CAPÍTULO 76
LA LIbrERÍA DE TERESA
LEO
La librería de Teresa tiene una escalera con ruedas y una gotera que lleva meses recogiendo en un cubo. Me pide que no la arregle.
—El propietario enviará a alguien —dice.
—Puedo verlo en diez minutos.
—Estás de vacaciones.
Vera me observa desde una mesa de novedades. Espero su apoyo.
—La avería que no arreglas —recuerda.
Me resigno.
Pasamos cuatro días en Valencia. La madre de Vera, Marina, ha llenado el piso de objetos de viajes: máscaras, textiles, fotografías. Teresa aporta libros y plantas. Las dos discuten por espacio con una ternura brusca.
—No sabía que tu madre se llamaba Marina —le digo a Vera.
—Nunca preguntaste.
—Siempre dijiste «mi madre».
—Y tú «mamá».
Hay datos básicos que la intensidad deja atrás. Esa noche hacemos un juego: veinte preguntas que una pareja casada debería saber. Fallo su primer colegio. Ella falla mi segundo apellido. Ambos acertamos cómo toma café el otro y qué miedo esconde mejor.
Marina escucha desde el sofá.
—Yo no sabía el color favorito del padre de Vera —dice—. Creía que esas cosas no importaban.
—¿Importan? —pregunta Teresa.
—Importa preguntar aunque la respuesta cambie.
Al día siguiente ayudo en la librería sin tocar la gotera. Muevo cajas, reparo una estantería con permiso y recomiendo una empresa de climatización. Vera trabaja una hora en la trastienda y después cierra el portátil.
Cenamos paella en la playa. Marina anuncia que hará un proyecto de tres meses en Grecia.
Vera deja el tenedor.
—¿Te vas?
—Viajaré cada dos semanas y volveré. Teresa vendrá parte del tiempo.
—Pensaba que habías terminado.
—Terminé de aceptar contratos que exigían desaparecer. No de trabajar.
Vera procesa la diferencia. Luego pregunta calendario, no desde el reproche, sino para saber cuándo verla.
Más tarde, paseamos solos.
—Me ha molestado —admite.
—Lo sé.
—Y me alegra.
—También.
—Es agotador que varias cosas convivan.
—Podríamos simplificar y discutir.
—Mañana.
La gotera sigue en la librería cuando nos marchamos. Teresa envía una fotografía una semana después: el técnico la ha reparado.
No era mi responsabilidad.
Eso no impide alegrarme de que ya no caiga agua sobre los libros.