El hotel de las navidades imposibles CAPÍTULO 39
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CAPÍTULO 39

LA RESERVA SIN NOMbrE

VERA

Al día siguiente del aniversario, aparece una reserva que bloquea las ocho habitaciones del ala este durante cuatro noches. El cliente figura como Horizonte Eventos y ha pagado la tarifa completa sin negociar.

—Sospechoso —dice Leo.

—Rentable —corrijo.

—Nadie paga tarifa completa en diciembre sin pedir al menos fruta cortada.

Paula confirma que el grupo solicita privacidad, sala cerrada y acceso a documentos históricos del hotel. Eso último cambia mi opinión.

Julia investiga la sociedad. Pertenece a Altura Collection.

—Pueden alojarse como huéspedes —dice—. No podéis discriminar. Pero limitad el acceso a zonas privadas y documentad cualquier solicitud.

Leo quiere cancelar. Inés y yo nos oponemos. Altura no tiene oferta vigente ni derecho sobre nosotros. Convertir su presencia en una amenaza les daría poder antes de saber qué buscan.

El grupo llega el catorce: cuatro ejecutivos, dos arquitectos y Clara Montes, la directora de adquisiciones que firmó las ofertas. Lleva un abrigo camel, una sonrisa impecable y ningún equipaje visible.

—Señor Valdés —dice a Leo—. Por fin nos conocemos.

—Ya conocía sus cifras.

—Y yo las suyas.

Vera del año anterior habría admirado el golpe. Vera actual quisiera pisarle la bota a Leo.

Clara me reconoce por la revista.

—La consultora romántica.

—La consultora independiente.

—Lumen habla muy bien de usted.

—Ya no trabajo allí.

—Precisamente.

Durante la cena, el grupo observa operaciones y hace preguntas a empleados. Paula corta con elegancia las que exceden el servicio. Mateo sirve el menú sin escupir en ningún plato, un triunfo de gestión.

Clara pide verme a solas.

—Altura quiere contratar Ferrer Hospitalidad —dice en el salón.

Me ofrece auditar tres hoteles que planean comprar. Honorarios cuatro veces superiores a mi mayor contrato. Acceso a un equipo y posibilidad de dirigir la integración.

—¿Por qué yo?

—Porque comprende lo que hace valioso a un hotel independiente sin confundir valor con inmovilidad. Los Abetos no está en el paquete.

—Su presencia aquí indica otra cosa.

—Estamos celebrando una reunión estratégica. Queríamos conocer el producto que rechazó nuestra oferta.

—No mezclo clientes con objetivos de adquisición.

—Puede imponer esa condición.

La propuesta es profesionalmente tentadora. Podría ampliar mi empresa, contratar y demostrar que no dependo de Los Abetos. También podría convertirme en una versión amable del comprador que intento vigilar.

—Necesito documentación —digo.

—Se la enviaré.

No acepto. Tampoco rechazo por reflejo.

Cuando se lo cuento a Leo, su primera reacción aparece en la mandíbula. La segunda es la que dice.

—¿Quieres hacerlo?

—No lo sé.

—¿Qué necesitarías para decidir?

—Ver contratos, límites, hoteles. Saber si puedo proteger independencia.

—Entonces míralo.

—¿No vas a decir que Altura intenta comprarme?

—Lo he pensado.

—Muy alto.

—Y después he recordado la regla.

Me toma la mano donde llevo el anillo.

—No eres una extensión de mi guerra.

Lo beso.

La reserva sin nombre ya tiene intención. Todavía no sabemos si es una trampa, una oportunidad o ambas.

Esta vez no necesito decidir antes de entender.