CAPÍTULO 78
LA HABITACIÓN DE brUNA
LEO
Bruna anuncia su jubilación para el treinta de junio.
—Media jubilación —aclara—. Vendré en Navidad y cuando Paula me necesite.
—Eso no es jubilarse.
—Es dejar de madrugar.
Lleva treinta y cuatro años en recepción. Conoce más del hotel que cualquier sistema. Mi primer miedo es perder información. El segundo, perderla a ella.
Vera propone entrevistas grabadas, manuales y sesiones con el nuevo recepcionista. Bruna acepta si no las llamamos transferencia de conocimiento.
—Conversaciones —decide.
Durante semanas cuenta historias. Cómo mi madre sobrevivió al primer invierno; por qué la 118 no debe asignarse a personas sensibles al ruido; qué proveedor entrega aunque nieve; qué huéspedes necesitan una llamada personal. Algunas cosas entran en procesos. Otras permanecen como criterio humano.
Preparamos una habitación para su última noche como empleada. La 212. En la mesa colocamos fichas antiguas y el móvil nuevo lleno de fotografías.
—No estoy muerta —protesta.
—Por eso puedes corregir el homenaje —dice Vera.
En la fiesta, Bruna recibe un libro con mensajes de huéspedes. Los Ortega envían vídeo. Los Aguirre vienen. Martín, el pediatra, agradece la estrella azul. Mi hermana lee una tarjeta de mamá: «Bruna sabe quién entra incluso antes de que llegue».
Ella llora y nos insulta.
Al final me entrega el archivador de fichas.
—No lo tires.
—Vera quiere digitalizarlo.
—Digitaliza. No tires.
—Trato.
El nuevo recepcionista, Saúl, empieza al día siguiente. No intenta ser Bruna. Aprende nombres con una tableta y excelente memoria. La primera semana olvida reservar la furgoneta. El sistema avisa y lo corrige.
Bruna aparece el domingo «solo para tomar café» y permanece cuatro horas. Paula la expulsa con cariño.
—¿Estás bien? —me pregunta Vera.
—No me gustan las salidas.
—Esta tiene fecha de regreso.
—Lo sé.
Guardamos el archivador en la sala de memoria y una copia digital en el sistema. La habitación de Bruna vuelve a estar disponible.
Su ausencia se nota. No intentamos cubrirla fingiendo que nada cambió.
En Navidad habrá una silla para ella. No porque el hotel no pueda funcionar sin Bruna, sino porque queremos que vuelva como invitada.