El hotel de las navidades imposibles CAPÍTULO 92
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CAPÍTULO 92

LA NAVIDAD IMPOSIBLE

LEO

En Nochebuena, cinco años después, la carretera está limpia.

Vera llega temprano. No la espero en la curva porque estoy en el hotel, donde quiero estar. Entra con su llave, golpea el llamador de estrella y deja la maleta junto a la puerta.

—¿Has desayunado? —pregunto.

—En el tren.

—Eso no cuenta.

Le preparo tostadas. Ella abre el portátil y yo lo cierro.

—No trabajas hoy.

—Solo iba a comprobar una cosa.

—Frase peligrosa.

La cena reúne menos huéspedes que el aniversario y más familia que el primer año. Bruna se sienta como invitada. Saúl dirige recepción. Paula llega tarde porque ha salido a caminar. Mateo sirve esfera de chocolate y funciona. Nadie lo soporta durante el resto de la noche.

En la mesa hay una silla libre. A las diez llega un conductor atrapado por una avería. Ocupa el sitio y cena sin saber que participa en una tradición.

Después caminamos con faroles al lago. No necesito encabezar. Vera no cuenta, aunque dice que somos veintinueve cuando pregunto.

Bajo el muérdago, la niña Ortega ya es adolescente y finge que todo le da vergüenza. Al pasar junto a nosotros murmura:

—Ya sabéis.

Besamos. Cinco inviernos no reducen el deseo. Lo vuelven conocedor: sé dónde colocar la mano, cómo cambia su respiración y cuándo sonríe antes de separarse.

Junto al abeto caído, nuestra placa sigue allí. «La puerta abierta. Sin obligación». La madera se ha oscurecido.

Añadimos una línea: «Con mantenimiento».

—Muy romántico —dice Vera.

—Impecable.

Regresamos detrás de Elena, que lleva el primer farol. El hotel brilla entre árboles.

La Navidad imposible nunca fue salvar un edificio en doce días ni prometer que nada cambiaría. Fue aceptar que una tradición tiene costes, que una persona puede marcharse sin abandonar y que quedarse solo importa cuando existe una puerta.

Vera entrelaza sus dedos con los míos.

—¿En qué piensas? —pregunta.

—En que llevabas medias.

—Cinco años y sigues sin aprender.

—Estoy aprendiendo.

Ella ríe. Las luces nos esperan.

Volvemos a casa.