CAPÍTULO 55
LA MAÑANA SIN INFORME
VERA
El día de Navidad despierto tarde. No hay informe que entregar, coche atrapado ni llamada de Alicia. Leo duerme boca abajo, con una mano sobre mi almohada.
Me visto y bajo sola.
El vestíbulo está tranquilo. Quedan papeles, copas y ramas. Bruna duerme en un sillón; Paula ha cubierto sus piernas con una manta. La niña Alba coloca la estrella azul en el tren navideño. Su madre me agradece la habitación.
—No sé cómo pagarlo —dice.
—Ya está pagado por muchas personas que querían dejar sitio.
—Volveremos cuando podamos pagar.
—Volved cuando queráis.
La frase me sorprende en mi propia voz.
Salgo al porche con café. Mi madre se une. Durante unos minutos miramos la nieve.
—Teresa y yo vamos a vivir juntas —dice.
—¿En Valencia?
—Sí. Mantendré algunos proyectos cortos.
—¿Estás segura?
—No.
Sonríe. Es la respuesta correcta.
—Leo ha hablado de casarnos —le cuento.
—¿Y tú?
—He hablado de hablarlo.
—Muy tuyo.
—¿Te casaste con papá porque querías o porque parecía el siguiente hotel del itinerario?
La pregunta es dura. Ella la recibe.
—Quería. Después descubrí que querer no bastaba para vivir del mismo modo. Cuando se fue, decidí que depender era el error. Te enseñé esa conclusión como si fuera una ley.
—Yo la convertí en profesión.
—Y ahora puedes escribir otra.
—No soy escritora.
—Gracias a Dios. Eres insoportable corrigiendo frases.
Nos reímos.
Leo aparece con el pelo revuelto y dos tazas más. Le entrega una a mi madre sin azúcar; recuerda que ella cambió de hábito en agosto.
—¿Interrumpo? —pregunta.
—Sí —respondo—. Puedes quedarte.
Se sienta a mi lado. Mi madre vuelve dentro para despertar a Teresa.
—¿Arrepentida de anoche? —pregunta él.
—No. ¿Tú?
—Solo de no haber negociado tres horas con Paula.
—Hablo del matrimonio.
—Yo también.
Le golpeo el hombro.
—Quiero hablarlo en enero —dice—. Sin decidir la respuesta antes.
—Bien.
—Y quiero darte algo hoy.
Saca una ficha de cartulina. En la parte superior pone «Vera Ferrer». Llegada: 12 de diciembre del año anterior. Salida: «Variable». Habitación: «Donde elija». Observaciones: «Siempre dejar una puerta».
—Bruna me matará por robar esto.
—He hecho una copia.
—Naturalmente.
Guardo la ficha junto a las llaves.
La mañana sin informe no me exige una conclusión. Solo estar presente para el café, el cansancio y el vestíbulo después de la fiesta.
Resulta ser una forma bastante precisa de felicidad.