El imperio mágico: Ciclo Transformación. Libro 1 (Crónicas hechiceras 4) Capítulo V
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Capítulo V

Llevaban una semana sin reuniones del consejo. Ektor manejaba los asuntos a través del general y una hechicera en la que confiaba. Dos horas atrás, habían hallado a Nimue, también muerta. En apariencia, durante una sesión de práctica; sin embargo, nadie conocía en qué trabajaba.

—Al menos, no nos traicionó —murmuró Ektor.

—Lo ignoramos —rebatió Lunet.

—Ninguno huyó a otro reino —señaló Ektor—, se les descontroló un sortilegio.

—Lunet tiene razón —manifestó el general—, quizás trabajaban para el enemigo, desconocemos los experimentos que realizaban. Resulta vital que lo averigüen. —Inspiró—. Mientras tanto, tal vez convenga tener a todos los magos en un solo lugar.

—Incitaría a una rebelión —expresó la mujer.

—La rebelión ya existe —contestó el militar.

Ektor suspiró luego gruñó:

—De acuerdo.

Lunet se giró hacia él.

—Pensé que deseabas evitar otra guerra mágica.

—Sí, y por eso debemos actuar de inmediato para que la situación no escale.

Ella apretó los labios y arrugó la nariz. Después sacudió la cabeza.

—Muchos hechiceros ya están resentidos con la limitación a los viajes —dijo.

Ektor sonrió con tristeza.

—Los civiles tampoco son felices, quizás por fin tengan algo en común.

Lunet lo miró de arriba abajo, con el ceño fruncido, pero no agregó nada.

—Necesitamos más armas y soldados para implementar la norma —informó el general.

Ektor asintió.

—Será temporal, Lunet —le prometió a la mujer.

—Mantén consejos separados —sugirió ella—. A ambos bandos les gustará. Tú puedes participar en los dos.

Ektor titubeó.

—Lo pensaré.

—Debes dar algo a cambio de lo que quitas —insistió Lunet.

—Lo sé —murmuró Ektor.

—¿Qué significa esto? —preguntó un hombre al inicio de la segunda reunión del consejo de brujos.

Ektor observó el papiro que mostraba, un edicto firmado por él poco antes, en la asamblea de civiles. Paseó la mirada por el grupo y se acomodó en su asiento.

—Creo que está bastante claro —respondió.

—¿Ahora eres Emperador ? —intervino una mujer.

Ektor sacudió la cabeza.

—Yo no lo sugerí.

—¿Tampoco te opusiste? —indagó el primer brujo y luego se dirigió al resto del grupo—. ¿Cuántas veces lo oímos negar que deseara tal cargo?

Ektor suspiró.

—La población necesita una figura central, hay mucho caos en este momento.

—Calma —pidió Howel—. Al menos, el emperador es un mago.

—Nosotros no participamos de esa decisión —continuó el brujo—. ¿Por qué él? —Miró a Ektor y entornó los ojos—. El Imperio cayó en la anarquía bajo su gestión.

Ektor se puso de pie.

—¿ Mi gestión? Cada tema se votó en las asambleas mixtas. Tal vez, si no hubieran estado peleando entre ustedes todo el tiempo, habrían prestado más atención.

—Pero no votamos este —señaló una hechicera.

Ektor se mordió la lengua mientras refrenaba los chispazos en sus manos.

—¿Quieren elegir a otra persona? —preguntó después de unos minutos.

—No —contestó Howel y cuando todos se giraron hacia él, explicó—: Ahora no es el momento. En verdad hay demasiado caos, debemos solucionar eso primero.