El Infierno en el Paraíso 2 #2
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Terry: Yo no miento, Paty, si ese fuera el caso, no te habría ido a buscar a ti primero, ya lo hemos hablado, lo has aceptado así.

Fue un maldito día difícil, carajo, no puede ser tan complicado de entender.

(Se ha exasperado y presiona su pectoral izquierdo, no quiero provocarle más dolor, pero tampoco puedo permanecer a su lado.

Tengo que aceptar que se acostará con otras mujeres, tengo que aceptar que se exaspera fácilmente, sin embargo, ayer tuve que aceptar que me insultara de la nada, ¿vale la pena todo esto? ¿Por qué es tan difícil quererlo?).

Paty: Lo sé, lo he aceptado, yo sola me metí en esto, pero eso no significa que sea fácil, buenas noches, Sr.

Terry: ¡Paty, espera!

Paty: ¡¡No!!

Prácticamente grito para que no me toque. Permanece inmóvil, sus penetrantes ojos me atraviesan la piel, tan necesitados de mí como yo de él y, aun así, no puedo quedarme.

Una vez en mi alcoba, abrazo a mi almohada, su suave tela me ha consolado en tantas ocasiones últimamente que parece estar esperando recibir mis lágrimas, pero no quiero llorar, quiero entender, quisiera ver las cosas tan sencillas como él, tal vez mi mente alcanza a comprender el tipo de relación que he aceptado, pero mi alma no deja de estrujarse con su actitud.

Milagrosamente despierto hasta las 11 de la mañana, debí estar realmente rendida.

Al bajar a desayunar me informan que el Sr. no se encuentra, ha salido con Toretto; Frankco me comenta que seguramente fue a la isla, por lo que me preocupo de inmediato, pero él me tranquiliza, asegura haberle dado un frasco de pastillas antes de partir.

No quiero volver a verlo padecer tanto dolor, recordarlo así me parte el alma.

Frankco: ¿Se encuentra bien, señorita Paty? (Respondo afirmativamente en automático). No se ve muy convencida.

Paty: Estoy confundida, Frankco, el Sr. es…

Frankco: Complicado.

Paty: Complicado, desconcertante, irritante, dulce, tengo tantos sentimientos encontrados, que ya no sé ni quién es.

Frankco: Entiendo.

Paty: ¿De verdad? Explícame, porque yo no.

Frankco: No sabe si vale la pena o no lo que siente.

Eso es algo que solo usted podrá decidir, en ocasiones la razón es más fuerte que los sentimientos y, en otras, no hay razón lo suficientemente lógica para detenernos; cualquiera de las dos, será la correcta, siempre y cuando sea su decisión, deje de juzgarse, pero entre menos se demore será mejor, porque él ya decidió.

(Tiene razón, debo dejar de pelear conmigo misma).

Paty: Gracias, Frankco, siempre tienes las palabras correctas.

Frankco: Cuando guste, estoy para servirle.

Cansada de pensar en mí, en nosotros, tomo un libro y comienzo a leer, perdiéndome entre una historia de vampiros, no sé cuál de las historias es más complicada, si la de los vampiros o la mía…

Después de varios capítulos y de recorrer el kamasutra del lector, necesito estirarme, así que salgo a caminar por la playa en compañía de la canción de Alex Ubago, esa que me dedicó anoche, ¡la letra es preciosa!

El Sr. regresa en la tarde, pero prefiero evitarlo ya que Frankco me asegura que se encuentra bien.

Al llegar la noche me voy a mi habitación, supuse que vendría a buscarme, a pedirme que fuera a pasar la noche con él, pero no aparece, no me busca…

Escucho un ruido y me siento de golpe, asustada, en medio de la oscuridad se encuentra de pie a mi lado con la respiración acelerada, inmediatamente se arrodilla y me abraza hundiendo el rostro en mi vientre; ¡Dios!, está temblando, lo abrazo y le acaricio el cabello intentando consolarlo.

Paty: Está bien, ¡shhhhhh!, todo está bien. (Después de un buen rato, su respiración entrecortada se acompasa poco a poco).

Paty: ¿Fue una pesadilla?

Terry: No… Un mal recuerdo. (Responde atormentado, separándose lentamente, aferrándose a mi mano). Sé que no quieres verme, no debí entrar así, no quería asustarte, yo...

Paty: Está bien. (Su mirada y voz parecen desesperadas, como la de un animal acorralado).

Terry: ¿Puedo sentarme? (Asiento y se acomoda frente a mí, tomándome por la mejilla). No quiero alejarte, no quiero ser el culpable de que me dejes, tú no, nena, no podría…

Paty: Mi Sr. (Intento interrumpirlo, pero prosigue).

Terry: Prometiste que te quedarías a mi lado, pero sé que he sido un imbécil, trato, de verdad lo intento, sin embargo, cuando tengo una crisis como la del viernes, no puedo, debí decírtelo antes.

