CAPÍTULO 75
LA TEMPORADA BAJA
VERA
Abril trae diez días de cierre y un silencio nuevo. El hotel sin huéspedes no parece abandonado. Hay mantenimiento programado, formación y personas que se marchan de vacaciones con sueldo.
Leo y yo nos quedamos las dos primeras noches para coordinar obras. Después debemos ir a Valencia. El primer día él recorre habitaciones vacías como si esperara que alguna lo llamara.
—No hay nadie —le digo.
—Precisamente.
—¿Te gusta?
—No sé.
Apagamos plantas completas. En el vestíbulo, el tren está guardado y la chimenea fría. Comemos bocadillos en recepción. Sin personal ni huéspedes, el edificio pierde sus voces.
—Pensaba que el hotel era mi casa —dice Leo—. En realidad, mi casa era el trabajo ocurriendo dentro.
—¿Y ahora?
—Ahora el apartamento también lo es. Barcelona un poco. Tú mucho.
La frase podría pesar. No lo hace porque no me entrega la obligación de sostenerlo todo.
—Tú eres una de mis casas —respondo—. No la única.
—Lo sé.
Esa noche extendemos mantas frente a la chimenea del salón y cenamos comida de la despensa. No hay riesgo de que nadie nos interrumpa. Al principio, la ausencia de interrupción nos hace reír.
Después hacemos el amor sobre las mantas, despacio, con el edificio oscuro alrededor. Leo me pregunta si estoy bien incluso cuando sabe leerme. Yo le digo lo que quiero sin esperar que lo adivine.
Más tarde caminamos por los pasillos con linternas. En cada puerta recordamos una escena: los Ortega en la sala del personal, el auditor, Alba, la arquitecta de Altura, nuestra noche de bodas. El hotel vacío sigue lleno de rastros.
En la 212 dejamos una página nueva en el cuaderno: «Primer cierre planificado. Nadie tuvo que quedarse».
Al día siguiente, Leo entrega llaves a Paula. Nos marchamos antes de que empiecen los trabajos ruidosos.
En la carretera, él mira el hotel por el espejo hasta que desaparece.
—¿Quieres volver? —pregunto.
—Sí.
—¿Ahora?
—No.
La temporada baja no es un hueco que soportar. Es el espacio donde las personas recuperan la vida que permite volver a abrir.
Leo acelera hacia Valencia.
Yo no miro atrás.