El hotel de las navidades imposibles CAPÍTULO 91
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CAPÍTULO 91

LA FICHA NUEVA

VERA

Bruna me entrega una ficha nueva durante el desayuno.

«Vera Ferrer. Llegada: hace cinco inviernos. Salida: cuando quiera. Regreso: también».

—La anterior estaba llena de correcciones —explica.

—Podías digitalizarla.

—Podía. No quería.

En observaciones ha añadido: «Profesión: consultora hotelera. No escritora. No organizadora de bodas». Leo casi se atraganta con el café.

—¿Por qué pone eso? —pregunta.

—La gente inventa mucho —dice Bruna.

Guardo la ficha en mi bolso. La anterior permanece en el tercer cajón, gastada por mudanzas entre casas.

Después del aniversario, el hotel se vacía un poco. Los invitados marchan, las setenta luces se retiran salvo tres, que quedarán todo el invierno. Mi madre y Teresa vuelven a Valencia. Inés lleva a Elena al colegio. La vida extraordinaria regresa a horarios.

Leo y yo tenemos una semana separada. Él va a Bilbao; yo, a Lisboa para la alianza. Antes de salir, nos encontramos junto a los coches.

—¿Te llevo? —pregunta.

—Direcciones opuestas.

—Podemos dar una vuelta enorme.

—Caro.

—No supera análisis.

Nos besamos. Ninguno dice «vuelve» como una orden.

En Lisboa, entro de nuevo en el antiguo hotel. Esta vez no busco a la niña que esperaba. Me reúno con un cliente en el vestíbulo y utilizo la mesa donde hacía deberes. Al terminar, llamo a mi madre, a Nuria y a Leo.

—Estoy tomando café en nuestro sitio —digo.

—Nunca he estado —responde él.

—En el sitio antiguo.

—Ah.

—Podemos volver juntos.

—Sí.

La ficha nueva no reemplaza la vieja. Registra una etapa en la que ya no necesito que alguien deje mi salida por determinar.

Puedo elegirla y seguir siendo esperada sin que la espera se convierta en deuda.