CAPÍTULO 89
LA OFERTA FINAL
VERA
Después del aniversario, Altura ofrece comprar Ferrer Hospitalidad por segunda vez.
La propuesta no borra la marca. Ofrece adquirir cuarenta y nueve por ciento, capital de expansión y contratos garantizados. Es mucho mejor que la primera.
Nuria y Omar quieren estudiarla. Yo también.
Leo escucha sin poner cara. O casi.
—¿Qué comprarían? —pregunta.
—Crecimiento y acceso. No control formal.
—¿Formal?
—Hay formas de controlar con volumen de trabajo.
El equipo contrata asesor independiente. Negociamos límites de clientes, veto ético y opción de recompra. Durante un mes, imagino una empresa mayor. También imagino reuniones donde defender cada no ante un socio cuyo negocio depende de comprar.
No decido sola. Esa es la diferencia más difícil.
Nuria quiere capital para abrir Portugal. Omar teme perder cultura. Las dos posturas tienen cifras y deseos. Hacemos la lista del comedor privado: qué perderíamos, qué hacemos por costumbre, qué queremos conservar.
La misma herramienta que usé contra Leo vuelve hacia mí.
Descubrimos que podemos financiar crecimiento más lento con beneficios y deuda pequeña. Altura acelera cinco años, pero aumenta dependencia. Votamos. Dos a uno por rechazar la participación y aceptar un acuerdo comercial ampliado.
Yo estaba dispuesta a vender una parte. Pierdo la votación bajo reglas que yo creé.
—¿Estás enfadada? —pregunta Leo.
—Sí.
—¿Quieres que te dé la razón?
—No. Quiero que reconozcas que compartir control es horrible.
—Llevo cinco años esperando este momento.
Me sirve vino.
Al día siguiente comunico el no a Clara. Lo acepta con decepción profesional.
—Han construido una empresa capaz de contradecirla —dice—. Eso aumenta su valor.
—No haga otra oferta.
—Durante dos años.
—Tres.
—Trato.
La oferta final no termina en victoria personal. Termina con una decisión compartida que no era mi preferida y que sigo defendiendo como legítima.
Proteger una empresa de su fundadora puede ser otra forma de mantenerla viva.