CAPÍTULO 81
ESCOCIA BAJO LA LLUVIA
VERA
El viaje a Escocia ocurre en octubre, después de tres intentos de cancelación. Leo lleva impermeable nuevo y una llave inglesa en la maleta.
—¿Por qué?
—Multiherramienta.
—Facturamos equipaje por una herramienta.
—Prevención.
Nos alojamos en una posada frente a un lago. Tiene doce habitaciones, chimenea, alfombras gastadas y una propietaria que conoce a todos. Leo compara cada detalle con Los Abetos. Yo comparo precios, hasta que ambos nos prohibimos trabajar.
Caminamos bajo lluvia, comemos sopa y nos perdemos en una carretera sin cobertura. No hay emergencia. Solo mojarnos y discutir si giramos a la izquierda.
—Tu orientación es terrible —dice.
—Mi método requiere datos.
—El cartel es un dato.
—Está en gaélico.
Volvemos de noche riendo, con barro hasta las rodillas. La propietaria ha dejado toallas y whisky. No cobra el detalle por separado. Le pregunto cómo lo sostiene.
—Lo incluyo en la tarifa —responde.
No trabajar, al parecer, incluye aprender involuntariamente.
Una tarde visitamos un castillo. Leo se queda mirando una puerta restaurada con madera nueva y herrajes antiguos.
—No han fingido que nada cambió —dice.
—Tampoco han borrado lo anterior.
Compramos un pequeño llamador de latón para el apartamento. Tiene forma de estrella. Cuando lo instalemos, cualquiera podrá anunciar que entra, aunque tenga llave.
La última noche hablamos de hijos otra vez. No por retrasos ni bebés cercanos. Porque hemos prometido no dejar que la ausencia de conversación decida.
—No quiero —digo—. Al menos no una vida organizada alrededor de tenerlos. Quizá en cinco años cambie. No quiero prometerlo.
Leo mira el fuego.
—Yo creo que sí querría, en otra vida posible. En esta, contigo, puedo ser feliz sin ellos. Tengo a Elena. Tengo el hotel. Tengo proyectos.
—¿Estás renunciando por mí?
—Estoy eligiendo contigo. Si algún día se convierte en renuncia dolorosa, te lo diré.
—Y yo escucharé, aunque no cambie mi respuesta.
Nos tomamos de la mano. No hay alivio total. Hay una decisión presente y permiso para revisarla sin promesas falsas.
Escocia queda detrás con lluvia, whisky y una puerta restaurada.
Regresamos con menos certezas de las que una pareja casada debería anunciar y más honestidad de la que teníamos cuando empezamos.