El hotel de las navidades imposibles CAPÍTULO 82
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CAPÍTULO 82

LA ESTRELLA EN LA PUERTA

LEO

Instalo el llamador de Escocia en noviembre. Vera sostiene el nivel.

—Más a la izquierda.

—Está centrado.

—La puerta no.

—Eso carece de sentido.

—La percepción también cuenta.

Lo colocamos tres veces. Al final queda donde estaba al principio. Vera llama con la estrella y espera fuera.

—Tienes llave —digo.

—Quería anunciarme.

La dejo entrar con una reverencia. Trae una noticia: Ferrer Hospitalidad abrirá una línea de formación para hoteles familiares, dirigida por Nuria. Los Abetos será sede de dos programas, pagados y separados del contrato habitual.

—¿Me estás vendiendo cursos en mi propia casa?

—Con tarifa de sala negociada.

—Inés ya ha firmado, ¿verdad?

—La propiedad es flexible.

El primer programa reúne a doce dueños que repiten versiones de mi historia: padres que no delegan, hijos que no quieren heredar, hermanos que confunden acciones con afecto. Participo en una mesa sobre gobierno familiar.

—¿Cuál fue su mayor error? —pregunta alguien.

—Creer que proteger a la plantilla me daba derecho a ocultarles el riesgo.

—¿Y el segundo?

Miro a Vera al fondo.

—Pensar que quien podía marcharse no tenía motivos para quedarse.

Después, un propietario se acerca. Su hija quiere estudiar música y él espera que dirija el hotel.

—Si no vuelve, todo se perderá —dice.

—Quizá vuelva si sabe que puede irse —respondo.

No sé si lo convenzo. No necesito hacerlo para reconocer la frase.

Esa noche, el llamador suena. Es Vera, aunque ha subido conmigo.

—¿Vas a hacer esto siempre?

—Hasta que deje de divertirme.

Abro. Ella entra, deja el bolso y me besa.

La estrella no impide que use su llave. Solo convierte la llegada en un gesto que podemos elegir.

Algunas noches la oigo desde la cocina y siento el mismo salto que cuando su coche apareció en la curva.

No porque temiera que no volviera.

Porque todavía me alegra cada vez que lo hace.