El Infierno en el Paraíso 2
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PATY

Sábado y yo despierta a las ocho de la mañana, maldito despertador biológico. Me quedé dormida alrededor de las tres de la madrugada y él no había llegado, es la primera vez que sale sin mí, y la primera noche que dormimos separados.

Me abrazo a mi almohada, un hueco profundo me invade el pecho; paciencia, todo el mundo me ha dicho que debo tener paciencia, incluso él, pero no puedo tenerla si no lo entiendo, cuando sé que está adolorido es comprensible, sin embargo, cuando no hay motivos es imposible, y yo no soy ni una dejada, ni una santa.

No sé cuánto tiempo permanezco en esta posición, pero el hambre me obliga a levantarme.

Al entrar a la cocina, Adele me recibe con una dulce sonrisa.

Adele: Buenos días, niña, ¿qué le apetece de desayunar?

Paty: Buenos días, no sé, algo dulce que me quite el mal sabor de boca.

Adele: Ay, mi niña, el Sr. en ocasiones es complicado, pero no es malo, y te quiere.

Paty: ¿Complicado? Es un maldito laberinto, habíamos estado muy bien, tuvimos algunas diferencias de opinión, aunque nada serio, pero lo de ayer, la forma en cómo me habló, fue demasiado despectivo.

Adele: El Sr. puede ser muy hiriente, pero seguro hoy arreglan las cosas.

Paty: No lo sé, Adele, estoy muy sentida con él, nadie me había hablado así.

Adele: Vamos, niña, con estos hot cakes que le estoy preparando con fresas, miel de abeja y un poquito de crema batida, seguro se le pasa el mal sabor de boca.

Paty: Mmmm, el coma diabético valdrá la pena. ¿Sabes a qué hora llegó?

Adele: No, niña, no me di cuenta, pero Frankco hace un rato me avisó que está en su habitación.

Después de desayunar y jugar un rato con Toretto en el jardín, mi mente no deja de dar vueltas, él, el curso en línea; él, los mil pendientes en el trabajo; él…

el siguiente fin de semana es catorce de febrero, día del amor, mercadotecnia como él le llama, ¿será que tengo que preocuparme por comprarle un obsequio o me lo aventará en la cara?

, porque ya me dejó claro que el amor no es más que un desequilibrio mental, no me ama, está claro, ¿y yo?

¿Estoy enamorada? Tal vez en su forma de ver el amor tenga un ápice de razón, lograr un armonioso equilibrio entre lo que se siente y lo que se piensa, debería hacer las cosas más sencillas y, sin embargo, no lo es… necesito pintar.

Subo a mi habitación y abro la ventana de par en par, dando paso a la claridad del día. Enciendo un incienso con olor a canela para relajarme, con música de José José y Joaquín Sabina, tomo el lienzo en blanco y me pierdo.

Tocan a la puerta, es él, el montón de estúpidas mariposas comienzan a revolotear en mi estómago y nerviosa me levanto a abrir.

Terry: Hola, hermosa. (La cálida voz, mezclada con miles de feromonas entrelazadas con Abercrombie, impecable estilo e imponente presencia, me desarman).

¿Pintando? (Asiento en respuesta). Eso pensé, ¿te he dicho que me encanta tu estilo al pintar?

(Bajo la mirada, visto solo una playera larga y un bóxer ajustado).

¿Sabes qué hora es? (Niego con la cabeza). ¿Puedo entrar a ver tu obra?

Me aparto para darle paso, no sé qué decirle, no sé si continúo enfadada o no, si me afecta más su ausencia o su presencia y no quiero saberlo, solo quiero sentirlo, sentir sus fuertes brazos alrededor de mí…

Permanece observando la pintura.

Pintura realizada por la Autora, Claudia A. Pérez R. en técnica mixta, en enero del 2012.

Terry: Interesante, ¿algún mensaje subliminal?

Paty: El mundo no gira a su alrededor, Sr. (Baja un momento la mirada, mi comentario lo ha descolocado).

Terry: Son las siete de la tarde y aún no has comido, ¿me permites invitarte a cenar a algún restaurante?

Paty: La verdad no tengo ganas de salir.

Terry: Vamos, es fin de semana, has tenido mucho trabajo, necesitas distraerte un poco.

Paty: La pintura me distrae.

Terry: Estoy seguro de eso, pero necesitas salir a tomar aire, anda, vístete.

Respiro profundamente y asiento, aunque no estoy muy segura de la decisión tomada.

Como siempre, me espera al bajar las escaleras, tan guapo e imponente mi Sr., me toma de la mano para ayudarme a bajar los últimos escalones y la besa sin apartar la mirada de mis ojos.

Terry: Estás preciosa. (El contacto de sus labios me hace tragar saliva, mi piel lo extraña más de lo que me gustaría. Le agradezco el cumplido intentando no parecer nerviosa). ¿A dónde quieres ir a cenar?

Paty: Al restaurante italiano ¿Le parece bien? (Parece agradarle la idea y Frankco le extiende las llaves de su auto).

Terry: ¿Qué te apetece beber? (Me pregunta una vez instalados en el lugar).

Paty: Una limonada natural está bien para mí.

Terry: Una copa de vino tinto y la limonada para la señorita. (Ordena amablemente al mesero. El ambiente entre nosotros es tenso, como hace mucho no lo estaba).

