Capítulo VI
—¿Dónde está Lunet? —inquirió Ektor al civil que le alcanzó un tentempié de media mañana.
Hacía rato que él trabajaba en su oficina y la mujer llevaba treinta minutos de retraso.
—No lo sé, señor.
Ektor inspiró.
—Búsquenla.
El hombre salió raudo de la habitación, pero el soldado junto a la puerta no se movió. Tras su nombramiento como emperador, unas semanas atrás, Ektor sufrió varios accidentes que el general había calificado de sospechosos. Por eso, ahora lo vigilaban todo el tiempo.
Por otro lado, pocos días antes, habían suspendido las reuniones de entrenamiento mágico. Gran parte de los recursos se abocaron a apaciguar las revueltas a lo largo de la región.
«¿Cuándo se descarriló la situación?», caviló Ektor mientras bebía un té oscuro y tibio.
En momentos como ese, el recuerdo de Viviane retornaba con fuerza. Si tan solo tuviera a alguien similar a ella… Pero cada vez disponía de menos personas en quién confiar, civiles o brujos. Y en los últimos días, incluso Lunet resultaba difícil de localizar.
Miró por la ventana hacia un punto lejano. Si…
Sacudió la cabeza y suspiró.
Unas horas después , Ektor observaba a Lunet.
Parecía dormir; sin embargo, no se movía ni despertaba.
Y apenas respiraba; él precisó un encantamiento para confirmarlo.
La hallaron así en uno de los pasillos menos frecuentados del palacio, cerca de las cocinas.
Nadie sabía cómo sucedió ni cuánto tiempo llevaba ahí.
—¿Necesita algo más, señor? —preguntó el civil que había dejado a Lunet en la cama de Ektor.
—No —respondió él—, pueden retirarse.
Cuando el guardia junto a la puerta no se movió, Ektor inspiró y agregó:
—Puedes realizar tu trabajo desde afuera.
El soldado titubeó un momento y luego recorrió la habitación de forma metódica antes de abandonarla.
Ektor se ubicó al costado del lecho e intentó un hechizo.
Probó un día y una noche, pero nada lograba despertar a Lunet. Por lo menos, su condición no parecía desmejorar. Ektor, sentado sobre el colchón, se frotó la cara. Quizás era su culpa. Si bien había aceptado el título de emperador, aún se resistía a tomar el control. Y eso permitía que los demás…
Se puso de pie.
—Si es lo que desean…
Durante una semana, encerrado en su cuarto, preparó varios sortilegios. Cuando estuvo listo, recorrió el palacio y los repartió sin que nadie lo supiese, ni siquiera el general; incluso había creado uno para él.
Los brujos convocaron a una reunión mixta al día siguiente. Sin preámbulos, anunciaron que muchos de ellos casi no podían utilizar magia. La preocupación inundaba sus rostros. A unos civiles se les escapó una risita y un hechicero los encaró de inmediato.
—Esto los afecta a ustedes también. ¿Quién mantendrá los encantamientos que sostienen la ciudad?
Ektor pidió calma.
—Sin dudas, es un asunto importante que debe resolverse —dijo después de unos minutos—. Quizás, se trate de un efecto colateral de algún sortilegio. Reanudemos las sesiones compartidas y busquemos una solución entre todos.
El general reaccionó de inmediato.
—¿Estás seguro? Tal vez, una disminución de la magia nos convenga.
—No de este modo —contestó Ektor—, debemos garantizar los servicios básicos para la población. —Se dirigió a los hechiceros—. Nos juntaremos mañana.
La reunión finalizó minutos más tarde y, con señas, Ektor le pidió al militar que permaneciera en la sala.
—Perder sus habilidades no los dañará —expresó el general apenas quedaron solos.
—Sabes que eso pronto aumentará el caos.
—Por un tiempo —concedió el hombre—, luego nos recuperaremos, como siempre.
Ektor apretó los labios.
—Tal vez. —Sacudió la cabeza—. De todas formas, tengo otra tarea para ti. —Inspiró—. ¿Notaste que algunos brujos no se presentaron?
—Sí —contestó el militar—. O no les preocupa la pérdida de su magia o no la perdieron. En lo personal, creo en la segunda opción.
—Pienso lo mismo —murmuró Ektor.
—¿Sospechas que ellos fraguaron esta situación?
«Sospecho que utilizan hechizos que desconozco», caviló Ektor. «El bloqueo debería haber funcionado en todos».
—Averigua lo que puedas —dijo en voz alta—, sin que nadie se entere.
El general inclinó la cabeza y se retiró.