El hotel de las navidades imposibles CAPÍTULO 72
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CAPÍTULO 72

EL BENEFICIO Y LA CULPA

LEO

Los Abetos reparte beneficios por primera vez en cinco años.

Después de reservas, inversión y deuda, queda una cantidad modesta. El consejo aprueba primas de plantilla y dividendo participativo. Mi parte personal podría pagar la mitad de lo acordado con Inés.

Debería sentir alivio. Siento culpa.

Mi madre nunca vio un ejercicio así. Trabajó más, cobró menos y murió creyendo que la reforma quizá hundiría el hotel. Disfrutar del resultado parece apropiarme de algo que ella pagó.

Se lo digo a la terapeuta. Me pregunta qué haría mi madre con el dinero. Respondo que arreglaría otra parte del edificio. Me pregunta qué decía la carta.

Esa tarde transfiero el pago a Inés, destino una parte a ahorro y compro dos billetes para un viaje con Vera. No reinvierto todo.

—¿Te sientes irresponsable? —pregunta ella.

—Mucho.

—Excelente.

—Tu apoyo emociona.

—La culpa no siempre indica que haces algo malo. A veces indica que haces algo nuevo.

Invito al equipo a revisar el reparto. Paula muestra criterios de primas: resultados, responsabilidades y horas. Bruna recibe menos que otros por su media jornada y protesta.

—He vendido más bonos —dice.

—Tu incentivo por ventas va aparte —explica Paula.

Al sumarlo, Bruna supera a Mateo. Él exige auditoría. Vera se niega porque no está contratada para disputas de ego.

—Cobras por eso —dice Mateo.

—Cobro por procesos. Tu ego no tiene arreglo presupuestado.

Celebramos con cena. Esta vez el champán se compró para la ocasión. En el brindis, nombro a mi madre sin dedicarle todo el logro.

—Ella abrió una puerta —digo—. Nosotros hemos aprendido a mantenerla entre muchos.

Después llevo a Vera a la 212. La carta está protegida bajo cristal. Junto a ella, el primer informe anual.

—Quiero crear una beca de formación para empleados —digo—. Con parte de mis dividendos, no del hotel. Cocina, idiomas, ingeniería, lo que elijan.

—Eso sí parece tu madre.

—Y mío.

—También.

La distinción importa.

Uso el resto para pagar la deuda con Inés y el viaje. Aprendo a recibir el beneficio sin convertirlo de inmediato en reparación.

Esa noche, Vera reserva un hotel en Escocia para octubre.

—¿No deberíamos quedarnos aquí? —pregunto por reflejo.

—Puedes cancelar tu parte.

—No.

—Entonces añade impermeable.

Guardo las fechas en el calendario. El dinero compra tiempo fuera, no solo paredes dentro.

Mi madre habría tenido una opinión. Ya no necesito inventarla para tomar cada decisión.