Terry: ¿Sabes dónde colocarás la pintura?

Paty: En mi habitación.

Terry: Me gustaría poder admirarla, ¿por qué no la colocas en los pasillos de la primera planta? Se verá bien.

Paty: Tal vez.

Respondo sin mucho entusiasmo. Me toma de la mano y con la otra chasquea los dedos.

Las luces bajan de intensidad, ¿qué es esto?

, se ilumina solo el pianista que comienza a tocar, aparece un violinista y guitarrista, las notas son suaves, las he escuchado antes, pero no sé qué canción es.

Una pareja aparece frente a los músicos...

Estar contigo, es como tocar el cielo con las manos, como el primer día en verano, como un cuento…

¡Claro!, es Estar contigo de Alex Ubago.

Lleva mi mano a sus labios, mientras su mirada cálida me llena de sensaciones el alma.

Un mesero se acerca para entregarme un ramo de hermosos tulipanes rosas e irremediablemente mis ojos se humedecen al recibirlos.

Terry: Espero que te gusten.

Paty: ¡Son hermosos!

Terry: No, nena, aquí la hermosa eres tú. (Terminamos de escuchar la canción con la mirada fija el uno en el otro. Al encenderse las luces, los huéspedes aplauden y los más cercanos nos observan curiosos).

Paty: Nos están mirando. (Señalo avergonzada).

Terry: Deben estar envidiándome, por tener el privilegio de tu compañía.

Paty: ¿Cómo puede hacer todo esto?

Terry: ¿Te gustó?

Paty: Mucho, gracias.

Terry: No me agradezcas, regálame una sonrisa, ilumina mi Paraíso, nena. (El momento ha sido mágico y me ha hecho sentir tan especial, que no puedo más que sonreír. Se acerca con la mirada azul profundo iluminada, absorbe mi aliento y mi alma, en un beso pausado). Te quiero, nena.

Paty: Y yo a usted, mi Sr.

Pedimos de cenar linguini con langosta. El ambiente se ha transformado de tenso a ridículamente meloso, con burbujas lilas en forma de corazón, su mirada es brillante y no pierde oportunidad para halagarme y decir lo mucho que me quiere.

Pareciera que tengo a dos señores Grandchester, y los dos me vuelven loca, de formas completamente opuestas, pero cuando se comporta así, tan galante y dulce, es imposible no quererlo.

Declino su invitación de continuar la velada en algún otro lugar, no dormí bien y pasé horas frente al caballete, estoy cansada, por lo que regresamos a casa. Subo las escaleras bajo su brazo, es irrisorio, pero extrañé la sensación de protección que me proporciona su contacto.

Al entrar a la habitación, me pide una pastilla, ya en el auto había comenzado a darse toquecitos en el pecho.

Paty: ¿Le pongo la pomada antes de dormir?

(Asiente con una media sonrisa. Embriagándome de su aroma le retiro la camisa, me encanta contemplar su abdomen y esa V que parece de fantasía.

Sentado frente al tocador le froto la pomada, el hombro está inflamado, debe dolerle mucho, el ceño fruncido reflejado en el espejo me lo confirma.

O yo no estaba poniendo suficiente atención o él se está volviendo un experto ocultándolo). No pensé que estuviera así.

Terry: No te preocupes, estoy bien. (Me toma de la mano para sentarme en su regazo). Te extrañé anoche. (Con una mano recorre mi espalda, mientras con la otra me toma por la mejilla y besa mi cuello, si sigue haciendo esto me voy a derretir entre sus manos… anoche... ¿Me extrañó anoche?).

Paty: ¿En dónde estuvo extrañándome? (Continúa besándome el cuello, mientras baja el cierre de mi vestido, su contacto quema, pero necesito saber). Le hice una pregunta, Sr.

Terry: Y yo no la estoy contestando, nena, solo deseo seguir saboreando tu dulce piel.

Paty: ¡¡Espere!! (Me levanto de su regazo subiendo el tirante de mi vestido, que ya comenzaba a caer). Yo estuve en mi habitación, dándole mil vueltas a las cosas, mientras no sabía, ni sé aún, en dónde estuvo, se fue con Dimitry ¿cierto? Se acostó con otra.

Terry: No es un tema del que te guste hablar, no tiene caso.

Paty: ¿Entonces fue eso lo que hizo? ¿Mientras a mí me dejó aquí?

Terry: Te pedí que saliéramos, fuiste tú la que no quiso acompañarme, dijiste claramente que me fuera y te recuerdo que nunca he dicho que dejaré de acostarme con otras.

(Sus palabras me taladran la mente y el alma, ¿qué demonios estoy haciendo?

Lo quiero, pero a veces esto me sobrepasa, yo…

necesito pensar. Me separo, caminando hacia la puerta). ¿A dónde vas?

Paty: A mi habitación.

Terry: Esta es tu habitación.

Paty: Necesito estar sola, necesito pensar.

Terry: ¿Pensar? ¿Ahora? ¿Qué carajos necesitas pensar?

Paty: Todo, todo lo que tengo que aceptar, en la noche maravillosa que me acaba de regalar, en lo que acaba de decir, es mentira que me extrañó, si lo hubiera hecho no se habría acostado con otra.