En ocasiones la intensidad del dolor simplemente explota, sin haber salido del gimnasio o haber hecho algún esfuerzo, solo aumenta en segundos y…

lo único que puedo hacer es tomar el medicamento, recostarme y aguantar hasta que pase.

Cuando la crisis es muy fuerte, cuando el dolor se vuelve insoportable, Frankco ha tenido que sedarme.

Paty: ¿Por qué no me lo dijo?

Terry: Hacía mucho no pasaba, he estado bien, al menos controlado, además, las excusas por mi maldito hombro ya deben tenerte fastidiada.

Paty: No, no diga eso, lo que usted padece no es una excusa, es algo real. ¿Cómo no me di cuenta?

Terry: Porque no quería que lo hicieras, porque no tienes por qué demonios estar soportando esto, pero sé que necesitas entender, traté de alejarme antes de que el dolor me superara, aunque ya era demasiado intenso.

(Presiona mi mano en su pecho, al tiempo que pega su frente a la mía, ¡mi Sr.!

, me angustia pensar en él pasando por esto solo).

Paty: Yo no me voy a alejar, lo quiero, y, como se lo dije antes, quiero estar en los momentos buenos y los malos. (Fuerza una sonrisa).

Terry: Ya todos los días pasas momentos malos a mi lado, tener que atenderme en las mañanas y en las noches es demasiado.

Paty: No diga eso, por favor, lo hago con gusto, lo quiero. Prométame que la siguiente vez que ocurra, me lo dirá y dejará que lo acompañe. (Se aparta un poco).

Terry: No, eso no sucederá.

Paty: Pero, Sr… (Intento convencerlo, pero se apresura a interrumpirme).

Terry: No, Paty, no tienes idea lo difícil que es admitir lo incapacitante que es esto, no quiero que me veas así.

(Pretendo hablar, pero continúa). ¡¡¡No!

!! El dolor en esas crisis es peor de lo que has visto.

Lo que tú has presenciado es gradual, las crisis son en segundos; esto me atraviesa el pecho, la espalda, son punzadas y ardor que me consumen, no puedo moverme, tengo espasmos, sudoración, he devuelto el estómago, es…

es humillante, no quiero que me veas así, no insistas, nena, no insistas.

Paty: Sr., por favor. (Añado con voz suplicante).

Terry: Te diré cuando suceda, para evitar una discusión, pero me iré solo a mi habitación y prométeme que no insistirás, porque no tengo idea de cómo demonios voy a reaccionar en ese estado.

Paty: Qué pasaría si fuera yo la que estuviera en esa situación.

Terry: Pero no lo estás. Prométemelo, no quiero volver a ofenderte, ayúdame en esto, nena.

Paty: Eso es lo que quiero hacer.

Terry: Esa es la única forma, prométemelo.

Sus ojos suplican comprensión y mi alma se desquebraja al escucharlo con esa desesperación, una lágrima rueda por mi mejilla mientras accedo a su petición.

Me envuelve entre sus fuertes brazos, presionándome contra su pecho, llenándose de mí y yo de él.

Al separarse, parece aliviado y agotado.

Terry: Creí que ya habrías decidido irte.

Paty: ¿Por qué cada vez que pasa algo, piensa que me voy a ir?

Terry: Podrías estar tranquila en cualquier lugar, sin que siempre esté pasando algo.

Paty: En todos los lugares siempre pasa algo.

Terry: Sí, pero no de este tipo.

Paty: Yo quiero estar a su lado. (Cierra los ojos e inspira profundamente, como si mis palabras lo aliviaran). Necesita descansar. (Asiente).

Terry: Sí. La verdad es que estoy agotado, no me he repuesto del todo y no he logrado descansar. (Acaricio su mejilla, no me mira a los ojos, le cuesta mucho trabajo admitir su debilidad, pero al menos lo está intentando, supongo que eso es un avance).

Paty: Vamos, vamos a que descanse. (Su mirada se clava en mis pupilas y frunce el ceño).

Terry: No quiero tu lástima, Paty.

Paty: ¿Lástima? Pero ¿cómo se le ocurre? ¿Por eso no quería decirme nada?, qué tontería, usted es un hombre capaz de provocar todos los sentimientos que existen; desde el odio y el rencor, hasta el agradecimiento y el amor, sin embargo, jamás pasaría por lástima.

Terry: Preferiría tu odio, antes que tu lástima.

Paty: No pasará ni una ni otra cosa, yo lo quiero y eso no cambiará, por más insoportable que pueda ser. Y bórrese de la cabeza que me iré, porque no se deshará de mí tan fácilmente.

Su gesto se suaviza un poco, se levanta lentamente y abrazados nos trasladamos a “nuestra habitación”. Se recuesta con cuidado, tomo la pomada sin preguntar y comienzo frotarla en su hombro, suelta un gemido de alivio, mi siempre duro Sr. Grandchester…