El hotel de las navidades imposibles CAPÍTULO 44
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CAPÍTULO 44

UNA HABITACIÓN PARA NADIE

LEO

Paula propone bloquearla hasta Nochebuena por si surge una incidencia. Vera calcula el coste de oportunidad y acepta. Yo sugiero convertirla después en habitación de cortesía operativa, reservada para errores, personal desplazado o emergencias.

—Un espacio que no factura —dice ella.

—Con una función medida.

—Estoy creando un monstruo.

—Tarde.

Preparamos la habitación juntos. No tiene objetos personales ni memoria familiar. Tiene dos camas convertibles, sofá, escritorio y un armario con artículos básicos. En la puerta colocamos una estrella azul, por la nota de mi madre sobre Martín.

—¿Quién era Martín? —pregunta Vera.

—No lo sé.

Bruna sí. Era un niño que visitó el hotel durante diez años y solo dormía si veía una estrella azul. Ahora es pediatra en Pamplona. Le escribimos. Responde enviando una fotografía y ofreciendo colaborar con un programa de estancias para familias con niños hospitalizados.

La habitación para nadie encuentra huéspedes antes de abrir.

Vera diseña un fondo: una parte de cada ruta premium financiará noches para familias derivadas por el hospital. Yo quiero ofrecer todo gratis. Ella insiste en límites y presupuesto.

—La generosidad sin cálculo termina cancelada cuando más se necesita —dice.

—Lo sé.

—Has respondido demasiado rápido.

—Llevo un año oyéndote.

El veintiuno llega la primera familia, no por el programa todavía, sino por una avería en su coche. Padre, madre y un niño de seis años. El pequeño ve la estrella azul y sonríe.

No cobramos la primera noche; la cubre el fondo piloto. Documentamos el motivo. Vera registra el coste. Ninguno siente que medir reduzca el gesto.

Esa tarde, Inés propone nombrar el programa «La habitación de Elena» por nuestra madre. Yo rechazo por impulso. Después miro a mi hermana.

—¿Tú quieres?

—Quiero que su nombre sirva para algo que no nos obligue a vivir como ella.

Acepto.

En la placa escribimos: «Habitación Elena. Siempre hay sitio para volver a empezar».

Vera pasa los dedos por las letras.

—¿Demasiado sentimental? —pregunto.

—Muchísimo.

—Podemos cambiarlo.

—Ni se te ocurra.

Por la noche recibimos un correo de Martín: hará la primera aportación y visitará el hotel en febrero.

Vera y yo nos tumbamos en la cama de la 307 para probar el colchón.

—Auditoría —dice.

—Naturalmente.

—No puede pasar nada aquí. Es una habitación operativa.

—Horario no laboral.

—Leo.

La beso. Ella intenta mantener seriedad y fracasa.

No hacemos el amor. Permanecemos vestidos, tomados de la mano, bajo una estrella azul destinada a un niño que ya creció.

Una habitación vacía puede ser pérdida, reserva o promesa.

Depende de si uno ha decidido para qué deja sitio.