TERRY #3
Dimitry: Les presento al Sr. del Paraíso, así tienen que llamarlo “Sr.” si no quieren ser expulsadas al averno.
Ella es Wendy, mexicana. (Sensual, de piel bronceada, con una larga melena negra y ondulada que atrae la mirada, enormes y expresivos ojos oscuros gritando lo que viene a buscar, SEXO, una fina cintura y apetitosos senos).
Dayana, venezolana. (Alta, largas y perfectas piernas adornadas con una pequeña minifalda, enormes y suculentos senos, casi podía sentirlos practicándome una rusa, cabello castaño al hombro y el toque final, lentes, la imagen perfecta de la zorra secretaria de las películas porno, me gusta).
Swedhen, puertorriqueña. (Deliciosa mulata de caderas hipnotizantes, de cabello corto y rizado, labios carnosos tintados de carmín.
Sé perfectamente dónde quiero que deje huella ese color).
Con este trío de mujeres mi entrepierna y yo estamos listos para comenzar la noche.
Brindamos después de las presentaciones, tengo ganas de acabarme la botella de coñac y olvidarme del mal sabor de boca por la discusión. Una vez que un par de tragos logran relajarme, tomo a Swe por la cintura y la llevo a la pista de baile. ¡Qué manera de mover las caderas!
Disfrutando del baile me olvido de todo, incluso del dolor, por un momento todo es ritmo y sabor hasta que Swe me pide un descanso.
Al regresar al privado, Dimitry ya está con las manos sobre Wen y Daya, nunca pierde el tiempo.
Tiene sentada una chica en cada pierna, mientras él besa a una, la otra le besaba el cuello y le masajea los senos a la chica sentada frente a ella.
No puedo evitarlo, la imagen me excita y Swe lo percibe contra su firme trasero, me sorprende al reaccionar pegándose aún más para provocarme.
Nos acercamos a la mesa para tomar nuestras copas y chocarlas en un brindis por el sexo que vamos a compartir esta noche, al tiempo que observamos encenderse la sangre de nuestros amigos.
Terry: ¿Qué te gusta que te hagan, Swe? (Inquiero en su oído).
Swe: ¿Quiere que se lo diga con detalle, Sr.?
Terry: Me gusta saber qué le complace a la dama que tengo entre manos, me excita escucharlo, pero si prefieres puedo ir descubriéndolo. (Agrego mientras bajo lentamente un tirante de su blusa y beso la deliciosa piel tostada).
Swe: Me gusta el servicio completo, Sr. (Su tono sensual me provoca arrancarle la ropa de una vez por todas, pero este juego apenas comienza).
Terry: ¿Me estás dejando acceder a todas las partes de tu cuerpo?
Swe: Puede hacer conmigo lo que le plazca, Sr. (La boca de Dimitry succiona uno de los grandes senos de la venezolana).
Terry: Creo que es hora de retirarnos, a mí me gusta dar el servicio completo en mejores instalaciones. Dimitry, hora de irnos.
Las chicas se levantan acomodándose la ropa, Wen se acerca preguntando a dónde iremos mientras frota mi miembro erecto, que a estas alturas es imposible disimular.
Le aclaro que iremos a una suite, sin mayores explicaciones.
Salimos del lugar escoltados por Frankco que generalmente es muy discreto, pero en esta ocasión observo perfectamente cómo se quiere meter en el escote de Daya, y es que es imposible no voltear a verle las tetas.
Una vez que llegamos a la suite del Delux, ordeno que entren, tomándome un momento con mi jefe de seguridad.
Terry: ¿Quieres ser parte de la fiesta? Son tres.
Frankco: No, Sr., estaré vigilando. (Responde con gesto serio).
Terry: ¿Estás seguro? Sabes que yo no tengo problema al respecto.
(Confirma su respuesta, en raras ocasiones ha convivido con mis amigos y conmigo como uno más, incluso compartimos chicas, siempre guardando el debido respeto hacia mí, él acostumbra a ir al bar del Delux de vez en cuando y, aunque es alrededor de 10 años mayor que yo, nos llevamos muy bien).
Como gustes, será una noche larga, deja un par de guardias y ve a conseguirte una chica.
(Lo piensa por un momento). Anda, todo ha estado muy tranquilo, despreocúpate, necesitas relajarte un rato, disfruta del Paraíso.
Frankco: Dejaré el par de guardias y estaré al pendiente del celular por cualquier cosa que necesite, Sr.
Las tres chicas están desnudándose para entrar al jacuzzi, mientras Dimitry se sirve un trago sin apartar la mirada de sus cuerpos, y es que es un platillo demasiado suculento como para perder detalle. Me acerco a él sentándome en uno de los bancos.
Terry: Siento que estoy teniendo un déjà vu.
Dimitry: Justo eso iba a decirte.
Terry: ¿Algo qué comentar, antes de entrar en materia? (Pregunto señalando con la mirada a las chicas).
Dimitry: He seguido viendo a Nois, la abogada de tu lista. ¿Y tú? ¿Qué dice Paty de que estés aquí?
Terry: Nois es de las que saben justo lo que quieren, es buena divirtiéndose. Paty y yo discutimos, esto no le gusta, pero hace un esfuerzo por entender que el sexo es solo sexo, le dejé claro que no pienso cambiar.
Dimitry: También fui al cine y a cenar con Nois. ¿Y crees que llegue a aceptarlo del todo algún día?
Terry: Entonces te gusta Nois para algo más que solo sexo… Y espero que sí, por el bien de ambos, porque la gente no cambia.
Dimitry: A Nois le gusta este tipo de vida sexual, y nos llevamos bien fuera de la cama, así que, a ver qué pasa con ella. Y tú lo has dicho, la gente no cambia, solo que aquí los dos son gente.
Terry: Pocas veces te escucho decir palabras razonables, tienes razón, solo que yo soy más obstinado y, para ser sincero, no sé si pueda.
Dimitry: Tienes a decenas de pervertidas, ¿por qué elegir a la dulce chica? («Porque la quiero», es la primera respuesta que se me viene a la mente).
Terry: Eso mismo me pregunto yo, suficiente charla por una noche. (Nos despojamos de los zapatos y relojes).
Dimitry: Si Dereck estuviera aquí, diría que tenemos una forma muy extraña de comunicación.
Terry: Somos directos y claros, además, generalmente tenemos prisa por comenzar algo. (Aclaro, señalando con un gesto a las chicas que nos esperan.)
Al entrar al jacuzzi, Daya se acerca y la sujeto del cabello, devoro su cuello con succiones y mordiscos hasta llegar a sus enormes senos naturales, lo cual es raro encontrar en este tamaño, los disfruto mientras mi mano encuentra su entrepierna.
Mientras tanto, Dimitry se ha sentado en el jacuzzi, las chicas permanecen de pie, una a cada lado de él, con las piernas abiertas para que pueda degustarlas por turnos, mientras lame a una, juega con la mano entre los pliegues de la otra, al tiempo que estas se acarician y besan.
La habitación es todo gemidos, puedo apostar que en cuestión de segundos la temperatura del lugar ha aumentado 10° grados.
El movimiento de las caderas de Daya se acelera, no le falta mucho para llegar.
Terry: ¿Me quieres dentro? (Afirma con dificultad, detengo mi juego entre sus piernas para colocarme uno de los preservativos que se encuentran al pie del jacuzzi y de una sola estocada la siento sobre mí).
Su rostro y gemidos de placer me pierden en la dimensión de la lujuria.