoy harto, pareciera que algún nervio de mi hombro está conectado con la palma de mi mano derecha, porque cada vez que tenía que saludar a alguien este me punzaba.

Hacía mucho tiempo que no tenía un día fastidioso como el de hoy.

Esta es una de las razones por las que odio la burguesía inglesa.

Después de una ducha tibia y de hacerle el amor a mi chica de forma lenta y pausada, quedamos rendidos.