El hotel de las navidades imposibles CAPÍTULO 74
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CAPÍTULO 74

LA NOCHE QUE NO VUELVES

LEO

Vera no vuelve un viernes de marzo.

Su tren se cancela por una huelga. Hay otro al amanecer. Me avisa a las seis, cansada.

—Puedo conducir —dice.

—Son cinco horas y has trabajado todo el día.

—Te prometí estar para la reunión con los Aguirre.

—La hacemos sin ti.

—Quería estar.

—Y yo quiero que duermas.

—No decidas por mí.

La frase activa todos nuestros mecanismos. Yo quiero insistir; ella quiere demostrar que puede. Respiro.

—Tienes razón. Decide. También escucha que me preocupa que conduzcas agotada.

Vera calla.

—Dormiré en Barcelona y tomaré el primer tren —dice al final.

—Gracias.

—No te doy las gracias por tener razón.

—No lo esperaba.

La reunión sale bien. Los Aguirre quieren transferir su inversión a un fondo para nietos. Julia prepara el cambio. A mediodía, Vera sigue sin llegar. Una avería detiene el tren.

Esta vez no espero en la carretera. Trabajo. Le envío comida a la estación mediante una aplicación, un gesto que ella califica de controlador y útil.

Llega a las cuatro. Entra en el vestíbulo con el pelo desordenado y la maleta nueva. Yo estoy hablando con un proveedor. Levanto la mano. Ella espera a que termine y después me abraza.

—No has venido a rescatarme —dice.

—He considerado un helicóptero.

—Caro.

—No superó el análisis.

Subimos. Vera duerme dos horas. Yo cierro la puerta para que nadie entre y bajo al hotel.

Por la noche cenamos con los Aguirre. Ella se disculpa por faltar. La señora Aguirre le responde:

—Volver tarde también es volver.

Vera me mira.

Después de cenar damos un paseo corto. La nieve empieza a retirarse y el camino tiene barro.

—Gracias por no convertirlo en una prueba —dice.

—¿El qué?

—Que no llegara. Antes habría pensado que fallaba nuestra vida.

—Yo habría pensado que el hotel me castigaba por salir.

—Somos agotadores.

—Mucho.

La noche que no vuelve a la hora prometida no cambia nada esencial. Sin embargo, confirma algo que ninguna ceremonia podía demostrar: podemos decepcionar una expectativa sin convertirla en abandono.

En el apartamento, su maleta queda abierta.

No la deshace hasta el día siguiente.

Ninguno pregunta si piensa quedarse.