CAPÍTULO 60
EL UNIFORME PRESTADO
LEO
Mi primer proyecto con Mikel es un convento convertido en hotel. Paso cuatro días fuera y descubro que resulta mucho más fácil dar consejos sobre la calefacción de otros.
Vera se burla.
—Bienvenido a la consultoría.
—La gente no agradece que señales tuberías mal dimensionadas.
—Es un mercado cruel.
Llevo casco, portátil y una camisa que no huele a leña. Al terminar cada día, llamo a Los Abetos. Paula responde con informes breves y no solicita ayuda. El primer día me ofende. El tercero me libera.
Vera trabaja en Cantabria y coincidimos en Zaragoza el viernes. Nos encontramos en un hotel junto a la estación, ambos con maletas. Durante la cena intercambiamos historias de clientes, no como propietaria y consultora, sino como dos personas con profesiones separadas.
—Gonzalo ha rechazado a Altura —dice.
—¿Después de tu recomendación?
—Altura aceptó minoría, pero él decidió buscar inversores locales. Maite venderá una parte a empleados.
—¿Clara está furiosa?
—Dice que una auditoría que evita una mala compra también tiene valor.
—Empieza a darme miedo.
—A mí me daba desde el principio.
Subimos a la habitación. Vera me quita la camisa y encuentra una mancha de grasa.
—El uniforme dura poco.
—He revisado una bomba.
—¿La has tocado?
—Solo un poco.
—Tu terapia necesita un módulo técnico.
La atraigo. Llevamos días cansados y el deseo llega mezclado con risa. Hacemos el amor despacio. Después Vera abre el minibar y calcula cuánto cuesta una botella de agua.
—No estás trabajando —le recuerdo.
—Es un crimen.
—Bébela.
—Cuatro euros.
La abro y bebo la mitad. Ella me mira horrorizada.
—Ahora debes terminarla —digo.
—Monstruo.
Dormimos hasta las diez, una hora que ninguno habría permitido un año atrás. Desayunamos sin portátil. Paseamos junto al río. El hotel funciona y nuestras empresas también.
De regreso a Valdebruma, llevo una propuesta de mejora energética. La inversión se amortiza en siete años. Antes habría querido empezar mañana. Presento al consejo, escucho a Inés y acepto hacerlo en dos fases.
—Muy profesional —dice Vera.
—Impecable.
La primera fase reduce consumo un doce por ciento. Mikel me ofrece otro proyecto para otoño.
No respondo de inmediato. Reviso calendario con Paula y con Vera, no para pedir permiso, sino para cuidar consecuencias.
—Acepta —dice ella—. Yo estaré menos fuera esos meses.
—¿Por mí?
—Por mi empresa. Nuria asumirá más visitas. También por nosotros. Varias razones pueden convivir.
Acepto.
El uniforme prestado empieza a parecer mío. No sustituye el jersey verde ni las botas del hotel. Se añade.
Durante años creí que una vida solo podía sostenerse si elegía una única versión y la defendía sin descanso.
Vera me enseña lo contrario cada vez que abre dos puertas con el mismo llavero.